"Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentiras a medias,

de ningún modo es una media verdad." (Jean Cocteau)

Domingo, 08 Septiembre 2013 17:03

La niebla de medianoche (IX)

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- Y dígame doña Natasha, ¿su marido lee? Porque sus amigos no tienen ni la más remota idea de la buena literatura de su país. Si hubiese oído lo que decían de Fiodor…

La duquesa hizo caso omiso a mi comentario, de modo que decidí ir al grano.

- En resumen, que ya tengo a los compinches de su marido en el punto de mira. Ahora sólo queda averiguar qué diablos ocurre en ese almacén. Para eso voy a precisar una vez más de su ayuda. Necesito que haga una copia de la llave que abre la puerta principal. No será muy difícil de distinguir de las otras, recuerde aquella cerradura, tenía una forma bastante particular, antigua, no creo que el señor Barceló tenga muchas llaves como esa. Una vez tenga la copia podré seguir avanzando con la investigación.

Ella se limitó a asentir parsimoniosamente mientras miraba atentamente cómo removía el whiskey de mi vaso. Parecía ausente, distraída y la niebla de misterio que solía envolverla ahora parecía más densa que nunca.

- Hasta que no obtenga dicha llave no podré hacer nada, ¿la conseguirá por mí?

Volvió a asentir con un suspiro. Supuse que el asunto del brazo seguía marcado a fuego en su mente. La idea de que el hombre del que una vez se enamoró pudiese ser un asesino tenía que ser cuanto menos inefable. Traté de animarla con una sonrisa.

- Sé que esto puede haber tomado un rumbo inesperado, está claro que lo que me mandó investigar ha resultado ser algo mucho más complejo que una simple infidelidad, pero lo superará.

Me respondió con una sonrisa melancólica. De algún modo, aquella me pareció la primera sonrisa sincera que había visto jamás esbozarse en sus rosados labios.

- No tienes ni idea, Quim.

- Cómo ya sabe, dos de los implicados son José Mateu Quintana y Sebastián de Lucía, el hijo del alcalde y el director del hospital de Santa Cruz y San Pablo. Mi fuente contactó conmigo hace un par de días, los otros dos son Alberto Martorell y Coubert, un importante comerciante de trufas con ascendencia francesa y Fermín de Tormes, un reputado cirujano del mismo hospital que regenta el señor Sebastián. Con eso ya los tenemos a todos, incluyendo a su marido, claro está.

Ella siguió sin decir nada, con aire ausente.

- Doña Natasha, ¿me está escuchando?

En ese momento pareció reaccionar, levantó la cabeza y clavó su mirada en mí.

- Quiero bailar.

Aquello me tomó completamente desprevenido.

- ¿Habla en serio? ¿Bailar? ¿Ahora?

- Sí, y con usted.

- ¿Me ve usted a mí cara de bailarín?

Se encogió de hombros.

- Tampoco le veo cara de detective y por lo menos este trabajo no lo hace mal del todo.

- ¿Mal del todo? ¡Soy el mejor detective de Barcelona!

- Tranquilícese, “Sherlock” – dijo ella con sorna.

- De todos modos no voy a bailar.

- Solo será un baile. ¿Cuántas encantadoras duquesas rusas le han pedido uno en su vida?

- Más que los hombres que a usted le habrán negado un baile, seguro.

- Solo será un vals cortito. Venga Quim, si lo haces bien te daré un premio.

- Si quiere un perro, cómprese uno. No hace falta que contrate a un detective.

- Pues no sabría yo decir qué papel le quedaría mejor.

- ¿Y con esas palabras espera que baile con usted?

- No lo espero, sé que lo hará.

- ¿Si acepto me va a dejar en paz de una vez? 

- Me lo pensaré. – dijo sonriendo, satisfecha de haber conseguido su dichoso objetivo.

Natasha se levantó y se acercó al armario junto al minibar. Abrió las puertas y puso un disco de vinilo en el tocadiscos, inclinándose con descaro.

Escuché la aguja rasgar suavemente la superficie resinosa del vinilo y acto seguido creí reconocer las últimas notas de la pieza Polchinelle, en la obra “El cascanueces”.

Ella se giró y dio un paso adelante, invitándome con la mano mientras la música pasaba a la siguiente canción, el famoso Vals de las flores.

Tomó mi mano y me dijo con una burlesca sonrisa mientras hacía una reverencia.

- ¿Me concede este baile?

Accedí a regañadientes, me levanté, tomé su mano izquierda y puse la mía alrededor de su cintura; ella posó su mano derecha sobre mi hombro y retrocedió un paso con el mismo pie. Yo avancé al momento con mi pie izquierdo y al ver que ella retrocedía de nuevo con el otro pie hice lo propio. Luego moví mi pie izquierdo para que quedase junto al derecho.

Lo que siguió fue una serie de balanceos hacia atrás y hacia delante. Supuse que aquello debía de ser divertido en los grandes festejos, pero poco pude disfrutarlo debido a que tenía que pensar constantemente cuál iba a ser mi siguiente movimiento.

<<Izquierdo adelante, derecho adelante, izquierdo juntos; derecho atrás, izquierdo atrás, derecho juntos; izquierdo…>>

- Parece usted un campesino ruso aprendiendo a leer. - me limité a emitir un gruñido sin dejar de mirarme los pies. – Sabe que se supone que tendríamos que mirarnos a los ojos, ¿no?

- Shh que me desconcentra.

- A saber que está mirando usted ahora mismo.

- Calle que creo que ya…

Pero ya era demasiado tarde, aquel sagaz comentario me había hecho perder el equilibrio y tropecé con sus pies. Caí al suelo llevándome a Natasha conmigo en un intento de evitar el tropezón. Sentí como su todo cuerpo caía encima de mí.

- “Creo que ya me caigo” ¿Era eso lo que quería decir?

­- Usted siempre sabe caer bien.

- Se debe a mi personalidad arrolladora.

En aquél momento me dí cuenta de que no había dejado de rodearla con mis brazos y de que nuestra conversación no había sido más que susurros al oído. Además ella tampoco había tratado de zafarse de mi abrazo en ningún momento.

Incomodado por la situación traté de levantarme.

- ¡Apart…!

Antes de que pudiese terminar la palabra fui silenciado por sus tiernos labios.

Para mi sorpresa todo mi cuerpo respondió a aquél llamado, deslicé mi mano de su cadera hasta llegar la baja espalda, con delicadeza giré nuestros cuerpos, quedando yo encima de ella. Me aparté y clavé mi mirada en sus rojos azules. El vals de las flores continuaba sonando.

- ¿Estás segura?

Ella me respondió con una sonrisa a la vez que desabrochaba el primer botón de mi camisa. La besé, a pesar de ser nuestros primeros besos tenían un amargo aroma de despedida. Recorrí el poco espacio que había desde sus labios a su cuello, y allí le di un suave mordisco. Ella dejó escapar un gemido y desatinó al abrir uno de los botones.

Con mi mano derecha aparté uno de los breteles de su vestido.

Una vez desabrochada la camisa, ella rodeó mi dorso con su brazo derecho y atrajo más a mi cuerpo hacia ella. Nuestras pelvis se tocaron y en su pícara sonrisa adiviné que se había percatado qué camino estaba tomando la sangre.

Seguimos besándonos de forma lenta, entonces me levanté y con un movimiento exageradamente brusco me quité la camisa. La invité a levantarse con mi mano.

- Quita esa música, no es para este baile.

Obediente me di la vuelta y me acerqué al tocadiscos para separar la aguja del vinilo. El silencio se hizo, volví a girarme para descubrir que Natasha había dejado caer su vestido rosa pálido. Llevaba puestos un bustier y un culotte del mismo tono. Se dio la vuelta y caminó hacia la cama.

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Miércoles, 18 Septiembre 2013 11:40 publicado por Trysha

    Son simplemente increíbles esto es lo máximo me divierto mucho leyéndolos ... Este dejo con ganas de más
    Nif nif crecen tan rápido

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Jueves, 19 Septiembre 2013 18:13 publicado por Alice_abysm

    Me gustó mucho el cap, al final Quim terminó cediendo ante los encantos de natasha, yo me pregunto que pensara su asistente cuando sepa, porque también parecía haber algo ahí. Y como dicen, no hay que mezclar el placer con el trabajo, quizás algo salga mal aquí. Voy por el siguiente, me gustó :)

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 25 Septiembre 2013 03:59 publicado por Mandragás

    Una escena romántica-erótica tremendamente visual, excitante y delicada. Para suspirar. Realmente un escenario y unos personajes esculpidos en marmol. Enhorabuena!

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