"Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate."

(Thomas Carlyle)

Viernes, 15 Febrero 2013 22:02

ONVESTIGACIONES DE UN DETECTIVE PROCEDENTE DE CHILOÉ (ISLA GRANDE AL SUR DE CHILE. cap. 3-4)

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3.- Pitbull  

   Tal como apareció…  ¡desapareció! En todo caso me congratulaba,  porque siempre es bueno para la salud mental y física ver una hembra hermosa. Calculo que debía pasar la cuarentena, pero se mantenía en forma. Por su aspecto y el auto que se la llevó, cual Cenicienta, indicaba a las claras que el fockin money no le fallaba. Revisé mis bolsillos... ¡Hummm! Todavía tenía las treinta lucas.

    Eran más de las  diez  y media cuando llegué a la estación del Metro, Universidad de Chile. Me gusta caminar por el Paseo Ahumada.  Se ve cada mina... Parece que tengo un problema con esto  de las minas. Quizás debería consultar un siquiatra... ¡No lo creo... ¡ Mis problemas se solucionan con una mujer como Liz... Pero esas son caras.

    Me deslicé por la escalera mecánica que subía y bajaba con gente frotándose entre sí por el exceso y lo estrecho de la  misma.  Había decidido no caminar más. Tomaría el metro y me bajaría en Los Leones.

     Por supuesto la cagá de tren iba lleno.  Delante de mí persona se colocó una rubia, vaya a saber si era rubia de verdad o falsa, lo que si era cierto es que olía como las Diosas... me imagino que huelen así... Un aroma a Magic Noire y que curvas. Traté de ver su rostro y lo vi por el reflejo del vidrio de la puerta. ¡Hermosísima!  Algo raro estaba pasando... Ya no me salían al paso las chicocas, caderas anchas y patas cortas… ¡No hay que ser desagradecido! Igual me prestaron innumerables servicios… ¡pagados por cierto!... La puerta del vagón se abrió...La rubia bajó y cosa rara me sonrió con esas sonrisas  que te dan ganas de bajarte los… ¡No hay que ser tan gráfico! Y pensar que esta mañana ni siquiera me bañé.

     Como siempre en el Metro iban viejas guatonas con un montón de bolsos, estudiantes sentados que no le dan el asiento ni al mismo Presidente, (pensándolo bien…lo pensaría antes de cedérselo)  huevones que se sujetan con una mano y con la otra leen el diario y se balancean de un lado a otro; parejas de estudiantes que van unidos fuertemente por sus lenguas; el típico ciego que nadie sabe cómo lo hace para deambular entre tanta gente y huevones como yo que andan a la caza de una oportunidad.

      Al salir a Providencia estaba el cielo gris. ¡Mal presagio!  Me estoy poniendo supersticioso como esas viejas de mierda que leen la suerte. Ahí estaban los leones. ¿Será verdad  que se trajeron esas huevas desde el Perú, cuando Chile le ganó la guerra a los peruanos? ¡Capaz...!  Dicen que los chilenos tienen fama de ladrones. 

      Caminé y llegué a la calle Lyon. Por la numeración tendría que caminar como diez cuadras para llegar al número que indica la tarjeta. Llegué y oprimí el timbre del citófono.  .Lo de costumbre. Di mi nombre y la reja metálica se abrió lentamente. Linda reja. Conozco un gil que hace cosas así. Se llama Iván Fuentes, pero esa es otra historia. Un prado verde cubría gran extensión del terreno con árboles de figuras extrañas. ¡Fantasmagóricas...! Caminé como medio kilómetro  hasta llegar a la casa. ¡Que casa! Nada que ver con las Copeva que vendía el hermano de un ministro a los pobres  y huevones que para el  invierno tenían que cubrirlas con plástico. ¡Lindo país con esquina con vista al mar! ¿Cómo era la casa? Anda por ahí no más con la casa de Scarlett O'Hara en "Lo que el viento se llevó"   Tara, parece que se llamaba el rancho. ¡Rica la Vivien Leigh…!

  -- ¡Sígame! -- ordenó la voz de un tipo corpulento con cara de buey que apareció de la nada. Lo seguí.

  --¡Su abrigo! -- En realidad no me lo pidió. Me ordenó.

   --- Se lo pasé. Era muy grande como para contradecirle.

  --   Espere aquí -- volvió a ordenar.

  --- ¡Hey,  buey! -- le hablé cálidamente para que no se exasperara-- ¿ puedo sentarme? Con la mirada me indicó un sitial de esos que se sientan los huevones que tienen el culo de mármol. Me senté. Y esperé... Pasaron horas... Unas tres... Traté de irme y cuando llegué a la puerta estaba cerrada y revisé lo que debía ser el Hall y no había salida. Las paredes estaban cubiertas por pinturas distintas. Me dediqué a mirarlas y ver sus nombres.... Degas... Tendría que haberla obtenido a través de la compañía de gas... Picasso... He oído hablar de ese coño... tengo un amigo que le dicen Picasso, pero no pinta, tiene un tremendo... Entonces oí una voz a mis espaldas. Una voz ronca, típica del gil que fuma y toma Whisky.

   --- ¿Es conocedor de pinturas Sr...?  --- preguntó ásperamente.

   ---  No, salvo las que pintan un par de amigos y las venden en Plaza de Armas. Claro que le vas como el forro.  Quiero decir mal --- y me callé.

   ---  ¡Tomé asiento! -- ordenó el viejo. De unos setenta años.

         Lo hice. De pronto en lo alto de la escalera surgió la voz de una mujer. Miré hacia arriba.... Ahí estaba ella...no, no era ella. Pero, por la cresta, otra mujer hermosa. La Diosa Fortuna me está empezando a sonreír.

  __  ¿Vas a subir pronto, Querido?  -- preguntó la mina que vestía una bata transparente que dejaba ver todo. Andaba empelota.

   --- ¿Su hija? -- pregunté, tímidamente.

         El viejo sonrió.

  ----  Mi esposa. Sr…  --

         Le corté bruscamente.

  ---- Disculpe, usted  -- expuse como un tonto.

         No sé dónde he visto a este vejete. Que de pronto saca un puro y se larga a fumar. Saca un sobre y me dice:

  ---- Adentro hay un foto de una mujer que quiero que la busque y me la traiga o al menos me indiqué el lugar preciso donde ubicarla. Iba a decir algo, pero el tipo siguió con sus órdenes. Hay dos palos, como dicen en su jerga, y recibirá dos palos más si cumple con el encargo.

   --- ¿Por qué, yo? -- espete rápidamente

   --- Porque usted es un Don nadie Sr...  Lo corté rápidamente diciéndole -- Hacía tiempo que no me subían la autoestima.

   ---- No seamos hipócritas. Ud. sólo necesita dinero y yo necesito lo que le pedí. Además le abonaré doscientos mil pesos por día que investigue y al llegar a su casa en San Pablo 3347   ¿Correcto?  No me dejó ni respirar... ---Encontrará  un bolso grande lleno de ropa a su medida. Si alguien va a morir tiene que morir con buena facha. Y ahora Alfredo, le indicará la  salida. Dio media vuelta y subió las escaleras.

   ¿Cómo me comunico por si...? -- intenté preguntar.

    Alfredo, el mayordomo, igualito al de Batman, me dijo que no me preocupara.  Que ellos lo harían y gentilmente me encaminó hasta la verja de salida. Caminé unas cuadras. Tomaré el metro de vuelta. Aseguré el billete y saqué la foto de la mina... ¡Casi me voy de raja! Era Liz...  De pronto se para un auto a mi lado... Bajan dos tipos vestidos de negro... No serán Tommy Lee Jones y Will Smith de "Los hombres de negro". Me toman de los brazos y baja un tercero con una cara de pitbull fumando algo asqueroso. Me mira y me dice: "Mejor será que no busque lo que le encargaron, Mister"

    -- ¿Cómo que Mister, huevón, creí que estamos en  Hollywood? Ya suéltenme, mierdas, antes de que les saqué la cresta.

    --- ¿Con qué ropa? -- respondió el con cara de Pitbull y me hundió el puño de su mano derecha en mi estómago. Suerte que había  bebido puro café o lo boto todo.

     -- Terminen, huevones. No saben con qué chicha se están curando ---  repliqué con las voz más fiera que podía sacar. Lamentablemente los tipos no eran miedosos y en el mismo instante que se larga a llover torrencialmente me llegó una lluvia de combos y patadas. No se cuánto tiempo estuve botado. La sangre de mi boca y nariz   se mezcló con el agua clara y pura de la lluvia. Intenté levantarme, pero no pude. Me habían pateado antes... Busqué el dinero...Lo tenía… Si no se llevaron el money... ¿En qué chuchas me estaba metiendo?  Pero el dinero… ¡Poderoso caballero es don Dinero!  Y me sumergí en la lluvia de junio

Top of Form

4.- Liz ¡Otra vez! 

   Me sumergí en una espiral sin fondo. Caía y caía. Me parecía estar dentro de uno de esos cuadros que pintaba un tipo llamado Dalí. El rostro enorme con un puro enorme se reía, pero no escuchaba el sonido de aquellas carcajadas; Liz, ataviada para ir a la playa con un bikini celeste en su parte inferior y un sostén naranja tipo escocés,  apenas escondían las partes más atrayentes  de su vigorosa anatomía, reía descontroladamente con su pelo ensortijado al viento con una postura atrevidamente sexual…  Con sus piernas abiertas; de pronto me atacaba la petisa pelirroja ayudada por Eduardina, la gorda morbosa del cité… No sé cuánto tiempo estuve botado en la  calle, pero a nadie pareció interesarle. Ya oscurecía... ¡Estaba tan adolorido... ¡ Me sentía como un perro apaleado, sólo me faltaba proferir quejidos lastimeros...

     No podía sostenerme. Me palpé todo el maldito cuerpo; a pesar de la pateadura, parecía no tener huesos rotos. Lo que es una tremenda cueva. Hice parar un taxi. Se abrió la ventanilla y un chofer con cara de pájaro, parecido al flaco de la tele… ¿Matías del Río?  Me preguntó:

   --- ¿Está borracho, amigo?

   --- No, no estoy borracho y no soy tu amigo y llévame a San Pablo  -- le grité todo entumecido.

   --- Es una carrera larga, amigo. ¿Tiene para pagar? -- preguntó, como arrepentido de haber parado.

   ---- Te puedo comprar tu cacharro si quieres-- y le lancé  treinta lucas.  -- ¿Con esto  te alcanza, amigo?

   ---- No hay problema, amigo -- Y partió. Le dije el número exacto y no habló más.

         El taxi atravesaba Santiago y el paisaje urbanístico iba cambiando de casonas  a casas y departamentos y finalmente al barrio rasca de San Pablo.

   -- Quédate con el cambio  -- dije. Esa huevá si que la había escuchado en las películas. Es mi pasión, por si no lo han notado. Estaba más machucado que membrillo de colegial. Es algo muy antiguo. A duras penas subí los mil escalones. Igual que al amanecer. En realidad ahora me parecieron dos mil.  Con mucha dificultad le acerté a la cerradura y entré a la piojera. Estaba oscuro y tropecé con un bulto grande. Me saqué la cresta. Era el bolso que me había prometido el viejo de los dos palos. Su cara la tenía metida en la mente. Sé que lo había visto, pero... ¿dónde? Mejor me serví un trago del Blended Price y me tiré en el catre... Me dormí pensando en Liz. La verdad hice el amor con ella toda la noche... En sueños... Ya iba en la terc... Cuando golpean a la puerta de la piojera. Encendí la luz de la lamparilla que estaba sobre el velador desvencijado que había comprado en el Mercado de las Gangas. Recién ahí me di cuenta que su luz era mortecina.

  --- ¿Quién es pregunté? --- Nadie respondió. Las cuatro de la madrugada y putas como me dolían mis huesos. Reiteré la pregunta.

  ---  Liz --- dijo una voz suave. Metí la mano al bolsillo para sacar mi pistola, pero recordé que jamás había tenido una. Abrí con mucho temor.  ¡Ahí estaba ella!  Entró sin que la invitara. Fue a la ventana e hizo algo como un gesto. Me puse desconfiado.

  --¿Qué quieres y a quién llamas? ¿A tus guardaespaldas? -- la tomé de los hombros. Su aroma estuvo a punto de noquearme. ¡Qué mina!

   --- Sólo quiero ayudarte -- susurró como un bebé.

  -- - No nos hagamos los suecos  -- le dije.  Se quedó callada.

   ---  Tú  ya sabes que me pagan por buscarte.

   ---  Pero estás equivocado…

   ---  Tú lo sabes todo. Hasta mi nombre --- le dije, como exigiendo una explicación. La verdad es que me sentía como Condorito.

    ---  Te advierto que estás equivocado. Debes confiar en mí -- me susurró nuevamente, esta vez encima, pero lo que es encima.

    ----  Vales mucho para mí, ¿lo sabes? -- le dije, cínicamente.

    ----  Lo sé, pero no te servirá de nada. Te estás metiendo con gente muy mala, cariño. --  Realmente es una diablesa y sabe que con susurros puedes demoler el corazón de un hombre.

   ----- ¿Cómo puedo confiar en ti? ¿Tus perros me dieron una tremenda paliza? -- le grité. Ya me estaba enojando.

    ---- No tienen nada que ver conmigo. --  Hizo la señal de la cruz. ¡Cualquiera la puede hacer y no es sinónimo de verdad!

    --- Liz, estoy muy apaleado para... Y sin decir agua va me atrajo  hacia sí y me introdujo su deliciosa lengua en mi boca. ¡Mierdas! ¡Rayos y centellas! Era el sueño del pibe, como dicen allende la cordillera. Todo en mí se electrizó y cuando  digo todo es todo. Intenté tirarla sobre la cama cuando con un brusco movimiento me pasó sobre su cuerpo y me lanzó sobre el closet. Una perfecta llave de Judo. Aparte  de bella es  experta en defensa personal. Intenté pararme, pero de pronto me veo con una pistola en la punta de mi nariz...

   ---- Este no es juego de niños. Y si insistes en meterte en este embrollo más vale que uses esto. Y con suavidad dejó la pistola en el velador que también compre en Las Gangas..

    --- También te dejo varias cargas, lindo.

    ---  Pero…

    ---- Nada de peros -- dijo y se agachó y me besó nuevamente. Otra vez el cortocircuito. Y, vaporosamente, como si se elevara en el aire desapareció.

          No creo haber soñado, pero con kilos de frustración y más golpes, me levanté y me eché sobre el catre. Miré a mi  alrededor. Tendría que cambiarme de aquí. Guardé la pistola en el  cajón  del velador y me dispuse a soñar con Liz. ¿Cómo hubiese sido si se hubiese concretado? Cuando de pronto… ¡Golpes en la puerta!  La crespa me advirtió, tomé la  pistola y abrí de golpe, tal como lo hacen en las películas. Era la pelirroja  de la cicatriz en la frente

   --- ¡Huevón patudo! ¿Creí que mis servicios valen diez lucas, mierda? --- gritaba como una bruja.  Saqué tres billetes de veinte; se los metí entre sus tetas y le di un palmazo en su raja.

   --- Hoy no, petisa. Estoy con sueño, mojado y apaleado. Te fuiste y cerré la puerta  y me acosté. Dormí profundamente...

 

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Sam Bogart

Escritor ocasional, amante del cine y del teatro, profesor de Lenguaje jubilado por enfermedad. (TABP).

1 comentario

  • Enlace al Comentario Trysha Sábado, 16 Febrero 2013 02:09 publicado por Trysha

    la historia va re buena... te felicito, sin muertos'?? buenooo hay que conformarse con las minas
    Me encanto :P ya decia yo que 10 lucas era muy poco :P no sé cuanto, pero... eso es nada :P
    Besitos

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