"El verdadero amor, el sólido y durable, nace del trato; lo demás es invención de los

poetas, de los músicos y demás gente holgazana." (Benito Pérez Galdos)

 
Domingo, 23 Febrero 2014 19:38

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Camino entre las calles de alguna ciudad desconocida. Son calles desordenadas, como si quisieran que me perdiese estúpidamente, pero preciosas y llenas de luz, casi demasiado. El cielo está completamente cubierto de un blanco inconfundible. Giro las esquina según me apetece hasta llegar a lo que parece una plaza enorme y casi vacía. Tan sólo puedo ver a un anciano, trajeado y sentado en una silla de bar. A medida que me acerco lo puedo diferenciar con detalle: su traje es gris como su cabello corto y bien peinado, y lleva gafas finas y discretas. Parece una persona de baja estatura y está inmóvil, esperándome mientras me mira. Y yo camino hacia él porque no hay nada más que hacer. Este lugar me ha atrapado como un laberinto sin pérdida pero sin salida. Estoy tan solo que la idea de compañía me asusta. Y él... simplemente está ahí mientras me acerco.

Me fijo en esta ciudad aberrante e intento descifrarla. Los portales de todas las casas son idénticos y no tienen número alguno, el suelo es perfecto y sin falla ni accidente a la vista. Todos los árboles son naranjos y rebosan de su fruta. Aún así, el gris domina y el paisaje entristece, porque todo está tan cerrado, plano y adormecido. Casi sin intención de existir. La contradicción visual me confunde y me hace pensar si este lugar me intenta engañar con esta apariencia imperfecta y despistada por momentos. Y pienso si esta ciudad soy yo.

Me encuentro enfrente del anciano, y me habla.

-¿Tú no escribías poesía?
-Aún lo hago.
Es cierto. No tanto como querría, pero escribo poesía.
-Últimamente no sé nada de ti. Te necesito, necesito que escribas más. Quiero más poesía tuya.
-Mi poesía es solo mía. No te pertenecemos, anciano.
¿Qué se ha creído? Mientras me habla, no se mueve ni cambia su expresión. No me mira tristemente, ni enfadado. Sólo está sereno y eso me pone nervioso.
-Pero quieres dármela, y yo quiero que me la des. Sólo tienes que escribir y todo irá bien.
-¡No puedo! ¿Crees que esto es fácil? Estoy cansado y aborrezco mis versos. Necesito algo más.
-No seré yo quien te ayude.
-No necesito tu ayuda. Crees que la poesía son sólo unas palabras bonitas, y te equivocas. La poesía es mi vida resumida. Lo que no quiero ver pero veo. Lo que deseo y lo que pienso. Lo que quisiera hacer. Mi poesía es lo que siento... y conozco lo que siento porque siempre es lo mismo, pero no lo entiendo. Si no entiendo lo que siento, no entiendo lo que escribo.
-Entonces no sientas.
-Entonces no escribo.

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Iván

No puedo describirme en un par de oraciones. Si quieres conocerme, sólo léeme. Si quieres leerme, me conocerás sin darte cuenta. Si deseas hacer ambas cosas, dímelo, para mí es un logro.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Trysha Martes, 25 Febrero 2014 01:15 publicado por Trysha

    Ivan, cuanto tiempo... me alegra mucho leerte, ademas de este relato tiene una gracia poco comun, supongo que he visto tambien a ese anciado diciendome que escriba.
    Me gusto mucho, por favor no dejes de escribir nunca, felicitaciones por tu gran escrito.

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