"Nunca me enfado por lo que la gente me pide, sino por lo que me niega."

(Antonio Cánovas del Castillo)

Miércoles, 07 Agosto 2013 19:49

la mar...

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Anoche soñé que te hice el Amor, fue en uno de esos sueños dementes sin principio ni fin, que involucran personajes inverosímiles y situaciones sin espacio ni tiempo ni cordura. Estábamos en la playa, no me preguntes cómo llegamos, solo sé que estabas recostada y desnuda de la cintura hacia arriba y yo estaba vuelto loco de los ojos hacia abajo. Enfrente de mí, tus dos lunas competían con el astro rey en lo doradas y calientes. Busqué el pretexto del Amor para tenderme a tu lado y bajo el cobijo de una toalla empecé a refrescar tu piel con mis labios mojados. Confieso que estuve listo no bien sentí el calor de tu piel achicharrándome los vellos de los muslos y el pecho.

Tú cerraste los ojos y me abriste el alma en cada beso. Te besaba como si quisiera encender una fogata tallando tus labios con los míos, como si mi lengua fuera una serpiente que necesitara un lugar para esconderse del calor de nuestras bocas. Pero como era un sueño, las cosas tienen la mala costumbre de brincar como liebres, me advertiste que nos podían ver los demás y levanté los ojos para comprobar que lo nuestro ya no era un secreto, muchos conocidos habían volteado hacia nosotros, con esa asertividad que da un sexto sentido para los movimientos sospechosamente excitantes. Nos reímos de los chismosos y continuamos repegándonos entre las piernas. Te abandonabas a la insistencia del intruso que te rozaba como toro ciego sin encontrar en donde cornearte en una sola embestida, suficiente para hundirte contra la arena y no soltarte. Entre él y su  objetivo, había tela de por medio, un triángulo rojo y diminuto que le impedía entrar a buscar la sombra húmeda de tu cueva.

En la siguiente imagen del sueño nos sorprendió la tarde, los curiosos y el sol habían desaparecido y nos encontramos a solas con la toalla de refugio y nuestras ganas aun despiertas e insatisfechas. Hicimos el Amor acompasado, como se escuchaba la llegada de  la marea mordiendo a la playa, estaba dentro de ti y como en esos sueños raros, estaba también dentro de tu pecho sintiendo tus latidos agitados, enamorados y entregados. Yo sentía mi corazón latiendo en tus entrañas y tu calor me llenaba de paz. Tu humedad me relajaba al punto que cada embestida era lenta, suave y larga, hasta rozar tu alma y meterme al fondo mismo de todos tus anhelos; hasta sentir cada centímetro de tu piel adhiriéndose a mi carne inflamada. Era un sueño, lo sé, pero a la vez era el más sublime de los placeres estar dentro de ti y que te desbordaras en mí; como lo haces en tus sueños o cuando no dormimos por contarnos los gemidos.

Podría dibujar la huella que dejó tu cuerpo en la arena cada vez que me hundía en ti y provocaba que te hundieras en ella. Podría pintar las estrellas que viste mientras estabas tendida ahí y yo estaba tendido sobre ti. Podría escribir todo lo que nos dijimos en cada caricia silenciosa, en cada beso agazapado y en cada mundo que inventamos al unirnos. Pero mejor, te lo mostraré pronto, la próxima vez que vayamos a visitar al mar y sea él quien nos sueñe a nosotros a partir de esa noche que nos marquemos sobre la arena.

 

 

 

esto es lo que pasa cuando un verso te nombra....

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khris

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