"La vida es un montón de insignificantes e irónicas ruinas."

(Pier Paolo Pasolini)

Sábado, 02 Junio 2012 20:13

Una casa de locos

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Llegué decidido a la casa, aquella mansión en las afueras, medio demolida por los años de abandono. Trepé por la oxidada verja y crucé el jardín, el cual los años habían deformado hasta convertirlo en una jungla. Pasé a través de los hierbajos, abriéndome sangrientas heridas en las piernas. Pero no me iba a detener por unos rasguños, había venido allí por algo y no me marcharía hasta dejar claro qué diablos pasaba en aquella maldita casa en la que, en menos de un mes ya habían desaparecido más de veinte personas. Y eso solo las desapariciones denunciadas, si nuestros cálculos eran ciertos, contando a mendigos y gente sin familia, en aquél hogar del demonio se habían esfumado ya unas treinta y pocas personas. Y todo aquél que entraba en esa mansión para investigar las desapariciones se sumaba a la lista de al día siguiente. Pero a mí no me iba a pasar eso, al fin y al cavo, a mi me mandaban “ellos”. La puerta estaba oxidada y no abría bien, así que tuve que usar un hierro de los muchos que había en el suelo como palanca para forzarla.

No fue hasta que entré por la puerta principal que comenzaron a susurrar las voces. Algunas no eran más que meros murmullos agonizantes, apenas audibles para el oído humano, pero había otros que eran gritos de terror y locura, e incluso algunas voces llegaban a pronunciar palabras audibles, pero profundamente perturbadoras. Me detuve en mitad del pasillo y miré a mi alrededor, tratando de separar las distintas voces y saber de donde venían exactamente con la mayor frialdad posible. Por supuesto aquello no era nuevo para mí, ni mucho menos para este mundo.

 

***

 

No es ningún secreto que la raza humana no ha sido la primera especie inteligente en dominar el planeta Tierra, incluso podríamos decir que somos los más necios de todas esas arcanas y fabulosas especies. Pero lo peor no es lo que viene de dentro, sino el peligro que acecha fuera. A lo largo de la historia humana, y de la anterior a la humanidad, miles de terribles criaturas han descendido a este mundo desde rincones insospechados de la realidad. Seres más antiguos que el tiempo con poder para aplastar a todo ser viviente en este planeta. Y esos solo los que se hacen llamar los “Anclados”, pues más allá de este universo y de todas las dimensiones que lo rodean es donde residen los terribles Dioses Ajenos, más antiguos que los muros que separan nuestras dimensiones, y por tanto, lo bastante poderosos como para pasar a través de ellos como si nada. No era nada de extrañar que todas esas irrupciones en nuestro mundo hayan dejado huella, se han escrito pergaminos, profecías, leyendas y cuentos de hadas que se basan plenamente en esas invasiones. Como tampoco faltaron aquellos que, en su afán por defender su tierra de esas criaturas, fundaron órdenes, sectas, sociedades consagradas únicamente en mantener alejados a esos seres de este mundo, como también alejados de la prensa y el dominio público. Y de allí es de donde venía yo. Trabajaba para una sociedad que vivía entre sombras. Apenas veía a mis superiores y estos ni siquiera sabían que aspecto tenían sus jefes, muchos incluso dudaban de la humanidad de los máximos dirigentes. Pero no nos pagaban para hacer preguntas. Ahora que lo pienso, creo que después de lo que me llegó a pasar, no nos pagaban, ni por asomo, suficiente.

 

***

 

Entré silenciosamente en una habitación que antiguamente había sido un elegante salón, con su butaca, sus estanterías, incuso la típica chimenea. De allí venía la voz más cercana, de algo que estaba sentado en la raída butaca. Saqué el arma, corrí hacia ese sillón y lo giré de una patada mientras apuntaba a lo que fuese que se hubiera instalado en esa mansión. Por raro que suene, lo que más me sorprendió fue precisamente que aquello que había allí sentado era un ser humano, o lo que quedaba de él. Era un hombre de mediana estatura, con un problema obvio de desnutrición, estaba claro que llevaba allí desde hacía semanas. Estaba abrazado a sus rodillas, con la mirada perdida en el techo y los ojos muy abiertos. Y no paraba de balancearse mientras susurraba, una y otra vez <<si parpadeas, morirás; si parpadeas, morirás; si parpadeas, morirás>> Traté de hablar con él pero fue inútil, ese pobre hombre no sabía ni donde estaba. ¿A qué demonios me enfrentaba? Se supone que unas esencias descarriadas habían entrado en la casa y estaban haciendo de las suyas. Pero esto no era, de ningún modo, obra de una esencia, en aquella casa se respiraba algo mucho más maligno y vil. Decidido a descubrir qué era, regresé al pasillo y subí las escaleras. Al final del pasillo superior había una gran ventana que ocupaba toda la pared. Me acerqué lentamente a ella y eché una ojeada al jardín. Entre las brumas y los hierbajos, había alguien que me observaba. Era un hombre, envuelto en una capa negra y con una chistera en la cabeza y apoyado sobre un bastón con un pomo de oro. Me miraba fijamente y me sonreía mientras con la mano libre se mesaba su perfectamente engomado bigote, esos ojos fríos como dagas me atacaban a los nervios y, por alguna razón, me llenaban de un terror primario, un miedo escondido en los genes humanos desde que nuestro antepasados salieron del mar. Al verse descubierto, se puso la mano en la cabeza, se quitó el sombrero y me saludó en un gesto cortés antes de desaparecer en la siguiente brisa. No tuve tiempo de formular ni una pregunta cuando el cristal de la ventana se agrietó, así, sin más, una enorme grieta que nacía en el centro de la ventana y crecía por toda ella. Quise marcharme, peor al darme la vuelta fue cuando comenzó el horror. Ante mí estaba de nuevo aquél hombre, en la salida de la escalera, a pocos pasos de donde estaba yo, me miraba con una sonrisa tan cortés que no era natural en absoluto. Y esos dientes, tan rectos, blancos y perfectos, demasiado perfectos para ningún humano.

- No querrá irse tan pronto, ¿verdad señor Philips?

- ¿Quién es usted?

- Oh, nadie. Yo no existo -. Entonces desapareció frente a mis narices, aunque su voz seguía siendo perfectamente audible. – Y sin embargo estoy en todas partes, aunque de entre todos los rincones de la realidad, esta casa me gusta muchísimo. Es normal que la defienda de los indeseables.

El sonido de cristales rotos me hizo volverme de nuevo hacia la ventana. Donde lo volví a ver en el alféizar, rodeado de pedazos de ventana que se esparcían por todo el pasillo. Traté de cubrirme la cara con el brazo, que pronto quedó desgarrado por cientos de cristales. Esto estaba mucho más allá de mis capacidades, esto no era una criatura sobrenatural, eso era un dios en toda regla, ni siquiera estaba seguro de que fuese un dios anclado, demasiado vil, demasiado poderoso.

Me di la vuelta y eché a correr como nunca he corrido. El terror me impedía pensar con claridad, el terror y algo más, algo en la fría mirada de ese hombre había revuelto toda mi mente, estaba realmente confuso, a penas conseguía orientarme. Bajé corriendo las escaleras y me lancé sobre la puerta principal, la abrí y ¿Pero qué…? Estaba ni más ni menos que en la entrada del pasillo de arriba, frente a una ventana que ahora estaba intacta. Repetí el proceso una y otra vez, pero cada puerta que cruzaba me devolvía al mismo sitio. ¡No, me negaba a terminar así, no podía! Busqué desesperadamente otra salida, pero no hallé ninguna. Ninguna salvo… pero no podía, me mataría.

<<Vamos, hazlo, salta>> La voz del hombre penetraba en mis ideas y me inducía a obedecerle. ¿Cómo puede tener una criatura tal poder de persuasión?

Cogiendo carrerilla, salté contra el cristal, que se rompió de nuevo en mil pedazos. Pero justo antes de romperse este, escuché el grito más escalofriante, desquiciado y perturbador que jamás he oído, y lo peor de todo es que se trataba de un grito de triunfo, y que la sonriente imagen de aquél ser que pretendía ser un hombre se dibujó inmensa en la ventana. Lo siguiente fue como una secuencia a cámara lenta, veía el letal golpe acercarse más, y más hasta que…

Desperté empapado en sudor frío. Revisé a mi alrededor, era ni más ni menos que mi habitación. Y a mi lado, dormía de espaldas mi querida Marta.

-          Cariño, ¿estás despierta? he tenido una pesadilla horrible. Yo era una especie de agente secreto y entraba en una casa abandonada y… oh, ha sido espantoso. Menos mal que sólo era una pesadilla. Y suerte que te tengo a ti para librarme de todos esos sueños. Me acerqué para abrazarla, pero esta se volteó bruscamente,

- ¡Eh! ¡Esas confianzas! Nos acabamos de conocer señor Philips.

Esto no podía estar pasando… su cara… era ese hombre otra vez, la misma enigmática sonrisa, el mismo bigote engomado, los mismos ojos perturbadores. Incluso el mismo sombrero de copa. Lo único que había cambiado era el blusón de mujer que llevaba puesto.

- ¡¿Qué has hecho con ella?!

- ¿Qué te pasa? ¿Acaso estas ciego? Mira bien, estúpido.

Me levanté bruscamente de la cama, y allí estaba ella, clavada en la pared, con cuatro repugnantes clavos ensangrentados fijándola de pies y manos, aún con la mirada de dolor desgarrado en la mirada.

No, esto no podía ser real, no era más que un truco, sí, como el de las habitaciones. Salté de la cama, pero el hombre ya se había esfumado. Me acerqué a ella empañado en lágrimas, esto no podía ser real, tenía que encontrar a ese bastardo y hacerle pagar. Me dirigí a la cocina, ciego de ira mientras de las paredes salían  mil voces que en realidad eran siempre la misma, la de ese desgraciado burlándose de mí. Al llegar a la cocina sucedió lo más extraño de todo. Allí delante había tres figuras que representaban hombres sin pelo, totalmente de color negro y insanamente flacos, en lugar de cara tenían dos huecos que hacían de ojos y uno debajo que hacía de algo similar a una boca, el más alto sostenía un martillo en una mano y un clavo oxidado en al otra. Los tres seres me miraros y avanzaron hacia mí, rodeándome. ¿Qué era todo eso? No podía aguantarlo, esto ya llegaba al surrealismo. Instintivamente, agarré un cuchillo de cocina y comencé a dar tajos torpes a mi alrededor. Poco a poco, mi mente se iba nublando, esos seres no retrocedían y ya se cernían sobre mí mientras detrás de ellos, aparecía ese hombre caminando hacia mí mientras se apoyaba sobre su bastón para no caer al suelo de la risa. Yo pegaba manotazos como podía, me iban a matar, me clavarían en la pared y me matarían… no… ¡NO!

 

-Eh, eh, tranquilo, Richy. Parece que has tenido una noche agitada.

La sincera sonrisa de un hombre con una bata blanca me recibió con gesto tranquilizador, claro que sí. Al fin y al cavo, el doctor Murray era mi amigo, no había porqué hacerle daño.

- Hola doctor, he tenido una pesadilla.

-Y muy grave, tuvimos que atarte a la cama para que no te hicieras daño.

Sí, atarme a la… espera ¿qué demonios? Miré la sala donde estaba. Las paredes blancas y acolchadas, los barrotes en la ventana… no… no podía ser un…

- ¿Qué hago aquí? ¡Yo no estoy loco! El hombre…

-  Oh, por favor, no empieces otra vez. Ya lo hablamos: No hay ningún hombre vestido de gala ni ninguna criatura del más allá. Y tú no eres un agente secreto. ¿Recuerdas tu charla con el doctor Steward?

- ¿El… doctor Steward?

El hombre de la bata suspiró.

- Lo llamaré, a ver si puede hablar con tigo, no me gustaría tener que subirte las dosis otra vez.

Esperé un buen rato sentado en la cama, hasta que de pronto, escuché una voz terriblemente familiar.

- Oh, vamos, Richard, no hay razón para esos ataques. Yo sólo quiero volverte loco para después poder apoderarme de tu desequilibrada mente y volverte mi esclavo. No hay nada de malo. Creo que es un precio justo por allanar la propiedad de otros, ¿no crees?

Lo vi avanzar por el pasillo, un médico con una bata blanca manchada de sangre, con una placa en la que decía “dr. Steward”. El hombre me dedicaba una falsa sonrisa mientras se acariciaba su engomado bigote con dos dedos.

- Tú… ¡Tú! ¡Te mato! ¡TE MATO!

Salté sobre el falso doctor, le arranqué un bolígrafo del bolsillo y comencé a apuñalarlo, una, y otra, y otra vez. Pero ese bastardo no se moría, solo reía, reía a carcajadas, ese loco se divertía con mi sufrimiento y yo ni siquiera podía hacerle pagar. Hicieron falta tres enfermeros para separarme de él mientras yo gritaba como un perturbado.

Uno de los médicos sacó entonces una jeringuilla con un contenido misterioso. En una fracción de segundo, vi como, aún en el suelo, el supuesto doctor Steward miraba fijamente la jeringuilla con una sonrisa homicida, aún peor que la habitual. Ese simple gesto me quitó el aliento.

- No… ¡NO! ¡Parad! ¡Le ha hecho algo a la jeringuilla! ¿Qué diablos le has metido?

- Tranquilo, esto es para que puedas dormir bien.

Sentí la fría aguja entrar en mi carne  y el misterioso veneno penetrar lentamente en mi cuerpo. Después de eso… oscuridad.

 

Desperté de nuevo, esta vez era una sala sucia y oscura. Y no había cama alguna. De hecho, pronto vi que estaba arado de pies y manos por unos fuertes grilletes. Mi pánico iba en aumento cuando escuché la voz que me hablaba desde todas direcciones.

- ¿No lo has entendido? Ahora eres mío. No tienes forma alguna de saber qué es real y qué no. Tú percepción del mundo está bajo mi voluntad. No importa qué hagas, ya no puedes hacer nada. Me perteneces.

- Pero, ¿quién eres? ¡QUÉ CLASE DE SER ERES TÚ!

- Oh, yo no tengo nombre, es curioso como muchos de los míos ni siquiera tienen un nombre propio, como ese imbécil del duende. Eso es porqué nosotros nacimos mucho antes de que algo tan vulgar como los nombres comenzase a ser usado. Aunque sí he recibido muchas denominaciones diferentes a lo largo de la historia. En la Edad Media, en Europa se me conocía con el nombre de Mefistófeles. Aunque hoy en día, cerca de Nova Orleans, se me conoce como El Barón de Samedi. Y aún tengo muchos más.

La figura del hombre de gala apareció frente a mí.

- Y en lo que a ti respecta, voy a darte una lección de respeto. La gente normal no va por allí apuñalando a la gente con bolígrafos. Eso es muy grosero.

No hizo más que alzar la mirada y un torrente de las imágenes más grotescas y horribles pasó como un rayo por mi mente. Eran visiones horribles de tiempos pasados y futuros. Gente siendo torturada y despedazada, gente bañándose en la sangre de aquellos a quien había desmembrado previamente, seres grotescos venidos de los rincones más escondidos del universo y miles de ilusiones igualmente horrendas. Todas esas imágenes quedaron gravadas a fuego en lo más hondo de mi cerebro. El simple recuerdo de una de ellas ya hacía que mis ojos se secaran y que la cabeza me doliera como mil demonios.

 

Entonces desperté de nuevo, no en mi casa, ni en un manicomio. Esta vez era en la casa abandonada. ¿Había vuelto ya a la realidad?

- ¿Y quién te ha dicho que esto sea la realidad? Yo nunca suelto a una presa cuando ya la tengo bien atada y sometida. ¿Qué te hace pensar que esto no es otra ilusión? Ya te tengo, muy pronto habrás perdido completamente el juicio, y cuando mueras, te unirás a mis hordas de desquiciados. Recorrerás el universo allá donde yo vaya, como un ser oscuro y sin rostro, buscando y enloqueciendo a más y más gente como tú. Ya sabes, la curiosidad mató al gato, y creo que con tigo hará algo mucho peor que matarte. Me temo que lo tuyo será un tormento eterno.

 Se oyó un chasquido y el papel de las paredes se resquebrajó en largas hendiduras que sangraban a borbotones, inundando todo el pasillo a mi alrededor. Era cierto, no podía confiar en nada. En cualquier momento todo podía cambiar en otro sueño dantesco. Ahora soy suyo y nada importa lo que haga, las alucinaciones volverán, ya sea en un segundo o en mil años, ni siquiera puedo estar seguro del paso del tiempo, en el mundo dentro de mi mente, Él es el único dios… no puedo confiar en nada, nada es real, nada existe; nada es real, nada existe; nada es real, nada existe…

***

Un remolino de polvo negro se creó en el pasillo superior de la casa y comenzó a girar hasta que adoptó la forma de un hombre alto, completamente vestido de negro. Con una capa y una chistera de gala como los de antaño, y que caminaba agarrado a un bastón con un pomo de oro mientras con la otra mano se acariciaba su engomado bigote.

Ese ser que pretendía ser un hombre se acercó al despojo humano que había en el suelo y observó con su malévola sonrisa lo que pronto sería uno más de su loca horda.

El cuerpo que el barón tenía ante él no era sino un hombre desgarbado, con evidentes problemas de desnutrición, varios mechones de su largo cabello habían caído o simplemente habían sido arrancados por él mismo, y de sus morados labios emanaban asquerosos espumarajos de saliva. Ahora se retorcía delirante en postura fetal, mientras repetía, una y otra vez: <<Nada es real, nada existe;  nada es real, nada existe; nada es real, nada existe; nada es real, nada existe; nada es real, nada existe; nada es real, nada existe…>>

 

Leído 727 veces Modificado por última vez el Sábado, 02 Junio 2012 20:18

5 comentarios

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Sábado, 02 Junio 2012 23:47 publicado por Alice_abysm

    WOW!! que relato, sencillamente genial, esa nueva criatura seria una presa digna para un episodio de supernatural, no se porque al leerlo, me recordó a esa serie. Estupendo, ya veo que vas uniendo todas las criaturas entre ellas, y haciendo referencias en diferentes relatos aunque sea nombrarlos. Excelente relato y espeluznante de principio a fin.

  • Enlace al Comentario Andrew Ryan Domingo, 03 Junio 2012 04:13 publicado por Andrew Ryan

    Otra vez impresionante, todas las veces que escribes me dejas igual, con la boca abierta.
    Me ha gustado mucho, esa tensión, la casa de brujas y ese juego psicológico. Últimamente en esta web reboza XD me encanta.
    Mis felicitaciones

  • Enlace al Comentario Blacknordok Domingo, 03 Junio 2012 09:51 publicado por Blacknordok

    Gracias a ambos por leer y comentar :D
    Y sí, Alice tiene razón en que suelo hacer referencias a otros seres o "dioses" en relatos aunque no aparezcan explícitamente. Eso es porque es mi forma de dar a entender que, aunque mis relatos puedan no tener demasiado que ver entre ellos, (algunos pasan en épocas y sitios completamente opuestos) todos ellos se desarrollan en el mismo "universo". Incluso el mundo de Zac el nigromante está gobernado por un dios al que de hecho ya nombré en un escrito mío, pero que no aparecerá hasta el final.
    Aquí os lo dejo para que no podáis dormir preguntándoos quién será XD

  • Enlace al Comentario Trysha Domingo, 03 Junio 2012 14:38 publicado por Trysha

    yo lo leí anoche pero no sé porque no me salen los comentarios... y me doy cuenta que me pasa a mi solita jajajaj...
    me encanto....
    yo tengo una frase tuya que dice, el poeta es un dios... el poeta soy yo...
    no lo olvido poderoso poeta.

  • Enlace al Comentario Blacknordok Domingo, 03 Junio 2012 14:43 publicado por Blacknordok

    Gracias Try pero el Poeta somos todos, todos los que escribimos nos convertimos en dioses de nuestro propio mundo, no soy sólo yo.
    Gracias por comentar

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