"Toda la justicia social descansa en estos dos axiomas: El robo es punible y el producto del robo es sagrado."

(Anatole France)

Error
  • JUser: :_load: No se ha podido cargar al usuario con 'ID': 57
Martes, 24 Julio 2012 17:18

Flores marchitas

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

Cuando Jack salió de casa sabía perfectamente hacia dónde tenía que dirigirse. Caminó por las estrechas calles que tan familiares le eran a pesar de que llevaba tres años sin pisarlas. Ese era uno de los inconvenientes de haber estado en coma todo ese tiempo, que uno no solía salir mucho. Otra de las trabas que presentaba el haber estado tanto tiempo inmerso en ese limbo situado entre la vida y la muerte era que uno apenas se movía, lo que provocaba que el cuerpo tardara bastante tiempo en desentumecerse por no mencionar lo trabajoso que resultaba volver a dominar sus propias extremidades. Lo cierto es que le costaba bastante andar. Durante esos tres años Jack había crecido de un modo, digamos, inusual. Sobrepasaba los dos metros de alto y eso no era fácil de llevar; los zapatos le apretaban una barbaridad, pues no era tarea sencilla encontrar un calzado de su talla y el pobre caminaba como podía, con los pies encogidos en aquellos botines del número cuarenta.

  Se sentía apenado por la marcha de Méliès, no había podido despedirse de su mejor amigo en el mundo, pero a la vez estaba contento porque sabía que él había conseguido realizar, no del modo esperado, su tan ansiado viaje a la Luna. Deseó que el destino, algún día antes de morir, le hiciera el favor de volver a reencontrarse con él.

  Mientras se adentraba por las estrechas callejuelas que le conducían a su destino, el gigante comenzaba a rememorar cada uno de los momentos que había vivido junto a la que él aún se permitía la licencia de llamar novia. Se acordó de la primera vez en la que ambos yacieron en la bañera de su caravana, cuando tuvo el placer de unirse en fuego carnal con la persona por la que fue capaz de cruzar medio continente. Sus mejillas todavía se sonrojaban al recordarlo… Montones de recuerdos bellos como aquél  se vieron interrumpidos por otros no tan agradables, como el de la pelea con Joe, el chico delgado al que, sin querer, le sacó un ojo con una de las agujas de su corazón cuando estaban en el colegio; o como aquella segunda trifulca por ver quién era mejor novio para su amada, pues de sobra sabía que él también estaba enamorado de ella, aunque no por ello iba a renunciar a su amor. Desechó esos malos pensamientos y se centró en otros más agradables, como el del olor dulce de su madre o las cosquillas que le hacía con los bigotes el pequeño Cunnilingus, su hámster.

  Para cuando quiso darse cuenta se encontraba a escasos metros del recinto donde las caravanas circenses se aparcaban durante la temporada de trabajo. Sentimientos de melancolía y nostalgia le invadieron sin que pudiera evitarlo, encogiéndole el corazón y llenándole los ojos de lágrimas. Hacía tres años que no aparecía por allí pero para Jack el tiempo no había pasado, seguía sintiéndose como el niño que llegó allí en busca del amor.

  No quiso demorarse más paseando por un pasado que ya no regresaría y tomando una gran bocanada de aire se encaminó hacia la caravana de ella, dando algún que otro tropiezo por el camino causado por los nervios del momento. Y cuando alcanzó la puerta de la vivienda móvil tocó un par de veces con los nudillos temblorosos. Ahora tan sólo quedaba explicarle a Miss Acacia qué demonios estaba haciendo él allí.

Leído 1463 veces

3 comentarios

Inicia sesión para enviar comentarios
HOMEFANFICS - Leer te hace libre © 2018 | Términos de Uso | . . . Diseñado por: Carlos Matamala V.