"A veces el llanto hace más beneficio que la risa."

(Pedro Muñoz Seca)

Jueves, 20 Septiembre 2012 10:25

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-Arturo... ¿que haces aquí? -Dijo ella, fría.

 

Paula estaba cansada, en términos generales. No conseguía averiguar a qué se debía, quizá no estaba llevando muy bien su tercera maternidad, quizá ya no le parecía tan especial y se sentía culpable. Su agotamiento se reflejaba en su aspecto físico. Se asomaban las primeras canas en su melena color pardo, algunas patas de gallo y bolsas bajo los ojos. Aún así se las apañaba para ser una mujer deslumbrante, de una belleza dulce y geométrica. No se consideraba una mujer infeliz, sólo agotada y carente de objetivos más allá de sus deberes como madre. Llegada a este punto, se conformaba con tener un rato para leer a solas cada noche, cuando toda su familia ya se había acostado. No obstante, ese día en concreto no pensaba en la lectura, precisamente. Eran las once de la noche y había salido a tirar la basura, o al menos eso diría si alguien preguntase. No le convenía hablar de cierto mensaje de texto de un viejo amigo, que le pedía que saliera de la casa para encontrarse con él. No había nada de malo en ello, pero sí. Sin apenas meditar sus actos, se paró ante el espejo de la entrada e intentó recomponer su pelo. Pero no, ese estropicio no tenía arreglo. Suspiró con desdén, salió de la casa con paso decidido y caminó hasta la esquina de su calle. Allí estaba Arturo, fumando un cigarrillo bajo la horrenda luz anaranjada de las farolas.

 

-Vaya, no seas tan efusiva que me abrumas -Dijo Arturo, sonriente. Abrió los brazos - ¿No me darás ni un abrazo?

-Arturo, es muy tarde... -Dijo Paula, declinando la oferta sin saber por qué - ¿Que quieres? Siento ser tan seca, pero reconocerás que esto es un poco raro...

-Lo se, Paula, y lo siento, pero esto no podía esperar -Arturo aplastó su cigarrillo contra una farola y lo lanzó hacia la oscuridad de la noche - Me voy esta madrugada.

-¿Te vas? ¿A dónde?

-Eso no es lo que importa. Lo que importa ahora es la promesa que vas a hacerme.

-¿Qué? ¿Promesa? Oye, no estoy para juegos, deja de hacerte el interesante y dime que quieres.

-Vale, tienes derecho a enfadarme. Llevo tiempo ignorando tus llamadas y ahora me presento a horas intempestivas a tocarte los ovarios como un lunático, lo entiendo. Prométeme una cosa y te juro que en cinco minutos habremos terminado.

-Madre mía... De acuerdo, Arturo, como quieras... ¿Que quieres que te prometa?

-Mira, en unas pocas horas me iré del país, y es harto improbable que vuelva. Antes de irme quería decirte una cosa, y lo que necesito que me prometas es que me dejaras decirlo sin interrumpirme y sin marcharte antes de que acabe.

-¿Irte del país? ¿Por qué, que pasa Arturo? ¿Tienes problemas otra vez?

-Paula. Promesa. De lo contrario soy una tumba.

-De acuerdo, joder, te lo prometo. No te interrumpiré.

-Lo has prometido, recuérdalo -Dijo Arturo, levantando el dedo índice en plan amenazador. Luego empezó a frotarse la cara con las manos y a resoplar sonoramente- Brrrrrrr, espera que me mentalice. ¡Brrrrfffff, Brrffffrrrrrr! Allá voy...

 

«Mira, Paula, hace treinta años que nos conocemos. Hemos pasado miles de horas juntos como buenos amigos, nos conocemos tan bien que cualquier cosa que nos digamos es casi redundante. Has sido, con diferencia, la persona más importante de mi vida, aún después de que te casaras y tuvieras hijos y nos viésemos cada vez menos. Nada de eso me ha importado porque sé que nosotros siempre hemos podido sobreentender las cosas, no necesitamos vernos para saber que el otro piensa en nosotros de vez en cuando. Es reconfortante, ¿no crees? Pues bien, ahora que tengo que irme y es más que probable que no volvamos a vernos, se me ha ocurrido que estoy hasta la polla de esta chorrada. No aguanto más, estoy cansado de este numerito de amigos para siempre. Llevo treinta años enamorado de ti, treinta putos años orbitando tu belleza sin osar ni cogerte de la mano. Y que no se te ocurra decirme que no lo sabías, Paula. Nunca te lo dije, pero era imposible no darse cuenta de ello. Lo has sabido siempre, tu cara siempre me ha dicho que lo sabes. No te atrevas a negarlo. Y sinceramente, estoy asqueado ya de esta omisión crónica, así que he venido a decirte todo lo que me he callado cada vez que te he visto durante todos estos años antes de que me explote el hígado o algo...

 

Te quiero, te quiero tantísimo que tu sola existencia compensa la indiferente y caótica violencia del universo que habito, haces que cada caída tenga sentido, haces que levantarse valga la pena. Estoy enamorado de tí y de tu cuerpo, de tu pelo y de tus manos, de cada gesto que haces y de cada timbre de tu voz. Estoy enamorado de tus opiniones y tus idiosincracias, de tus manías y tus prejuicios. El conjunto de lo que eres forma un Todo tan coherente consigo mismo que me corta la respiración, eres todo orden y equilibrio porque cada parte de ti es lógica e imprescindible. ¿A que viene esa cara? ¿Te estoy abrumando? ¿Que es lo que te sorprende, lo que digo o el cómo lo digo? No contestes. Así es, no me gusta leer pero cuando hablo de ti me sobran las palabras, ¿te sorprende mi vehemencia? Lo siento pero ya no puedo parar, me siento tan liberado que podría levitar sobre tu tejado. No te estoy pidiendo nada, no estoy dando un ultimátum a nadie, sólo es un testamento metafórico, sabes que soy un tipo dramático y teatral. No te pido que dejes a Miguel, ni a tus hijos, jamás te pediría tal cosa, sé cuanto les quieres... Pero déjame decirte una cosa... ¿sabes la otra razon por la cual no te lo pido? Pues porque sé que vendrías conmigo. Así es, Paula R., tu también estás enamorada de mí.»

 

-Arturo, no hagas esto.

 

«¡Silencio! Recuerda tu promesa. ¿No crees que ya somos mayorcitos para andarnos con todo este teatro? Me quieres, Paula, es innegable y no hay nada de malo en ello. Siempre he sabido que me querías del mismo modo en que tu lo sabías de mi. Treinta jodidos años nos hemos pasado haciendo el ganso por no llamar las cosas por su nombre, por creer que la vida es infinita y que ya habría tiempo. Tantas veces estuve a punto de declararme, y otras tantas tú estuviste a punto, se te veía en la cara. Todas esas conversaciones que dejábamos a medias «No, nada, era una tontería, nada importante...». Demencial, completamente demencial. Lo mejor de todo son las excusas que me he estado repitiendo, gilipolleces sobre no arruinar nuestra amistad, sobre que no era el mejor momento para ti etc etc etc. Gilipolleces, paridas. Ahora toca desahogarme. Te quiero, te quiero más que a nadie, y te quiero más que nadie. Estoy enamorado de tu olor y de tu temperatura, de tu piel y tus rodillas. Estoy enamorado de la excitación que despiertas en mí, porque lo que más he deseado en esta vida, y aún deseo, es hacerte el amor, hacértelo de todas las formas posibles. ¿Te parece inapropiado? Tonterías. Tenemos cuarenta tacos, se acabaron las cigüeñas. Quiero hacerlo contigo, con ternura y con ferocidad, en la cama y en la ducha, en el puto sofá, quiero besar cada centímetro de tu cuerpo y sentir la electricidad de nuestros cuerpos uniéndose. ¿Te parece inapropiado? Me da igual, es la última vez que te veré y no quiero callarme nada. Supongo que tengo una crisis de mediana edad del carajo. No tengo problemas, que lo sepas, nadie me persigue. Simplemente estoy harto, harto de trabajar y de hacer vida social, de ir de compras y de ver la puta tele, harto. Me voy, Paula, me voy al quinto coño para descansar de la vida y empezar a vivir. Tantos años siendo callado, siendo amable y respetuoso, estoy harto de todo. No estoy hecho para la vida, Paula querida, llevo cuarenta años actuando, llevando una máscara de correción. A la mierda, quiero correr en pelotas por la jungla, quiero olvidar toda esta parafernalia y empezar a ser fiel a mis instintos. Y no hay instinto más fuerte que el de quererte. Si, quiero ser empalagoso, ese es otro instinto. Me voy, Paula, me doy de baja. No te pediré que vengas conmigo porque nos condenaría a los dos a convivir con la culpa de la traición y el remordimiento de los años desperdiciados. Te quiero, pero esas paridas que dicen en las películas de «nunca es tarde para el amor...» son eso, paridas. Ya es tarde, ya es demasiado tarde. Jamás podríamos vivir el amor que deberíamos haber vivido, ya no podemos ser jóvenes juntos y equivocarnos juntos y aprender sobre la vida juntos. Ya sabemos que la vida no es tan buena como parece, lo hemos aprendido cada uno por su lado y por eso esa verdad es tan triste, porque no está justificada por una experiencia común. ¿Me estoy liando? Supongo que sí, que más da. Eso quiere decir que ya he dicho todo lo que quería decirte, o al menos las partes más importantes, el resto podrías deducirlo del grueso central. Bien, he acabado. Adiós.»

 

Sin dudar ni un instante Arturo se dio la vuelta y salió corriendo hacia la oscuridad, sin mirar atrás y desapareciendo para siempre. Su voz llegó lejana a oídos de Paula por última vez, un grito de felicidad extrema... «¡Buf! ¡Que a gusto me he quedadoooooo!»

 

Paula volvió a su casa con paso lento, con la mirada hueca. Si alguien le hubiese dicho algo, simplemente no le habría oído, su cerebro aún estaba intentando asimilar la primera parte del discurso de su viejo amigo, aún tardaría un buen rato en volver a la realidad. Caminó mecánicamente hasta la cocina y se sentó en la mesa, intentando comprender lo que su memoria intentaba decirle. Nunca supo cuanto tiempo pasó sentada en aquella cocina, ni pudo recordar con claridad lo que ocurrió cuando volvió en sí. Un espasmo de dolor, repentino y furtivo, le desgarró el pecho de forma tan violenta que casi pudo oírlo. Se plegó sobre sí misma, abrumada por la brutalidad de esa inesperada tristeza, y se abandonó completamente a un llanto sin fondo. Por primera vez en su vida se enfrentó de verdad a lo que siempre había sabido, contemplo impotente y rota la vida que no había vivido junto a Arturo. Nunca se había sentido tan consciente de su propia mortalidad, de lo irreversible que siempre había sido todo cuanto había hecho. Una idea antes vaga y utópica se había convertido en su todo, un todo que la torturaba con su ausencia. Una pregunta rebotaba infinita en su mente: «¿Por qué?» Se atribuyó de forma falaz todas las culpas, se odió por amarle más de lo que jamás podría amar a Miguel, se odió por lamentar que sus hijos no fueran hijos de Arturo. ¿Quien podía pensar algo así? Era horrible, era demasiado. Comprendió en el acto por qué había evitado esos pensamientos durante tantos años, la verdadera magnitud del dolor que le producían. El amor de su vida no dormía en la habitación contigua, sinó que se alejaba de ella, corriendo en la oscuridad, hacia el horizonte. La sensación de pérdida era paralizante, sobrecogedora. Una oportunidad tras otra, consumidas sin remedio con el paso de los años. No había vuelta atrás. Se le ocurrían mil excusas: falta de sincronización, vergüenza, inseguridad, demasiada amistad... nada parecía suficiente, ni de lejos, para impedir que dos personas se amasen. Quizá no había causas, quizá en ocasiones las cosas suceden porque sí, porque no podrían suceder de otra manera. La mente de Paula vagó durante horas por esas preguntas e interrogantes, hasta que se le agotaron las fuerzas. Todo comenzó a mezclarse hasta que perdió la noción de lo que realmente sentía o pensaba. Sólo había oscuridad, calor y oscuridad, sueño. Descanso y sanación.

 

Cuando Miguel la despertó por la mañana el dolor se había apaciguado. Seguía allí, pero era soportable, podía tragárselo, bloquearlo y enterrarlo. El tiempo que hiciera falta. Para su sorpresa, le resultó mucho más fácil ocultar el dolor a su marido que explicar por qué se había dormido sentada, en la cocina, con un cuchillo en la mano.

Leído 1366 veces Modificado por última vez el Martes, 26 Febrero 2013 08:05
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7 comentarios

  • Enlace al Comentario Mandragás Jueves, 20 Septiembre 2012 12:32 publicado por Mandragás

    Acongojante, cuantos sentimientos se pueden disfrazar toda una vida?? Estamos tan condicionados tantas veces... Brillante Jud! siempre brillas. Me pregunto donde acabará Arturo y si será feliz de una vez.

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 20 Septiembre 2012 16:54 publicado por Trysha

    Vaya, que nadie diga que eres superficial y egocentrico, me ha encantado Judah, de una forma que me cuesta explicar, me llegaste esta vez, como pocas veces... UN besote, me ha encantado.

  • Enlace al Comentario Rapunkzel Jueves, 20 Septiembre 2012 17:14 publicado por Rapunkzel

    Cada palabra de Arturo me ha ido acelerando el corazón hasta llegar casi al colapso.

  • Enlace al Comentario Blacknordok Jueves, 20 Septiembre 2012 18:36 publicado por Blacknordok

    Es cierto que al mirar atrás nos arrepentimos mucho más de las cosas que no hicimos que de las que hicimos, porque siempre quedará el "¿cómo habría sido si...?" Un texto muy profundo que alberga una gran verdad. Y aunque no es cierto que nunca es tarde para el amor sí lo es que nunca es tarde para una confesión.

  • Enlace al Comentario Judah Glass Sábado, 22 Septiembre 2012 15:00 publicado por Judah Glass

    Gracias, gente, vuestro apoyo me da alas para intentar mejorar día a día :)

  • Enlace al Comentario Andrew Ryan Sábado, 22 Septiembre 2012 15:26 publicado por Andrew Ryan

    Tengo mil razones por las que volver atrás para arreglar o contar cosas. Coincido con Black, siempre queda eso. Si yo te contara todas las cosas que no hice y debería de haber hecho XD. Es humano. Y tu eres humano, lo has demostrado con este texto plagado de sentimientos. Y una gran inspiración para mí. Sigue creciendo, y seguro que mejoraras cada día por siempre.

  • Enlace al Comentario Nilufar (Ella) Miércoles, 26 Septiembre 2012 05:39 publicado por Nilufar (Ella)

    S-P-E-E-C-H-L-E-S-S

    Dile a ese Arturo que nunca es tarde para vivir las cosas ^^

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