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Miércoles, 05 Noviembre 2014 12:54

Yo y mi otro YO

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A todos los que me leen o me han leído, ante todo, pedir disculpas por la calidad de mis escritos, sé que nunca he sido buena y que últimamente son peores de lo que eran, eso se debe a que algunas funciones cognitivas están dejando de funcionar adecuadamente…

Pero como siempre he dicho, escribo porque necesito hacerlo, y no porque desee vivir de esto, me es indiferente si escribe una persona o cientos, el espacio es mío y lo comparto.

Lo cierto es que por aquí conocí a personas que considero grandes amigos hoy en día, a quienes he visto crecer, otros que me han ayudado a crecer a mí…

                                                                          Yo y mi otro yo

Freud decía que todos tenemos tres partes en nosotros un lado salvaje, primitivo y perverso capaz de las atrocidades más horrendas e incapaz de sentir culpa, un lado formado por todas las normas, reglas y deberes socialmente exigidos, por decir valorados es casi una burla, aquí residen las culpas, los miedos, la angustia y finalmente está el yo, que actúa como mediador entre los dos antes mencionados  logrando un perfecto equilibrio, que nos hace seres funcionales y adaptados en esta sociedad a la que pertenecemos ( el mío debe haber venido con una falla de fábrica por que la palabra adaptado no me aplica mucho).

El caso es que aprendí a equilibrar perfectamente bien  el deseo salvaje de despellejar a alguien con mis propias uñas, con las normas sociales que implican que eso no se puede hacer. Lo primero fue descubrir que sobre un ring, tatami o cualquier cuadrilátero era socialmente aceptado golpear a alguien hasta perder el deseo de hacerlo, lo segundo fue notar que las leyes sólo aplican cuando hay evidencia física de que una mala acción se realizó.

Así mi yo, gran negociador, logró llegar a ese punto medio que le dio la victoria y nos dejó a todos felices, (bueno casi, no era muy feliz cuando tenía que limpiar la sangre con agua, luego repasarla con cloro, paredes incluidas, para que brillen completas en caso de que apliquen luminol, tampoco hacerme pequeños cortes en la mano, para aplicar  povidona yodada y hacer borrar los rastros de pólvora, pero bueno era parte del acuerdo entre los tres)

Nuestra relación era perfecta, hasta que apareciste TÚ, con tu carácter fuerte y tus ojos azules me embriagabas, cuando los arranques de ira me invadían y deseaba asesinar, me conformaba sólo con hacer un berrinche, mirar feo, (sin nada de sangre, o gritos, arañazos, nada de nada, un aburrimiento total), y ahí estaba yo, frente a ella que te sonreía con deseos de enterrar mis uñas en el cristalino de sus ojos y desfigurar su cara para siempre, así como se debe hacer con mis propias manos (puedo sentir como me ronronean las entrañas deseando hacerlo, pero quien rayos me detiene), esa ira se desvanece, se diluye en el aire como volutas de humo, y mis músculos ya tensados solo se vuelcan hacia donde pueden, hacia adentro.

¿Quién demonios eres yo? Yo soy yo…

No es cierto YO soy Yo, el mediador.

Y yo, como ya dije soy yo, el que desea, sueña y se rinde ante esa mirada que me controla.

Nosotros dos nos mirábamos confundidos, en una pelea absurda de yos, mientras la bestia y las reglas se sentaban pacientes imaginando destazar el mundo, sin saber sí todo sería bueno o malo.

Adentro, muy al fondo, la pelea conmigo? Con ellos?? Entre yo y yo? Continuaba.

La bestia reía, mirando hacia afuera, tarde o temprano alguien sacaría todo de nosotros hasta que los cuatro estemos de acuerdo de nuevo, por ahora quizás descansemos del cloro.

 

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Trysha

  • Soy Simplemente Trysh, la de siempre, pero con mas ganas y nuevos sueños.

"Me he hecho fuerte, pero a veces quiero volverme débil y que me protejas"...(Alma Rota)

 

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