"La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad."

(Joseph Conrad)

Lunes, 05 Agosto 2013 12:59

La luna (no) tiene fin -1-

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Al abrir los ojos, el espejo que tenía en el techo de su habitación devolvió un reflejo de sobra conocido. La desnudez de su cuerpo no le avergonzó, pues había trabajado el físico durante años. Los veintinueve años que habían pasado desde su nacimiento le otorgaban una juventud en su pleno apogeo. Podía ver sus propios ojos reflejando la pasión por la que habían batido una vez las alas la musa de las ciencias. La física lo era todo para él, o más bien casi todo. Su mujer se hallaba ahora mismo en casa de unos parientes por un funeral y la cama era demasiado grande. Cuando volviese, la llevaría a cenar al mejor restaurante de la ciudad para demostrarle su devoción por ella. Se quedó mirando el reflejo un rato más antes de levantarse. Bajó de la cama y conecto la radio de forma inconsciente. A través de las ondas solo se escuchaban interferencias, pero no le extrañó, pues a menudo le pasaba. Vivía en una pequeña casa de campo alejada de cualquier urbe, por lo que a veces pagaba esas pequeñas tasas que no imponía la vida en el centro de la ciudad. Se cepilló los dientes pensando que aquel era el día de su cumpleaños, y que sabía, aunque no debería de haberse enterado, que sus amigos le estaban preparando una fiesta por todo lo alto. Sonrió al espejo y practicó gestos de sorpresa de forma divertida. Tras una ducha rápida, se puso unos sencillos vaqueros y una camiseta gastada y salió de casa por el garaje, para llevarse la flamante nueva moto que le esperaba, regalo de su mujer. La moto rugía como un tigre al acecho, y al sentir la velocidad del viento en la cara dibujó una sonrisa de pura felicidad. Por desgracia, la felicidad no le duró mucho, pues empezó a notar que algo raro pasaba a su alrededor.

 

Las carreteras estaban vacías. Siguió avanzando con la moto, pensando que se debería a alguna causa de tráfico, quizás algún accidente en un tramo intermedio había desviado a los vehículos de la zona. O quizás se tratase de un incendio, fenómenos normales en aquella época del año. La preocupación borró el gesto de su cara y se centró en poner su atención en la carretera. La distancia desde su casa hasta el trabajo eran solo unos cuantos kilómetros de carreteras secundarias, por lo que pronto estaría en alguna zona habitada donde le podrían informar de lo sucedido. Al llegar al pueblo, de nuevo una sensación preocupante cabalgó su cuerpo. A esa hora, en ese pueblo, siempre había decenas de personas en la calle, algunos vendedores de venta ambulante y el puesto de policía con los patrulleros desayunando en la puerta. Sin embargo, ni siquiera un alma parecía vagar por aquel pueblo. La idea de un incendio empezó a cobrar más sentido en su cabeza y se sintió tremendamente alarmado. Se detuvo frente al puesto de policía y se bajó de la moto. Saco su móvil mientras se acercaba al puesto, y marcó el número de su mujer. La cobertura estaba muerta, por lo que solo hizo aumentar la frustración del joven. Se guardó el móvil en el bolsillo y entró en el puesto de policía. Miro a su alrededor y parecía que todo estuviese en orden, obviando el hecho de que no había nadie en ninguna parte. Gritó algunas veces preguntando si había alguien o si le podían ayudar, pero su eco fue la única respuesta que encontró. La alarma cada vez era mas punzante en su cabeza, así que salió del puesto e intentó vislumbrar alguna señal clara de incendio en el horizonte. Al no ver humo ni helicópteros sobrevolando la zona, volvió a entrar en la cabina de policía. Cogió el teléfono fijo e intentó llamar a los bomberos para informarse, pero la línea estaba muerta. Salió de nuevo de la cabina y se dirigió a su moto, para ir corriendo al trabajo. No sabía que pasaba, pero seguramente, al llegar al centro urbano, podría enterarse de la situación.

Tras recorrer el tramo de carreteras restantes hasta la ciudad a la máxima velocidad que le permitía su motocicleta, vislumbró el primer edificio que marcaba el comienzo de aquella zona industrial. Pero la punzada del pecho cada vez era más intensa, provocándole vuelcos en el corazón y desbordándolo de desasosiego. Seguía sin ver a nadie. Se detuvo frente a su trabajo y se bajó de la moto, caminando cauteloso hacia la entrada. Llamó al timbre de la puerta, pero no obtuvo respuesta. El silencio era pesado, infinito, tan intenso que le dolían los oídos. Siguió probando algunas veces más y desistió. Aquello era algo realmente grave. Se dio la vuelta y vio que una hoja de papel revoloteaba al lado de su moto.  Se acercó a apartarla y se quedó atónito. Era una hoja de periódico de hacía un par de días, que tenía como titula a toda plana. “¡¡El meteorito Iscariote choca contra la luna!!”.  El joven se quedó de piedra. Fue corriendo hacia el puesto de prensa más cercano, que estaba abierto, y cogió un periódico del día anterior. “La luna desvía su rumbo y chocará contra la tierra mañana al atardecer”. El shock fue demasiado. Cayó de rodillas al suelo. Sabía que era verdad. Miró al cielo, al que había estado evitando todo el rato. A pesar de la radiante mañana, la luna, decaplicado su tamaño normal, se podía observar tras algunas nubes. Se quedó mirándola un buen rato, hasta que escuchó un ruido a su espalda. Antes de poder darse la vuelta algo se topó contra su espalda y escuchó: “¿¿Por qué demonios has mirado al cielo??”. Algo le golpeó en la nuca y quedó inconsciente.

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Alma_Rota

Abandonarse a la oscuridad,  a la desesperación, al miedo. Esa es mi razón para escribir.

1 comentario

  • Enlace al Comentario Trysha Lunes, 05 Agosto 2013 13:39 publicado por Trysha

    Leerlo por segunda vez es sensacional ya sé que no son zombies pero porque no mirar el cielo??? Lo dije y lo repito, quien fuera espejo para contemplar ese despertar.
    Me encanta leerte mil gracias .
    Un besote enorme

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