"Boca besada no pierde fortuna, es más renueva como la luna."

(Giovanni Boccaccio)

Domingo, 06 Octubre 2013 10:07

La niebla de medianoche (XIII)

Escrito por 
Valora este artículo
(4 votos)

Y entonces entró, llevaba puesto un vestido azul oscuro que le llegaba hasta las rodillas y se ajustaba a su figura. Andaba sobre unos zapatos de tacón alto y la luz lunar hacía brillar sus rubios rizos. Una pashmina de color beige cubría su cuello de marfil. Desde el momento en que la vi pasar supe que me traía problemas. Se acercó a donde yo estaba y se sentó en el sofá junto a mi sillón.

- Nunca pensé que vería el día en el que dos mujeres se pelarían por mí. – dije tratando de quitarle hierro a la situación.

- Yo no he discutido, sólo le he dicho las cosas como son. – respondió encogiéndose de hombros.

- Así que te he llenado. – le espeté con una pícara sonrisa.

- No te lo creas tanto, también lo hacía mi marido.

- Uy sí, y a saber a quién más, ese viejo verde de Barceló tiene muchos trucos escondidos.

- Cállese, y no me haga hablar de trucos que tienen unos y otros no.

- Pero… pero si la he llenado. – respondí con fingida ofensa.

- Y yo le he llenado los bolsillos. ¿En qué lo convierte eso, señor Calders?

-Bueno, – seguí, tratando de cambiar de tema. – supongo que no está aquí solo para menospreciar mi trabajo. ¿A qué ha venido?

- Solo quería saber qué tal seguía usted.

- Pues como podrá observar, no podré hacer la calle en unas semanas.

- Una pena, seguro que sus clientes se pondrán tristes.

- Al grano, ¿a qué ha venido?

Entonces su rostro adoptó una actitud más seria.

- El doctor Ferrari me llamó, al parecer la pelandrusca que tienes por secretaria le mencionó lo del caso y creyó conveniente informarme de dónde estabas. Vengo a darte lo tuyo.

­- Doña Natasha, deje las bromas a parte por un rato, ¿quiere?

- ¡Pero si es cierto! Vengo a darte tu llave, la que me pediste que copiara.

- ¿La del almacén?

- No, la de mis aposentos, ¿cuál cree?

- Si es la de sus aposentos, recuerde mi tarifa.

- Y luego soy yo la que tiene que dejar las bromas a parte.

- Está bien, hablemos en serio. ¿Tiene la llave? ¿Dónde está?

- La tengo aquí mismo.

- ¿Puedo verla?

- Por supuesto. – introdujo una mano entre sus pechos y sacó una reluciente llave plateada de aspecto antiguo. – Aquí la tienes, pero no pensarás en ir en tu estado.

- Esté tranquila, aunque pudiese moverme no sería prudente hacer nada ahora que los acontecimientos recientes han centrado la atención sobre mí. Además, - dije señalando la puerta con la cabeza. – ese matasanos no me va a dejar salir hasta que esté en condiciones suficientes como para obligarle por la fuerza.

- Dudo que pudieses hacer eso ni en tu mejor momento.

- ¿¡Que no?! ¡Yo a ese lo tumbo cuando sea!

- Lo que tú digas, tú intenta no meterte en más líos, toma. – me tendió la mano, puso la llave en ella y me cerró los dedos. Noté que seguía sosteniendo mi mano, y cuando me fijé en su rostro pasó algo que nunca hubiese imaginado. La expresión de tristeza que allí veía era totalmente sincera.

- Quim… lo siento…

- No le de importancia, ya no hay marcha atrás.

- Sí… tienes razón… ya no hay marcha atrás… - dijo mientras asentía.

Se acercó a mí lentamente y tratando de no hacerme daño me dio un beso. Entonces se incorporó y me dijo:

- Adiós, Quim…

­- Adiós, Natasha.

Y dicho esto vi su espalda desaparecer tras la puerta.

Tan pronto como Natasha salió escuché los pasos del macarroni acercarse, entró en la habitación y me miró con ojo crítico.

-  ¿Qué tal se encuentra?

­- Ha tardado lo suyo, llevo varios días aquí y es la primera vez que se me pregunta.

- Le recuerdo que estaba dormido, aunque tal vez podría haber sido de ayuda, habla bastante en sueños.

­Abrí los ojos, estupefacto.

- Miente.

- ¿Eso cree? “Mi silla… mi silla” al parecer tiene usted un grave problema con los asientos. Por si acaso le diré que este sobre el que está sentado es MI sillón.

- Bah, a usted qué le importa. Y hablando de sillas, ¿dónde está el trono? Tengo mis necesidades.

- ¿El baño? ¿Y cómo espera ir hacia allí en su estado?

- ¿No me va a acompañar?

- Sí, claro, y de paso le limpio el culo, si quiere. Bajo su cama hay una bonita palangana, sírvase usted mismo y trate de apuntar bien.

- ¿Y cómo se supone que he de llegar hasta la cama, genio?

- Tiene dos piernas, ¿no?

- Dos piernas que no puedo mover.

- Uh, eso parece un inconveniente. Tal vez, y sólo tal vez, si usted dijera las palabras mágicas yo le ayudaría a llegar.

- ¿Palabras mágicas? ¡Abracadabra lléveme a la cama!

- ¡Abracadabra, que Calders se cague encima!

- Vale, – suspiré con resignación – ¿sería vuestra merced tan gentil de ayudarme a transportar mi trasero hasta el mueble de reposo comúnmente conocido como “cama”?

- ¿Qué más?

- Por favor – dije en voz baja.

El doctor sonrió de oreja a oreja.

- Buen chico, encantado lo llevaré a la cama.

Me apoyó sobre su hombro y me llevó hasta la cama, donde me dejó tumbado, diciéndome que la palangana esta debajo. Dicho esto me sonrió y se fue sin ayudarme a alcanzarla.

- ¡Oiga! ¡¿No se olvida de algo!?

Desde el pasillo me llegó su voz.

- ¡Cierto! Mis más sinceras disculpas.

Entró corriendo a la habitación y dejó un libro sobre la mesilla de noche.

- Aquí lo tiene, “Le cinéme, art ou sorcelleire?”, tal y como me había pedido. Ahora, que sueñes con los angelitos, Quim. – dijo mientras se reía por lo bajo y me abandonaba en ese cuarto a mi suerte. Me juré a mí mismo que algún día mataría a ese porco italiano.

 

Los siguientes días empezaron como un infierno, ese matasanos subía noche tras noche a cenar conmigo. A pesar de que decía que no podía soportar verme allí tan solo y quería hacerme compañía, yo sabía que lo hacía para martirizarme. Hubiese preferido mil veces cenar con Barceló y su pandilla antes que con ese macarroni.

Pero he de admitir que el libro era francamente hilarante (tal vez lo más gracioso era que no estaba escrito en clave de humor). Por las noches solía comentar con el doctor Ferrari lo que había leído durante el día.

- El pasaje acerca de las propiedades de la cámara es de mear y no echar gota. <<Bien es conocido que el Diablo se sirve de los más variados métodos para hacerse con las almas de los puros. ¿No parece extraño que al grabar a alguien aparezca su imagen proyectada en una pantalla y moviéndose como si tuviese vida propia? La respuesta es simple, si se mueve como si estuviese vivo es porque lo está. El movimiento del cuerpo humano no es como las hojas, que son impulsadas arbitrariamente por el viento (que es el aliento de Dios), el cuerpo humano se mueve siguiendo las directrices del alma. Por lo tanto es imposible que un cuerpo se mueva por si solo. De ahí deducimos que lo que hay proyectado en las pantallas de cine, por su propio movimiento, no puede ser otra cosa que almas en pena encarceladas dentro de ese aparejo diabólico.>>

El doctor soltó una sonora carcajada.

- Esa es una de mis partes favoritas, pero espera a llegar al capítulo que trata el papel de la mujer en el cine.

 

Aunque me duela admitirlo, he de confesar que cada día que pasaba mi aprecio hacia ese maldito matasanos no hacía sino aumentar. Júlia también pasaba a visitarme de vez en cuando, aunque parecía que algo la disgustaba, algo que nunca quería decirme. Para mi sorpresa se mostraba extraña… distante.

En una ocasión mi sorpresa casi me llevó al infarto cuando vi aparecer por la puerta a ese hombre enjuto, seco y con cara de malas pulgas. Me miraba con esos cansados y hundidos en las cuencas, esos ojos que me habían visto crecer. Sus manos estaban encallecidas, de hecho, se podría decir que no tenía manos, sólo dos enormes callos. Cuando nos saludamos el tacto de su mano me recordó a un guante de cuero curtido.

- ¿A qué has venido, padre?

- La niña Julia me dijo donde estabas. Qué grande y guapa está, aún recuerdo cuando era un bebé.

- Sí, y en cambio yo sigo igual de canijo y feo.

- Eres un Calders, ¿qué esperabas? Nos viene en la sangre.

- ¿Ahora vuelvo a ser un Calders? Creía que me habías arrebatado el apellido.

- Por mucho que me duela eres mi hijo. Tot i que siguis un dels Calders amb menys seny que hagi vist mai.

- No comencem, pare, no comencem.

- ¿Y bien? ¿Cuándo estiras la pata? ¿Has puesto en orden tus asuntos?

- El matasanos italiano dice que no me voy a morir.

- ¡Bueno! ¡Entonces no hay de qué preocuparse! ¡Adiós hijo, que te mejores!

Caminó hacia la puerta y se detuvo antes de cruzar el umbral para mirarme con sincera preocupación.

- A veces pienso que tomas riesgos innecesarios. Espero que sepas lo que haces.

- Siempre lo he sabido, gracias por venir.

Entonces cruzó la puerta y se marchó sin despedirse.

 

Los días pasaban, pero el dolor no disminuía. Durante la primera semana no tenía ninguna autonomía, necesitaba la ayuda del doctor o de alguna de las criadas para hacerlo todo. A partir de la segunda fui recuperando movilidad, pero seguía con fuertes molestias en el hombro. El doctor me hacía chequeos casi a diario para asegurarse que la recuperación iba bien. Durante la última semana me fueron recomendados unos cuantos estiramientos, pero lo cierto es que mi brazo derecho era prácticamente inútil. A pesar de eso a finales de la tercera semana y podía moverme perfectamente, aunque con el brazo inmovilizado. Fue entonces cuando nadie pudo impedirme seguir con el caso. A pesar de las protestas de Júlia y el doctor, me decidí a terminar lo que había empezado, cogí la llave que me había traído Natasha y me dispuse a entrar en aquél maldito almacén de una vez por todas.

Leído 1372 veces

3 comentarios

  • Enlace al Comentario Mandragás Viernes, 11 Octubre 2013 09:38 publicado por Mandragás

    Quiero más! Más de este suspense barcelonés de época!

  • Enlace al Comentario Trysha Sábado, 12 Octubre 2013 08:04 publicado por Trysha

    Tienes ese talento de dejarme buscando el siguiente capítulo y... Quiero saber que sigue, me encanta la descripción de los colores, espero seguir leyendo , un besote

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Sábado, 19 Octubre 2013 19:18 publicado por Alice_abysm

    Ya quiero el siguiente capitulo, se ve que será bueno, aunque con ese brazo inmovilizado, le costará más hacer su trabajo, ojala no aparezca alguien para terminar el trabajo con Quim. Espero el siguiente, me gustó :)

Inicia sesión para enviar comentarios
HOMEFANFICS - Leer te hace libre © 2018 | Términos de Uso | . . . Diseñado por: Carlos Matamala V.