"En sus momentos de lucidez, todos los locos son sorprendentes."

(Casimir Delavigne)

Martes, 09 Julio 2013 18:24

La niebla de medianoche (II) Destacado

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Lo primero era lo primero: si quería averiguar la verdad acerca de Barceló tenía que saber más acerca del matrimonio. De modo que decidí ponerme en contacto con mi hombre de confianza en el ayuntamiento: Don Anacleto Dorotea. Don Anacleto y yo habíamos estudiado juntos en la facultad de derecho, pero a diferencia de mi, él sí había sido capaz de soportar esos cuatro tediosos años y terminar la carrera. Ahora, el muy afortunado se gana la vida pasando el día sentado en un despacho (que a duras penas debe llegar a los cuatro metros cuadrados) certificando las uniones maritales de la bellísima ciudad condal.

Siempre he disfrutado de un buen paseo por las calles barceloninas, aunque este se trate de algo tan breve como llegar desde mi despacho en Via Layetana hasta el ayuntamiento en la Plaça Sant Jaume. En cuanto me vio en el vestíbulo durante su pausa para fumar advertí un brillo de interés en sus ojos; “¿Con qué me vendrá ahora este bala perdida de Calders?”

- Vaya, vaya, vaya, dichosos los ojos. ¿A qué se debe el honor de vuestra presencia aquí, monseñor Calders?

- No mucho, querido amigo, casualmente pasaba por aquí y he pensado: “¿Qué diablos, por qué no entrar a visitar a mi querido compadre Don Anacleto Dorotea?”

- Usted a mi no me engaña, si se ha tomado la molestia de  visitar a este humilde funcionario es porque sin duda anda metido en algún embrollo de mil diablos, hablando de diablos. – dijo mientras daba una larga calada a su pipa de espuma de mar.

- Me has pillado, lo reconozco. La verdad es que recientemente he aceptado un caso bastante jugoso, con mucho diablo, ciertamente.

- Pues no entiendo en qué punto del caso entraría un servidor. ¿En qué diablos le puedo ayudar?

- Mire usted, resulta endiabladamente sencillo. Simplemente necesito que me permita echar una pequeña ojeada a ciertos registros matrimoniales.

- ¿Y a qué registros se refiere? Le ruego que sea usted más concreto.

- Los registros de aquellos matrimonios que tuvieron lugar dos años atrás.

- Por supuesto, nada más fácil, sígame, pero vaya con cuidado, no sea el diablo que el supervisor se enterara. A todo esto, ¿puedo preguntar qué está buscando exactamente?

- Pues verá, concretamente necesitaría reunir toda la información disponible acerca del matrimonio de los Barceló.

En cuanto terminé la frase mi amigo se paró en seco y me miró con preocupación.

- ¿Los Barceló? No se referirá usted al de Doña Natasha con el buen amigo del alcalde.

- Ha dado justo en el clavo, definitivamente tiene usted mucho diablo para estas comidillas.

- ¿Para qué quiere usted esa información? – Preguntó temeroso mientras entrábamos en la sala del archivo.

- Al parecer Doña Natasha sospecha de que su amado esposo picotea de otros platos.

- Está usted dando de comer al diablo, señor Calders. Pero supongo que no hace falta que se lo diga, y de todos modos dudo que este humilde servidor pueda convencerle de que abandone sus pesquisas.

- Tiene usted toda la razón, no pienso dejar el trabajo. Ahora , si le place, comencemos a buscar.

Tras lo que para un reloj serían unos quince minutos, a pesar de que para mí fueron algo más que quince horas, dimos con el dichoso certificado.

El señor Barceló y Doña Natasha contrajeron matrimonio un veintidós de Mayo haría ya dos años atrás. El padrino del acaudalado comerciante fue ni más ni menos que su queridísimo compañero de festejos, el mismísimo hijo del señor alcalde, José Mateu Quintana. Por parte de Natasha, el padrino fue su mismo padre, Nicolai Bolshoi.

Aquello era todo cuanto necesitaba por el momento para saber más de la feliz pareja, por una parte un íntimo amigo del novio y por la otra ni más ni menos que el propio padre de la novia; aquello estaba resultando muy fácil, quizá demasiado.

- Le agradezco encarecidamente su colaboración, mi querido amigo. Parece que nos hemos llevado el diablo al agua.

- ¡Pero bueno!  ¡¿Se puede sabe qué le ha dado hoy a usted con el diablo?!

- Bueno, responda usted, monseñor. Al fin y al cabo, yo lo he mentado primero, pero ha sido usted quien ha decidido seguirme el juego.

Entonces Don Anacleto me regaló a la vista con algo que raramente hacía y que no creía que iba a ver nunca, una carcajada.

- Ah, señor Calders, verdaderamente está usted hecho un diablo cojuelo.

Después de acordar con él tomarnos un café en “Els Quatre gats” tan pronto como hubiese terminado con el caso, nos despedimos con un firme apretón de manos y salí satisfecho del ayuntamiento.

Leído 1159 veces Modificado por última vez el Miércoles, 17 Julio 2013 11:24

3 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Martes, 09 Julio 2013 18:56 publicado por Trysha

    Bueno, la historia mola, me encanta la forma en que la cuentan la historia pero muero de curiosidad por saber que vieron...
    me dices???
    espero que aparezca la siguiente pronto...
    un besote.

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 10 Julio 2013 01:22 publicado por Mandragás

    Yo ya me veo por las calles de Barcelona. Me váis situando en el escenario. Cuando el suspense comienza así, relajado generalmente es buena señal.

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Jueves, 11 Julio 2013 15:40 publicado por Alice_abysm

    Me gusto mucho el cap :) Yo también iba a decir porque tanto diablo XD es que salió hasta por si acaso en la conversación. Seguro que las cosas pronto se tornaran complicaditas y quizás allá alguna muerte de por medio para el suspenso. Espero el siguiente cap :)

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