"El día peor empleado es aquél en que no se ha reído"

(Chamfort)

Miércoles, 09 Enero 2013 20:05

El príncipe de los dementes

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Sería abusar de la inocencia de mis lectores si afirmase que lo que aconteció en aquella habitación una noche lluviosa de noviembre fue lo más espantoso que se ha visto nunca en la macabra ciudad de Hermance (aún teniendo en cuenta que dichos acontecimientos fueron algo realmente horrible). Pero sí puedo asegurar con total certeza que sucesos así no se dan todos los días, ya sea por lo dantesco de la escena o bien por la relevancia cósmica de uno de los involucrados.

 

No fue culpa de Josh, ni tampoco de Andrew. En realidad la culpa no fue de nadie, ni siquiera del causante de todo, quien sólo cumplía con su cometido. Se podría decir que el par de estudiantes tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado en el momento menos indicado, fue el azar quien decidió que hallaran su funesto destino. Sería cruel culpar a alguno de ellos después de lo que sucedió.

 

Ellos no hacían nada malo (cosa que es digna de reconocimiento teniendo en cuenta la ciudad donde vivían y su fama). No estaban haciendo ningún ritual de ocultismo, nunca se habían interesado por los fenómenos misteriosos tan habituales en Hermance, eran chicos corrientes estudiando para un examen corriente (ni siquiera era un examen de mayor relevancia, un simple examen trimestral) . Cómo buenos amigos que eran, habían quedado ambos en casa de Andrew para estudiar juntos. A pesar de que los padres del joven estaban de viaje, ninguno sintió la tentación de hacer nada especial (cabe decir que la fuerte lluvia no daba muchas ganas de fiesta). Simplemente estudiaban en la habitación de Andrew bajo la única luz de una lámpara de mesa, dejando algunas esquinas de la estancia en la penumbra, y las más alejadas en la oscuridad total. Estudiaban con tal empeño que parecía que nada pudiera perturbar su concentración.

Ni el relámpago que iluminó toda la habitación cómo si en plena mañana se encontrasen; ni el fortísimo trueno que lo siguió, cuyo rugido hizo estremecer los ladrillos de la casa; nada de eso logró estorbar el estudio de los muchachos.

Pero entonces, Josh levantó la cabeza de golpe, no era el reluciente relámpago ni el feroz trueno lo que le había llamado la atención, había algo más… algo estaba mal.

Sintió un gélido escalofrío que le recorrió desde la base de la columna hasta la nuca, erizando los pelos que allí tenía. Algo los observaba, sentía una fría y malévola mirada clavándose fijamente en él. Miró a su alrededor, pero no logró encontrar al dueño de aquella perversa mirada. Decidió no darle importancia y seguir estudiando. Pero ya no podría volver a concentrarse, quien fuera el que lo miraba lo había conseguido perturbar, había caído en su hechizadora mirada, sin duda quien lo espiaba debía poseer una temible mente enferma y retorcida. Josh comenzó a temblar hasta que no pudo resistir más el impulso y volvió a incorporarse para mirar. No veía nada hasta que… lo descubrió. Al otro lado de la ventana cerrada, clavando en él sus depravados ojos (dos gemas negras cómo el azabache) casi podía percibir una sonrisa burlona mientras lo contemplaba sin hacer el menor esfuerzo por ocultar su presencia. Andrew se percató del nerviosismo de su amigo y lo miró con cara de aburrimiento.

- ¿Pasa algo, Josh?

­- Hay un cuervo en la ventana.

- ¿Y?

- Nada, sólo que me está mirando… y me molesta.

- Es solo un maldito pájaro, déjalo estar y se irá.

- Es que no puedo concentrarme sabiendo que está allí, mirándome.

- ¡Joder, mira que eres pesado! – Andrew se levantó, fue hacia  la ventana y corrió la cortina -. Ya está ¿mejor?

- Supongo.

Siguieron estudiando, pero Josh no podía sacarse al pájaro de la cabeza. Fingió que no le importaba, pero era evidente que, a pesar de estar echada la cortina, podía sentir que el malvado cuervo seguía allí, mirándolo fijamente, viéndolo. Un nuevo relámpago alumbró la habitación a través de la cortina, pero esta vez, la espeluznante sombra del cuervo quedó proyectada en la pared de la habitación durante un instante. Aquello sobresaltó enormemente a Josh, que tuvo que reprimir un grito.

- ¡Ya está bien! Voy a espantar a ese bicho a ver si te calmas.

Andrew caminó medio enfadado hacia la ventana, quitó la cortina de golpe y allí lo encontró, mirándolo fijamente. Ahora que estaba cara a cara con la fuente de los temores de Josh comprendía un poco a su amigo.

- Dios, creo que ya entiendo porque te asusta tanto, la mirada de este pajarraco se te clava como un chuchillo, que canguelo.

Abrió la ventana dispuesto a agitar las manos y espantar al cuervo, pero tan pronto cómo levantó el cristal, el oscuro ave entró revoloteando a la habitación y se posó en lo alto de una estantería, justo entre dos libros. Desde las alturas y con la iluminación de la lámpara, el misterioso cuervo tenía una apariencia majestuosa y temible.

- ¡Andrew, ha entrado!

­- ¡Ya lo sé, cálmate! Es sólo un puto pájaro.

Andrew le lanzó un lapicero al cuervo, pero éste lo esquivó de un salto y de una patada con sus finas patas le devolvió el proyectil al lanzador, antes de soltar un fuerte graznido. Pero no se movió del lugar.

- ¡Dios! ¿Has visto eso?

- Tranquilo Josh, tampoco es nada del otro mundo. Ni siquiera me ha dado.

Andrew se acercó a la estantería con la intención de zarandearla y así espantar al ave. Pero el visitante ni se inmutó.

- Bueno, habrá que esperar a que el pajarraco se marche por si mismo.

- ¿Te crees que podré estudiar tranquilo con esa cosa mirándome de cerca?

- ¡Es sólo un pájaro!

- ¡Pero míralo! Es obvio que nos está vigilando, algo esconde. Me da escalofríos es cómo… cómo si fuese casi humano… parece que en cualquier momento vaya a hablar.

- Uy sí, dirá “Nunca más, nunca más”, no te jode.

- Lo digo en serio Andrew.

- Sólo es un maldito cuervo, ni hablan ni espían. Ya se irá.

Pero en el fondo, el mismo Andrew se sentía inquieto, pues él también había caído en el angustioso hechizo que parecía poseer la oscura mirada del cuervo. Aunque quería aparentar calma para tranquilizar a su amigo, más de una vez se sintió temblando y girándose hacia el misterioso visitante, que seguía posado en lo alto de la estantería, con la altivez de un conde o un marqués medievales. Finalmente, Josh no pudo soportarlo más (cabe decir que era sólo cuestión de tiempo), golpeó con fuerza el escritorio y se levantó en seco.

- ¡Hay que matar al cuervo!

­- ¡¿Pero qué dices?! ¡No vas a dejar mi cuarto perdido de sangre y plumas por matar a un maldito cuervo!

Pero Josh ya había cogido el bate que había en un rincón y caminaba hacia la estantería con frialdad y sin prestar atención a su amigo. Andrew lo retuvo agarrándole el brazo.

- No vamos a matar al pájaro.

- No, YO voy a matar el pájaro. Así que suéltame o te haré daño.

- ¡¿Te estás escuchando?! ¡Me acabas de amenazar con golpearme con un bate!

- ¡Y tú estás defendiendo a esa maldita cosa!

- ¡Esa cosa es un puto pájaro que está esperando a que pase la tormenta!

- ¡ESA COSA ES UN DEMONIO! ¡Cualquier persona en sus cabales lo estaría! Yo estoy en mis cabales, así que debe ser cierto… y tú… tú también lo estás… así que lo sabes… sabes que ese ser es malvado pero te empeñas en negarlo. ¡Estás de su parte!

- ¡¿PERO QUÉ DICES?!

Josh levantó el bate de metal, apuntando a su amigo.

- ¡Sí, ahora todo encaja! Tú me has convencido para que viniera a estudiar a tu casa… tú has abierto la ventana para dejar entrar a ese demonio… tú sabías que era un demonio… ¡ESTÁS DE SU PARTE!

El cuervo soltó un graznido que, de haber recibido mayor atención por parte de los jóvenes, probablemente los habría hecho estremecer. Junto al graznido del oscuro pájaro, cómo si de una campana de boxeo se tratase, Josh saltó sobre su amigo con el bate y golpeó con fuerza. Andrew saltó a un lado, de modo que el golpe destrozó por completo el escritorio. Josh seguía blandiendo el arma cómo un lunático mientras su amigo salía corriendo de la habitación. El muchacho armado persiguió a Andrew por toda la casa hasta llegar a la cocina. Allí, el dueño de la casa cogió lo primero que encontró (envases de cristal, botellas y latas de refresco) y lo lanzó sin miramientos contra Josh. Algunos proyectiles fueron despedazados por el bate, pero una botella de cristal impactó de lleno en la cabeza del chico, abriéndole un profundo tajo en la frente.

Andrew retrocedió hasta hallarse acorralado contra la pared de la cocina, entonces vio con pavor cómo su supuesto amigo avanzaba blandiendo el bate hacia él, pisando con sus pies descalzos trozos de cristales rotos. Una sonrisa verdaderamente macabra había aparecido en el rostro de Josh.

- Parece que hemos acorralado a una rata. Una sucia rata traidora que traiciona traicioneramente a sus traicionadamente traicionados amigos.

El eco de la perturbada carcajada de Josh resonó por todo el pasillo. Instintivamente, Andrew cogió un cuchillo y lo apuntó hacia él.

- Los niños no deberían jugar con objetos afilados, se podrían hacer daño.

El lunático avanzó un paso más y Andrew saltó gritando sobre él. Josh sintió el frío metal hundirse en su abdomen, y por un momento retrocedió, desconcertado. Pero luego su cara se tornó sombría y furiosa.

- Te he dicho – le propinó una patada a Andrew que lo hizo caer de espaldas contra el suelo - ¡que los niños no deberían jugar con objetos afilados!

Otro feroz graznido del cuervo llegó desde el pasillo mientras Josh descargaba toda su furia en una oleada de golpes contra su amigo. Con el largo cuchillo de cocina aún clavado en el abdomen, el lunático golpeó una y otra vez el torso, las piernas, y sobretodo la cabeza de Andrew. Al quinto o sexto golpe, el indefenso muchacho y había dejado de moverse, pero Josh siguió golpeando por lo menos tres minutos más mientras profería unos alaridos que fácilmente podían confundirse con los de un animal. Cuando terminó, del cuerpo de Andrew ya sólo quedaba una masa irreconocible de carne, sangre y huesos rotos, a penas podía distinguirse que aquello había sido un cuerpo humano hacia tan sólo diez minutos. Cuando la furia de Josh ya se hubo aplacado,  éste se dio media vuelta justo a tiempo para ver al cuervo volar por el pasillo hasta la cocina y posarse frente a él, sobre una estantería.

- ¡Tú!

El cuervo sólo respondió con otro terrible graznido.

- ¡CÁLLATE!

Josh lanzó el bate con fuerza, y este destrozó la estantería. Pero el cuervo… sí, lo había visto bien… lo había atravesado… pero ahora el pájaro estaba posado, con el mismo porte elegante, sobre la mesa de la cocina, y ni una de sus plumas de obsidiana estaba fuera de lugar.

Josh dio un paso hacia el cuervo, pero entonces se percató del cuchillo que tenía hundido en el abdomen, la herida sangraba, y mucho. No recordaba en qué momento se había clavado el arma… y por lo tanto… debía haber sido el cuervo… seguro.

- Sí… no hay otra explicación más lógica…

Trató de dar otro paso antes de caer de rodillas al suelo. Con la vista ya borrosa, lo último que Josh vio antes de cerrar los ojos y caer en la eterna noche fue al misterioso cuervo saltar de la mesa, revolotear hacia su hombro y… susurrarle al oído… en su agonizante dolor, ni siquiera fue capaz de distinguir palabra alguna… pero estaba hablando… eso seguro. Acto seguido vio cómo el cuervo volaba hacia la ventana abierta de la cocina (¿estaba abierta antes?) y, tras echarle una última mirada a Josh con una expresión que claramente podía identificarse cómo una sonrisa, voló fuera de la casa y se perdió en la oscuridad plutoniana de la noche.

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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 10 Enero 2013 12:13 publicado por Trysha

    Niño eres genial... en serio... me ha encantado, primero, y producto de haber leido a Judah antes que tu, pensaba que seria una historia de sexo gay entre los chicos, luego simplemente entre risas y too, me has impresionado, un besote enorme... te felicito.

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Viernes, 18 Enero 2013 22:32 publicado por Alice_abysm

    :O una mezcla perfecta del cuervo con tu narrativa, quizas el cuervo si le susurro el "nunca más" en el oido antes de irse XD
    Me encanto el relato :)

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