"El libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor."

(Rubén Darío)

Miércoles, 04 Septiembre 2013 04:26

La niebla de medianoche (VIII)

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Como pude averiguar a través de mi buen amigo Dorotea, a precio de un Torres 10 (ya abierto por el Águila, sí, pero ojos que no ven…), el susodicho almacén había sido comprado haría unos cuantos años por una fundación dedicada a la integración de los exconvictos de la ley de Vagos y Maleantes del 33; casualmente la sociedad estaba constituida por el propio Barceló, José Mateu y Quintana, el niñito del alcalde, un tal Sebastián de Lucía, Alberto Martorell y Coubert y como último integrante Fermín de Tormes. Era más que evidente que solamente se podía tratar de los hombres con quien Barceló se había escabullido la otra noche.

Aquello que durante todos esos días había tratado de evitar había terminado siendo el único camino posible, tenía que seguir a Quintana, ya que de aquellos cuatro él era el único al que podía reconocer.

¿Qué demonios había dentro del almacén? ¿A qué se dedicaba fundación durante esas noches? Y lo más intrigante de todo: ¿cómo había llegado ese brazo allí?

Evidentemente había que tener especial cautela con ese hombre; lo último que quería era ser descubierto siguiendo a un personaje tan público. ¿Dónde podía conseguir más información acerca de Quintana? ¿Dónde iría si fuese un acaudalado burgués modernista?

Abrí la puerta de El quatre gats y un fuerte olor a madera y papel antiguo se apoderó de mí. Pasé al salón principal para que ese aroma inicial fuese reemplazado por un intenso olor a comida y café.

No me costó nada localizar al pequeño Quintana sentado en una mesa en lo alto del altillo. Ante él estaba sentado un hombre de largas patillas. Decidí acercarme a ellos tanto como pudiese, subí las escaleras y tomé asiento en una mesa junto a la suya.

Desde allí pude escuchar parte de su conversación; estaban haciendo mofa sobre la redundancia en la narrativa de Dostoyevski y su supuesta carencia de ritmo narrativo. Tener que oír semejantes infamias hacia tan magnífico escritor por parte de dos buitres con aspecto de no haber abierto un buen libro en su vida me sacaba sencillamente de mis casillas. Decidí cortar por lo sano y unirme a su conversación para ver si conseguía sonsacarles algo y de paso orientar su concepción literaria hacia un camino más acertado. Erguí la espalda y con un tono de voz lo bastante alto como para no poder ser ignorado exclamé:

- Pues si se le fuese preguntado a un servidor, Dostoyevski ha sido el único escritor que ha logrado plasmar correctamente la naturaleza humana desde Maquiavelo.

Quintana se dio la vuelta inmediatamente mientras su compañero se levantaba para verme mejor.

- ¿Disculpe?

­- En mi humilde opinión, la obra de Fíodor Dostoyevski no es otra cosa que una acertadísima interpretación del comportamiento humano expuesto de la única forma en que se podría hacer, a través de hechos. ¿Qué mejor forma hay para analizar la conducta de un hombre que poniéndolo en una determinada situación y describiendo sus distintas reacciones?

- A pesar de eso, señor, deberá usted admitir que su obra sigue siendo terriblemente vacía a causa de su carencia absoluta de dinámica narrativa, vacío que el buen ruso rellena con sus largas y tediosas descripciones que encadenan la libertad de imaginar que pueda tener el lector.

Al fin había captado la atención de aquellos buitres, ahora tenía que ganarme su confianza.

- Les recuerdo que gran parte de dichas descripciones se realizan a través de los hechos de cada personaje, no con meras palabras. ¿Qué me dice de Los hermanos Karamazov?

Iniciamos una larga discusión literaria que terminó con algunas risas, aunque en ciertos momentos deseaba arrojar a ése para desde el altillo.  Pero conseguí granjearme su respeto hasta el punto en que me invitaron a una de las fiestas de Barceló.

- Es un gran hombre, le encantará conocerle. ¿Cómo debería presentarle?

Si tendría que verme de nuevo cara a cara con el comerciante más me valía dar el mismo nombre que le dí en la fiesta; al fin y al cabo, Barceló era conocido por nunca olvidar una cara.

- Rodoreda, Sergi Rodoreda para servirle.

- Encantado, yo soy José Mateu Quintana, seguro que ha oído hablar de mi padre, dado que es el alcalde.

- Y yo soy Don Sebastián de Lucía, director del hospital de Santa Cruz y San Pablo, un placer.

- Hablaremos bien a Barceló de usted, seguro que se hacen amigos.

Y dicho esto se levantaron y se fueron. Ahora ya conocía a tres de los cinco integrantes de aquella macabra fundación que se reunía en el almacén, me faltaban dos, pero seguro que averiguaría quienes eran cuando me presentasen ante el propio Barceló.

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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 05 Septiembre 2013 09:19 publicado por Trysha

    Que terrible curiosidad,tuve que releer un poco para recordar en que íbamos, pero ahora solo quiero saber que hace un brazo en un almacén de gente rica ... Me mata la curiosidad
    Un besote gran capítulo

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 25 Septiembre 2013 03:51 publicado por Mandragás

    Retomo, después de mi fuga temporal de la cárcel que es mi vida, y vosotros me ayudáis a evadirme de nuevo. Estoy dentro de vuestra historia, como un figurante.

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