"¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú."

(Groucho Marx)

Viernes, 01 Febrero 2013 22:05

En los escombros del mundo

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Nunca lo olvidaré; sin él yo no habría sobrevivido a este nuevo mundo tan hostil. Una pobre niña huérfana perdida en la devastación… ¿qué posibilidades de supervivencia podía tener? Pero entonces llegó él, entre el polvo, la destrucción y la muerte; llegó y decidió que  yo merecía una vida ás larga. Era un hombre alto (aunque no estoy muy segura de ello, pues desde la perspectiva de un infante todo parece gigantesco) y elegante. Parecía joven, pero había algo en su forma de hablar, y en esa mirada tan anciana, que le daba el aspecto de haber vivido miles de años. Pero aún así la forma en que me trataba era buena, amable y cariñosa.

La guerra fue algo terrible,; ciudades enteras ardieron y se hundieron, cayendo bajo el poder de aquellas nuevas armas, tan modernas, tan mortales, tan diabólicas. Perdí a mis padres en un bombardeo. Por “suerte” para mí fueron sólo explosivos corrientes, pero las rojas nubes de una de aquellas bombas tan espantosas ya se acercaba por el oeste.

En menos de un año la civilización ya había caído; yo sobrevivía cómo podía, pero la comida, y sobretodo el agua potable eran bienes cada vez más escasos, y la gente llegaba a cometer verdaderas atrocidades por un simple frasco de aquél líquido transparente tan valioso. Tenía hambre, sed y miedo, y echaba de menos a mis padres. Trataba de ser fuerte y aguantar, pero estaba claro que tenía los días contados.

Pero u día llegó él. Vino del oeste, de la nube maligna de polvo rojo. Nunca comprendí cómo había logrado sobrevivir a la radiación, pero agradecí de corazón que lo hubiera hecho. En los escombros del mundo él me tendió una mano, me dio comida, agua y un compañero de viaje en quien confiar.

Era un hombre muy raro, no lo voy a negar. No comía ni bebía, y nunca lo vi dormir. A veces tenía un comportamiento algo errático y extraño; casi siempre estaba mirando el cielo enrojecido con aire melancólico y se pasaba horas y horas contemplando absorto un brillante reloj de bolsillo que llevaba siempre consigo . A veces incluso podía escucharlo hablando sólo, parecía cómo si hablase con alguien invisible. Pensé que tuvo que pasarlo muy mal durante la guerra, aunque la verdad es que me daba un poco de miedo cuando hacía eso. Tal vez por eso nunca hablaba solo en mi presencia, sólo cuando yo estaba dormida (o eso creía él).

A pesar de sus rarezas, lo quería mucho. Cuidó de mí cómo un hermano mayor, no sabría decir cuanto tiempo pasamos juntos, pero recuerdo perfectamente que fue durante ese tiempo cuando volví a sonreír por primera vez desde la guerra. Juntos descubrimos los peligros de este nuevo mundo, dos amigos cruzando las ruinas de la civilización moderna. Pero al final también lo perdía a él.

Después de viajar durante meses llegamos a un pequeño asentamiento dónde una comunidad de supervivientes había conseguido hacer crecer unas pocas hortalizas. Ellos nos  recibieron encantados y accedieron a cuidar bien de mí.

- ¿Por qué tienes que irte?

- Lo siento, lo siento mucho, pero no puedo quedarme. No… soy cómo tú.

Le abracé una pierna y enterré mi cara en ella para que n o me viera llorar.

- Eres raro: no comes ni bebes, te pasas el día distraído, y aunque lo escondas sé que a veces hablas solo. Pero eres bueno conmigo, no quiero que te marches.

- Tengo que hacerlo, éste no es mi sitio. Quería cuidar de ti, tenía que hacerlo, pero ahora que sé que estarás a salvo es hora de que me vaya.

Sabía que era inútil hacerle entrar en razón. Y mucho menos convencerle de que me dejara seguir con él, al final tuve que aceptar que aquello era una despedida.

- Te echaré de menos, Bran.

- Y yo a ti, pequeña.

Y salió de la tienda, caminando hacia la alambrada que marcaba los límites de la pequeña colonia. Yo lo seguí hacia la entrada y allí me quedé hasta que hubo desaparecido completamente en el rojo horizonte.

Cuando volví a la tienda descubrí que Bran me había dejado, una foto.

Era extremadamente antigua (de hecho incluso tenía una fecha en el reverso: 21 de septiembre de 1935). En ella salía Bran. La foto era muy vieja y estaba en blanco y negro pero habría reconocido esa cara en cualquier parte. Estaba abrazando a una mujer con un vestido de novia mientras ambos sonreían a la cámara. No sólo ese hombre era Bran, sino que estaba exactamente igual que cómo lo había visto  tan sólo minutos antes.

Nunca llegué a descubrir la verdad sobre Bran, mi amigo, aquél hombre tan viejo y a la vez tan joven. Durante un par de semanas viví con la esperanza de que volvería a por mí, de que me llevaría con él y recorreríamos este mundo devastado en busca de aventuras… pero no volvió… Nunca volví a ver a Bran y con los años he aprendido a dar por hecho de que nunca jamás lo volveré a ver.

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4 comentarios

  • Enlace al Comentario Leobardo Sábado, 02 Febrero 2013 00:49 publicado por Leobardo

    magnifico black, eres increíble para estas historias y este me gusto, las guerras la crueldad de ellas, y encontrar una esperanza encontrada en alguien que no es común, como las venido haciendo nada es común en tu mundo felicidades.

  • Enlace al Comentario Trysha Sábado, 02 Febrero 2013 12:07 publicado por Trysha

    Nif nif... Has crecido tanto... tu historia es espectacular, esas despedidas duelen tanto... a veces no se necesita un apocalipsis para sentir que solo existe una persona para ti... y cuando se va, el vacio es enorme...
    mis felicitaciones
    Un besote.

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Domingo, 03 Febrero 2013 18:34 publicado por Alice_abysm

    Una muy buena historia, Bran debería aprender que no puede seguir huyendo, porque no hay manera de que pueda desvincularse del mundo, seria como dejar ir una parte de él, ese vinculo debe ser lo único que mantiene su cordura pero tambien creo entender lo dificil que es ver partir a todos, o ese rechazo que deben mostrarle. Lei una historia similar, pero era de un vampiro, que se alejaba del mundo porque como no envejecía lo terminaban rechazando pero entonces conocio a un hombre lobo que pudo quedarse a su lado.
    En ese mundo apocaliptico deben haber otras criaturas, que puedan permanecer a su lado, asi como ese chico albino que habla con él a veces.
    Me encanto el relato :)

  • Enlace al Comentario Mandragás Viernes, 15 Febrero 2013 17:06 publicado por Mandragás

    Esa inmortalidad tan amarga, verdad? últimamente pienso en ella y creo que tienes razón: La vida es corta pero la eternidad debe de ser agotadora.

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