"Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentiras a medias,

de ningún modo es una media verdad." (Jean Cocteau)

Martes, 22 Julio 2014 16:57

La niebla de medianoche (XVI)

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Un fuerte golpe me despertó de una horrible pesadilla... otra vez soñaba con los niños. Vi entrar al almacén a un iracundo Sebastián. Subió las escaleras hacia el mueble bar sin dirigirme la mirada. Allí cogió un vaso y una botella, la abrió y entonces miró el vaso unos segundos antes de arrojarlo al centro de la estancia y comenzar a dar tragos. Mientras bebía bajo del altillo y se paseó por la sala. En un momento dado se percató al fin de mi presencia y me  miró con rabia contenida.

- ¿Qué coño estás mirando?

Antes de poder responder se escuchó la cerradura girar y la puerta del almacén  se abrió, dejando paso al señor Barceló, que  entró acompañado del joven Quintana.

- ¡Buenas noches, Sebastián! ¿Un día ajetreado en el trabajo?

- ¡Hijo de puta! – Sebastián gritó a pleno pulmón mientras le lanzaba la botella.

Barceló se apartó de la trayectoria del objeto, que se estrelló contra la pared, estallando en mil pedazos, y miró a su compañero haciéndose el ofendido.

- ¿A qué viene tanta hostilidad?

­- No empieces con tus gilipolleces, Barceló.

- A lo mejor si dejaras de comportarte como un estúpido borracho que lleva alcoholizado una semana entera yo podría ahorrarme mis “gilipolleces”, como tú las llamas.

- ¿Y se puede saber para qué nos has convocado? No esperarás organizar una fiesta después de lo ocurrido.

Barceló miró al director de hospital con una sonrisa maliciosa.

- Hazme un favor, ¿quieres? Cállate, siéntate y espera a que estemos todos. Sólo entonces discutiremos como afrontar esta… “difícil” temporada que se nos avecina.

- ¿Todos? – Sebastián fingió una carcajada. - ¿En serio? ¡¿Todos!?

- Bueno… todos los que puedan llegar por su propio pie.

- ¡Yo te mato!

Sebastián se abalanzó sobre Barceló y Quintana tuvo que interponerse para evitar la pelea. Agarró al médico de los hombros y lo apartó.

- Por favor – pidió el hijo del alcalde. – evitemos el conflicto. Que esto no llegue a las manos, no hay motivo.

- ¡¿Qué no hay motivo!?

- ¡Lo siento! – se disculpó rápidamente Quintana ante la reacción de Sebastián. – Sólo quería decir que…

Nuevamente la puerta se abrió y entró en la estancia el trufero. Barceló sonrió y alzó los brazos.

- ¡Bueno, por fin estamos todos!

Aquella afirmación me extrañó sobremanera.

- ¿Todos? Si solo sois cuatro. ¿Dónde está el del bastón?

Sebastián hizo amago de ir hacia mí para agredirme, pero Barceló le puso un brazo a la altura del pecho para que se detuviera.

- Yo en tu lugar me callaría, saltaparedes. Como verás, Sebastián no está de muy buen humor. De lo que deberías preocuparte ahora mismo es de tu propio destino. Una vez solucionada esta situación decidiremos qué hacer con la tuya. – Se dirigió a sus compañeros con expresión de bienvenida. – Tomad asiento, terminemos esto cuanto antes.

Los tres hombres se sentaron en las butacas distribuidas junto a los muros del almacén mientras Barceló permanecía de pie frente a ellos.

- Entonces… ¿ya está? ¿Se acabó? – Coubert parecía desconcertado. – Resulta extraño… después de tanto tiempo. ¿Es el fin?

- Yo lo dejo, no puedo seguir mirando a este bastardo a la cara. – La expresión de Sebastián transmitía tanto odio que parecía que pudiese matar  con ella.

- ¡Pues adelante, largo! – Barceló parecía hablar en serio. – Pero estás metido en esto te guste o no, así que ten la decencia de quedarte hasta que este asunto quede zanjado. Después por mí como si te parte un rayo.

- ¿Y qué hay que zanjar, Barceló?

- ¿No está claro?

- No sientes el más mínimo remordimiento, ¿verdad? En el fondo todos nosotros te importaos una mierda.

- Lo que a mí me importa por encima de todo son las maneras. Y el comportamiento de Fermín la semana pasada fue una clara muestra de falta de autocontrol. Y como tal, merecía una reprimenda.

- Y te parecerá justa la “reprimenda” que le diste.

- Otra cagada como aquella, otro cadáver que encubrir. ¿No os dais cuenta? Podemos comprar el silencio de aquellos golfillos y hacer con ellos lo que queramos. En sus patéticas vidas han conocido otra cosa diferente a la miseria. Pero si lo que está en riesgo son esas mismas vidas la cosa cambia. Si ven que corren peligro de muerte ya no tienen nada que perder. Era cuestión de tiempo que uno de ellos se fuese de la lengua. Es por eso que el comportamiento de Fermín era sencillamente inaceptable, y tarde o temprano nos habría arrastrado a todos.

- ¡¿Y crees que hacía falta matarlo!? – Sebastián pronunció cada sílaba cargándola de odio.

Barceló se limitó a mirarlo impasible.

- He de admitir que cuando le di su merecida paliza no era mi intención acabar con la vida de aquél pervertido. Pero no te mentiré, no sentí la menor lástima al enterarme de que había sido encontrado muerto en su portal cual perro callejero. Ni siquiera tuvo la dignidad de llegar a su casa para morirse.

- Estás enfermo. Eres un maldito psicópata.

- Si me permiten – Añadió el trufero. – tampoco somos los más apropiados para hablar de cordura.

Barceló se encogió de hombros.

- Puede ser, pero después de pensarlo bien me di cuenta de que es mejor así. Lo de Fermín se tenía que acabar, y si no era con él habría sido con nosotros. – Sebastián se levantó para encararlo, pero Barceló lo obligó a sentarse de un empujón. – Haz todos los berrinches que quieras, Sebastián, pero en el fondo sabes que tengo razón.  Seguro que por eso te duele tanto, ¿verdad? A pesar de saberlo perfectamente, eres incapaz de aceptar que tu amigo del alma era un peligro para nuestras actividades. Tenía que irse.

­- La verdad es que tiene razón. – Añadió tímidamente Quintana.

Alberto y Barceló asintieron, mientras Sebastián se limitaba a agachar la cabeza, temblando y apretando los puños. Sus compañeros le pusieron una mano en cada hombro.

- Sé que estabais muy unidos – añadió Barceló. – pero es lo mejor, cuando empezamos con esto todos sabíamos que no acabaría bien.

Siguieron unos segundos en absoluto silencio hasta que Quintana se levantó.

- ¿Y ahora qué?

Los demás también se incorporaron.

- Supongo que es el final, habrá que deshacerse de todo esto y vender el almacén. – Sugirió el trufero.

- Hay que quemarlo. – sentenció Barceló con una seriedad muy impropia de él. – Alberto, te encargo a ti conseguir el combustible. Este lugar debe arder hasta los cimientos. - Todos asintieron. – Caballeros, sólo me queda añadir que ha sido un placer, un verdadero placer compartir todas esas noches con ustedes. No se me ocurre mejor compañía ni mejor forma de pasar una noche inolvidable. Y, a pesar de la trágica forma en que ha tenido que terminar, los buenos recuerdos estarán ahí siempre. Con todos ustedes, incluso con Fermín. Y dicho esto, adiós, caballeros, les deseo toda la suerte del mundo en esta vida.

Barceló señaló la puerta con la mano abierta y los tres hombres comenzaron a desfilar. Pero cuando pasó por delante de mí, Quintana se detuvo.

- Un momento, ¿y qué haremos con el saltaparedes?

Barceló me miró hastiado. Pude sentir aquella mirada fría como el hielo, y tuve claro que si no salía de ahí ponto ya no saldría jamás. En pocas ocasiones recuerdo haber pasado tanto miedo como en aquél almacén bajo aquella mirada cargada de determinación.

- No os preocupéis. Ya me encargo yo. Total, un cadáver más ya no se va a notar.

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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 24 Julio 2014 19:25 publicado por Trysha

    Ante todo perdón por la demora... La historia está increíble por favor si tomáis vacaciones que sea luego de saber si sale de ahí o no... Que me tenéis más que intrigada con estozzz besitos

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Domingo, 10 Agosto 2014 21:22 publicado por Alice_abysm

    Vaya pero que final le han dejado.
    Me leí los últimos tres capítulos que me faltaban de un tirón y cuando leí el anterior pensé que podría tratarse de peleas ilegales callejeras con los niños pero después de leerlo, concuerdo plenamente en que son unos HdP que deben pagar por lo que hicieron al ultrajar a esos niños y aprovecharse de sus necesidades de esa manera. Ese tipo de actos son los que más me repugnan y espero que tengan su merecido por ello. Menos mal que uno se murió pero aún quedan cuatro pervertidos.

    Ya quiero leer como Quim sale de todo ese embrollo por su cuenta o Julia o Natasha lo ayudan a salir. Espero que lo continúen pronto :D

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