"Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin cesar!

con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa." (Charles Baudelaire) 

Lunes, 19 Agosto 2013 16:46

La niebla de medianoche (VI)

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La puerta de mi despacho se abrió y una Júlia llena de preocupación la cruzó a toda velocidad.

- ¡Menos mal, creí que te había pasado algo! Cuando vi que no volvías empecé a preocuparme.

- Ya le dije que si no volvía nos reuniríamos aquí. Por cierto, ¿cómo ha vuelto a casa?

- Ah, eso… - Júlia se sonrojó y se apartó el pelo de la cara. – Alessandro me llevó en su coche. Por cierto, esos trastos son asombrosos, parecía casi como si volásemos.

- De modo que el maldito italiano ha ascendido de “doctor Ferrari” a “Alessandro”, ¿no le parece muy mayor?

- No te pongas celoso, sabes que si puedo tuteo a todo el mundo.

-¿Acaso él le ha dado permiso para tutearle?

- Él me tutea.

- Ah, malditos macarroni, mal educados.

- Pues se portó como un verdadero caballero, de hecho, creo que tiene el título, ¿o lo era su padre? No me acuerdo bien.

- ¿¡Le ha hablado de su família?!

- Y yo de la mía. – Júlia parecía divertirse mucho con esa situación.

- ¡Pero si estamos casados!

- No, no, no, el señor Rodoreda y la señora Pàmies están casados, pero aquí donde la ves, la señorita Júlia Oliver está perfectamente soltera.

- ¡¿Acaso le ha contado quien eres!?

- No sé si tu noche llena de emociones con Barceló te habrá hecho olvidarlo, pero el decano Adrià ya tiró de la manta anoche, así que a menos que sean amnésicos o muy estúpidos ya habrían deducido que yo tenia de esposa tuya lo que tú de psicólogo.

- ¡Ah, que al decano también lo tuteas!

- Sí, es muy buen hombre, ¿sabes? Me preguntó si estudiaba y una cosa llevó a la otra y… en fin, ¡me ofreció una beca para la universidad Ramón Llull!

- ¡¿Una qué!?

- ¡Sí! Incluso dijo que si me interesaba el tema podía darme clases privada de psicología, ya que la asignatura no está permitida en nuestro país. Imagínatelo, yo, psicóloga, codeándome con las grandes mentes científicas del momento. – dijo llena de emoción, dando pequeños saltitos.

- De modo que, en resumen: Un hombre al que no conoce de nada y al que se presentó con un nombre falso le ha dado una beca en una universidad privada, por lo tanto CARA, y le ha ofrecido clases privadas de psicoanálisis mientras su amigo el macarroni intentaba llevársela a la cama.

- Sólo fue su coche, Quim.

- A saber qué usos le da un italiano a su coche.

- Quim, me parece que estás exagerando un poquito.

- Yo no exagero, ¡tú exageras!

- Yo no exagero, esto es lo que pasó de verdad, tú exageras.

En aquél momento decidí que ya había tenido suficiente de aquello y me levanté para dirigirme a la puerta.

- Me voy, llego tarde a una cita.

- ¿Entonces cierro la oficina?

- ¿Es que sale usted ya?

- Sí, es que había quedado para cenar esta noche con Alessandro y Adrià para discutir el tema de la beca.

- ¡Se acabó, me voy!

- Ah, sí, casi lo olvido, ¿qué tal fue el seguimiento de Barceló? ¿Descubriste algo?

Emití un gruñido y salí dando un portazo. Caminé refunfuñando y maldiciendo a Italia, a los italianos, y a todos los platos de pasta existentes.

- Maldigo el día en que fui a esa fiesta; maldigo el día en que acepté este caso; maldigo el día en que contraté a Júlia y sobretodo maldigo el día en que decidí que ser detective era una buena idea. Ojalá hubiese acabado la carrera. Ahora mismo podría estar sentado en un hermoso despacho del ayuntamiento estampando sellos junto a Dorotea y viviendo del estado.

Volví al vestíbulo del Ritz, me volvió a saludar el mismo maldito lacayo, volví a preguntar por el condenado Wade Wilson, y me volvieron a llevar a la estúpida habitación 327. Y allí estaba la dichosa Natasha, la fuente de todos mis dolores de cabeza de los últimos días (ya sabía yo que esa mujer no podría traer sino problemas).

- Bienvenido, señor Calders, le veo un tanto… irritado. – dijo mientras me invitaba a sentarme con la mano.

­- No es nada, déjelo.

La duquesa se puso su cigarro de boquilla larga en la boca y lo encendió inclinando su cabeza hacia abajo. Me fijé en sus labios rosa pálido, que contrastaban perfectamente con su piel blanco marfil. Mientras daba un par de profundas caladas comenzó a juguetear con un mechón de su dorado cabello.

- Hay algo nuevo que deba saber?

- Al parecer su marido y cuatro hombres más abandonan las fiestas a medianoche y se escabullen hacia un almacén aparentemente abandonado en el Raval. No me ha sido posible entrar sin ser descubierto así que no tengo ni idea de que hacen cinco hombres solos en un almacén a altas horas de la noche. Aunque se me ocurren un par de posibilidades que no creo que sean de su agrado ni del de la iglesia.

- De modo que reuniones clandestinas… Y no sabe nada más, ¿verdad?

- Ya le he dicho que no, no me haga repetir las cosas.

Mientras decía eso saqué un cigarrillo del paquete que guardaba en el bolsillo interior de mi chaqueta y lo encendí.

Ella me miró con cara de incrédula.

- No sabía que usted fumase.

- Ni yo que el señor Aguilar gustase del coñac ajeno.

- Algo me dice que la razón de su enfado va un poco más allá que una botella de coñac.

Di un par de caladas a mi cigarrillo ignorando el incisivo comentario.

- Y por no saber, no sabe ni fumar, parece un mono chupando un palo, no tiene clase alguna.

­- Bueno, según Darwin venimos del mono.

- Sí, pero algunos llegamos más lejos que otros. – Entonces se levantó de su sillón, me arrebató el cigarro de la mano y lo apagó, agarró el paquete de mi chaqueta, sacó uno nuevo y se lo puso en la boca. – Déme fuego. – ordenó mientras se inclinaba hacia mi pecho.

Saqué el mechero de mi bolsillo y lo encendí. Mientras el cigarro prendía podía ver con todo detalle sus turgentes pechos semiocultos en su vestido claro. Cuando estuvo encendido del todo, Natasha dio un par de profundas caladas. Su busto de hinchaba con cada inspiración que daba.

- Tiene que retener el humo en su cuello, sin llegar a tragarlo. – Y dicho esto exhaló suavemente el humillo cerca de mi cara. Entonces puso el cigarro en mi boca, aunque sin llegar a soltarlo y me susurró al oído. – Ahora lo haces tú.

Le di una calada e intenté retener el humo en mi laringe, pero me sobrevino una tos delatadora, por lo que la duquesa apartó el cigarrillo y volvió a demostrarme cómo se hacía, pero esta vez a muy poca distancia de mis labios. De nuevo lo puso en mi boca y en ese intento parecí cumplir con sus expectativas, puesto que retiró de nuevo el cigarro de mi boca y volvió a sentarse en frente de mi mientras le daba las últimas caladas.

- Supongo que no está mal para un principiante. – parecía ignorar el ardiente rubor que había aparecido en mis mejillas. – Y volviendo al tema que nos ocupa, ¿cuál será su próximo paso en la investigación?

- Creo que mañana, aprovechando que no habrá ninguna reunión, intentaré entrar en el almacén y averiguar todo lo que pueda allí dentro.

- Voy con usted.

- ¿Está loca? Una mujer como usted no duraría ni dos minutos en las calles del Raval.

- Y usted no duraría ni medio minuto si fuese solo. Además, si me permite ir con usted le invito a cenar esta noche conmigo en el restaurante del Ritz. No querrá que una mujer como yo tenga que cenar sola.

- Venga, qué demonios, auque dudo que exista en una mujer como usted la capacidad de comer sola.

Bajamos mientras decidíamos que pediríamos lo que estuviese en el menú vespertino.

Nos sentamos y descubrí con desdeñosa sorpresa que el primer plato consistía en unos espaguetis frutti di mare, malditos italianos.  

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Martes, 20 Agosto 2013 20:09 publicado por Alice_abysm

    Me encantó el capítulo y me hizo reír la escena de celos XD Pobrecito de Quim y que ahora esta chica le este coqueteando, algo se trae entre mano, está bien que quiera ayudar en la investigación pero luego van a comer al restaurant, ¿No es exponerse peligrosamente? Que si alguien conocido los ve juntos, sumará dos y dos, y se dará cuenta que algo ahí. Ya quiero saber que hay en el almacén de la reunión clandestina que montaron ayer :)
    Pobres italianos, les deben estar ardiendo las orejas con todas las maldiciones que soltó contra ellos, y mira que algunas pastas son ricas para insultarlas XD

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 22 Agosto 2013 08:54 publicado por Trysha

    Increíble jajaja me reí mucho ya quisiera yo conocer unos italianos que me dieran una beca jajajajajaja aunque no tengo una buena experiencia con los italianos...
    Una gran historia me ha encantado felicitaciones es muy atrapante y llena de detalles
    Un besote

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 28 Agosto 2013 06:39 publicado por Mandragás

    meraviglioso! talento, amici! Porca miseria!

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