"Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes."

(Friedrich Nietzsche)

Domingo, 25 Agosto 2013 21:35

La niebla de medianoche (VII)

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Durante la cena se nos fue el santo al cielo, ya era demasiado tarde para permanecer en el restaurante, de modo que subimos de nuevo a la habitación. Allí nos despedimos e hice ademán de irme cuando Natasha me preguntó si quería pasar la noche en el hotel. Aquello me dejó descolocado. La miré con sorpresa y le pregunté si era apropiado, al fin y al cabo, ella era una mujer casada.

Todo cuanto recibí como respuesta fue su más sincera carcajada.

- ¿No pensaría usted que le había invitado a pasar una noche juntos? Creo que el vino le ha nublado el juicio, señor Calders, espero que no sea tan despistado en el trabajo. No, yo iré a dormir a mi propia casa, con mi amado marido, lo que le había propuesto era que durmiese usted en la habitación para no tener que irse, ya que mañana tendremos que encontrarnos de todos modos. Aunque… – se acercó lentamente y me acorraló contra la puerta. – ya que estamos aquí… - su mano comenzó a  juguetear en mi pecho. Entonces abrió la puerta sin previo aviso y guiándome con seguridad me empujó hacia la cama, donde quedé tumbado viendo como ella retrocedía hacia la entrada con una sonrisa burlesca. – Buenas noches, Quim, mañana nos vemos.

¿Alguna vez han despertado con una extraña sensación de incomodidad para luego descubrir que había alguien mirándoles fijamente? Pues no podría estar más cerca de lo que me sucedió a la mañana siguiente.

Abrí mis cansados ojos creyendo haber oído una voz que me llamaba y ante mí se presentó la imagen de un joven mozo sentado al pie de la cama, diciendo que me despertara. Como es lógico, me incorporé y acto seguido tiré de la manta para cubrir mi cuerpo desnudo (así suelo dormir siempre que tengo la ocasión de pasar la noche en una cama).

- ¡¿Quién diablos eres tú!? ¡¿Y qué haces en mi habitación!?

El extraño se rió con una conocida carcajada femenina.

- Técnicamente esta es MI habitación. ¿Se la dejo una noche y ya se apodera de ella? Bueno, si puede pagársela toda suya. - El jovenzuelo se quitó entonces el bombín de su cabeza, dejando caer una larga melena dorada que había escondido con mucha maestría. – Habíamos quedado en reunirnos a primera hora. Al parecer el pequeño y sagaz detective se nos ha quedado dormido. ¿Demasiadas copas anoche?

­- ¿A qué se refiere con “pequeño”?

Natasha suspiró.

- Ay, los hombres… nada es nunca lo bastante grande. En fin, creo que ya va siendo hora de ponernos en marcha.

­- Un momento, ¿va a ir usted vestida así?

- Es mi disfraz para ir por el Raval, ¿y va a ir usted oliendo así o forma parte de su camuflaje?

- Mi olor no viene al caso. Cuando dije que se disfrazase para pasar inadvertida no me refería a esto. Aunque no parezca una mujer sigue usted aparentando ser de alta alcurnia. Incluso el olor es esencial, ¿acaso cree que la gente del Raval huele a rosas?

- Hagamos un trato: yo conseguiré ropas más apropiadas si usted se da una ducha de inmediato.

- ¿Pero no ha oído lo que le he dicho?

- No creo que nadie se acerque para ver como olemos y yo no podré evitar olerle a usted, así que no hay excusa que valga.

- En ese caso le ruego que se vaya.

- ¿Por qué?

- No querrá que me levante y vaya hacia la ducha así como estoy y delante de una dama.

- Una dama que también es su jefa, creo que prefiero quedarme.

- En ese caso no tendrá problema con que yo me quede cuando usted se cambié después.

- ¿Hay algo en especial que le gustaría ver, señor Calders?

- Márchese.

- Creo que no.

- ¡Márchese!

Ella se levantó con una rusa maliciosa.

- Está bien, está bien. Hay que ver, señor Calders, ya recién levantado y con ese humor de perros, parece que viva usted en un enfado perpetuo. ¿No tendrá usted una úlcera? ¿O tal ves almorranas? – La fulminé con una mirada asesina. – No me mire así, tipo duro, ya me voy. - Y tras decirlo se marchó.

Me estaba tomando una ducha larga y vaporosa mientras canturreaba as time goes by cuando escuché la puerta del baño abrirse.

- Se nota que lo suyo no es el inglés, señor Calders.

- Y lo suyo no es la privacidad, por lo que veo.

- La puerta está abierta.

- La ha abierto usted.

- ¿Debo recordarle que es un invitado en mi habitación?

- ¿Debo recordarle que usted es quien me ha dicho que me duchara?

- ¿Debo recordarle que yo soy quien le paga?

- ¿Debo recordarle que soy detective?

- ¿Debo recordarle que soy una mujer?

- ¿Debo recordarle que es una mujer CASADA?

- ¡Pero bueno, señor Calders! ¡¿En qué estaba usted pensando!? Yo sólo he venido a mirarme en el espejo. Es usted el maestro de los malentendidos.

- Y es usted una manipuladora de mucho cuidado.

- Además, de todas formas, yo ya he visto suficiente, digamos que usted parece tener cierto problema con el uso de las mantas cuando duerme.

Decidí ignorar el comentario.

- Ya que está aquí, ¿podría alcanzarme la toalla?

- Será todo un placer.

Vi su blanca mano aparecer a través de la cortina, sosteniendo una toalla con el escudo del hotel.

- Gracias.

Envolví mi cintura con la toalla y salí de la ducha. Cogí otra para secarme el pelo y traté de ignorar la presencia de Natasha, que me miraba divertida. Comencé a caminar parsimoniosamente hacia la cama, cogí mi ropa del sillón y me dispuse a vestirme. La duquesa seguía detrás de mí, mirándome. Parecía estar pasándolo en grande.

- ¿Le importa? Me tengo que vestir.

- Tranquilo, no me importa en absoluto, siga, siga.

- No delante de usted.

- Argh, qué aburrido es, señor Calders.

Ella cerró la puerta del baño y yo pude terminar de vestirme.

- ¿Puedo salir ya?

­- Salga.

Ella abrió la puerta alegremente.

- ¡En marcha! – dijo entre risas.

- ¿Pero aún no se ha cambiado?

- Yo creía que iba bien, ahora no sé que ponerme.

- Tenga, póngase mi chaqueta encima para disimular la nobleza de su traje y ya conseguiremos por el camino una boina para su pelo en vez de ese bombín.

- ¿Qué le pasa a mi bombín?

- Es demasiado llamativo para un barrio como el Raval, de hecho USTED es demasiado llamativa, de modo que trate de permanecer con la boca cerrada.

- Menuda insolencia, ¿debo recordarle quién le paga?

- “¿Debo recordarle quién le paga?” – imité con voz aguda mientras salíamos por la puerta.

Antes de ir al Raval pasamos por la sombrerería Fortuny a comprar una boina para Natasha, y después de un par de comentarios hirientes por parte de ambos, conseguí que se la pusiera.

Partimos sin pausa pero sin prisa hacia el despreciado barrio. Durante el trayecto tuve que soportar las constantes quejas de la duquesa, que decía que se cansaba de caminar y que preguntaba constantemente cuando faltaba. Fue necesario recordarle que estábamos allí por un asunto de su interés y que en primer lugar ella no tenía porque venir para que me dejase en paz.

Finalmente llegamos al susodicho almacén, Natasha corrió hacia la entrada principal.

- ¡Venga, entremos!

- ¡Sí, intente abrirla, rápido! – Dije con mucho ánimo.

Tal y como había supuesto, la puerta estaba cerrada, pero al menos ya tenía lo que quería, a Natasha evidenciada.

- Usted ya lo sabía, ¿verdad?

- Saberlo no, pero no será usted tan ingenua para creer que alguien que acude a un almacén en mitad de la noche para hacer quién sabe qué dejaría la puerta abierta durante el día para que cualquier curioso pudiese entrar. Ya de paso podrían poner un cartel iluminado que dijese “COMO EN SU CASA, SEÑORES”.

Ella hizo entonces lo que llevaba deseando ver desde que la conocí, se ruborizó y vi aparecer en su cara una mueca.

- Podríamos forzar la entrada.

­- Sí, claro, y de paso llamar al cerrajero para que nos haga una copia de la llave. Después podríamos dejar una factura para que nos lo paguen ellos. ¿No cree qué si forzamos la entrada se darán cuenta la próxima vez que vengan? Podría ya de paso dejar mi tarjeta, a lo mejor me contratan.

- Está usted muy desagradable hoy, señor Calders. ¿Ha dormido mal? ¿No ha sido de su agrado la cama? Nunca pensé que alguien que duerme desnudo pudiese pasar una mala noche. Aunque de poco sirve si se duerme solo. ¿Cuándo hace que no duerme acompañado?

- Eso no es de su incumbencia.

- Cuanto secretismo, a ver si tendré que contratar a otro detective para que lo investigue a usted.

- ¿A qué diablos viene esa obsesión que tiene usted conmigo?

- ¿Obsesión? Yo prefiero llamarlo curiosidad.

- Bah, déjelo. Sígame, debe haber otra forma de entrar.

Dimos la vuelta al edificio y al final encontramos un gran muro en la parte trasera.

- ¿Esa es su otra forma de entrar?

- Al menos está abierto.

- ¿Abierto?

- Sí, por arriba.

- ¿Y cómo piensa usted trepar ese muro?

- Es que no lo voy a trepar yo.

Natasha se me quedó mirando mientras yo esbozaba una sonrisa insinuante.

- No, no, vaya buscándose a otra.

- Oh, vamos, es usted más ligera que yo, además, no es como si llevase falda.

- ¡Ya le gustaría!

- Cuando acepté el caso le dije que tendría que colaborar con todo lo que estuviese en su mano.

Ella accedió refunfuñando.

- ¿Y qué hago? ¿Cruzo el muro?

­- Por ahora no será necesario, tan sólo asómese y dígame qué ve.

Cargué a Natasha sobre mis hombros para que ella alcanzase a ver por encima del borde del muro.

- ¿Hay una entrada?

- Veo una puerta, pero no va a poder entrar, es de metal y parece muy resistente, pero también hay una ventana, aunque tiene barrotes.

- Tranquila, de los barrotes puedo encargarme. ¿Ve algo más?

- El suelo está sucio, ennegrecido. Hay un gran contenedor de carbón y una pila de madera al lado.

- ¿Algo más?

- Hay algo detrás de los troncos, pero no lo consigo ver.

- Espere, me voy a mover un poco a la derecha.

- Hágalo rápido, con el viento en cara huele fatal.

- ¿Lo ve ahora?

- Creo que sí, parece una especie de tronco o…

- ¿O qué, qué es? - Entonces Natasha se agitó bruscamente y ambos caímos al suelo. - ¿Está usted bien? ¿Se ha hecho daño? - Pero ella no respondía. Estaba tumbada en el suelo con la mirada perdida. A causa de la caída, se había rajado una pernera, aunque no parecía herida. – ¿A qué ha venido eso? ¿Qué ha visto?

- Un brazo…

- ¿Qué?

- He visto un brazo… un brazo humano…   

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4 comentarios

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 28 Agosto 2013 06:47 publicado por Mandragás

    He tenido el privilegio de leer de un tirón todo lo publicado de esta historia, magnifica historia, debo decir. Me habeís dejado en el punto más suspensivo! ahora estoy enganchado y me voy de vacaciones, no se si podré leer allí donde esté. Tendré sindrome de abstinencia si no es así. XD
    Gracias por este buen rato!

  • Enlace al Comentario Trysha Viernes, 30 Agosto 2013 10:26 publicado por Trysha

    Magnifico Chicos... me ha encantado, espero mas y mas de ustedes... un besote.

  • Enlace al Comentario Trysha Viernes, 30 Agosto 2013 10:26 publicado por Trysha

    Magnifico Chicos... me ha encantado, espero mas y mas de ustedes... un besote.

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Martes, 03 Septiembre 2013 21:23 publicado por Alice_abysm

    Wow, que lo han dejado en lo mejor, menos mal que ya publicaron el siguiente XD parece que este parcito son similares y no se aguantarán por mucho tiempo así XD

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