"Cuanto más posee el hombre, menos se posee a sí mismo."

(Arturo Graf)

Martes, 23 Abril 2013 03:16

LOS SIETE VELOS ( y 5)

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                   LA HISTORIA DE NAMMAH. Nammah, la complaciente, estaba sumida en la mas auténtica miseria. Como embarrada en un lodazal. Solamente quedaba  la negación de mí misma. La experimentación de la  nulidad. La constatación del no ser.  Ahora no fue uno si  no los dos esbirros los que a la  vez  me gritaron y me amenazaron:

  • Vamos puta, enséñanoslo.
  • Descúbremos tu tesoro.
  • Ofrécenos lo que es nuestro.
  • ¡Es que nos vas a negar tu mayor encanto!

                   No gritaban ni ordenaban. Imponían y obligaban. Ante la necesidad de complacerles mis dedos se obstinaron en desobedecerme y prolongaron el suplicio de librar el enganche de la seda para liberarme de ella y entregarles lo que reclamaban. Su excitación era tal que su deseo les hacía  jadear y resoplar. Unos sonidos que anulaban mi consciencia de la música aunque seguía bailando, pera escuchar tan sólo el ruido de la soez fuerza de la violencia.  Estaba convencida de que Nammah ya no vivía, que la Complaciente no existía. Sus rebufos resonaban amplificados. Por fin el enganche cedió y la seda salió. La dejé deslizarse desde mi mano sin que su caída suscitara el más mínimo sonido, ni tan siquiera el de la leve brisa callada y silenciosa. Al verme los resoplidos  bestiales cesaron de golpe. Sólo el poderío del silencio era lo que se escuchaba. Fueron unos instantes que duraron siglos. Era mi conciencia de que yo ya no existía, que esperaba que las dos fieras se lanzaran sobre mi para cumplir su promesa de gozarme antes de degollarme.

                   Soporté el peso del silencio constatando el poder del tiempo que hace estalactitas o mantiene momias. Experimenté lo que tardaba en llegar la muerte anunciada. Tanto que no fue capaz de alcanzarme. De repente como un rayo, aunque fue un siseo, como un trueno sin ruido, como un relámpago sin luz, como el más poderoso de los efectos naturales que quebrara el silencio de siglos de la espera, fue lo que percibí. Cuando pude sobre imponerme y recoger los jirones de fuerza que siempre nos quedan cuando las hemos perdido todas,  abrí los ojos. Ante mi estaban  los dos fieros rostros de las  dos bestias a punto de alcanzarme, con sus ojos desorbitados, sus bocas abiertas como fauces enseñándome sus sucios dientes multiplicados como los de los tiburones.

                   Sus rostros barbudos, grasientos, sudorosos  y desesperados concentraban su impotencia y su deseo, su amenaza y su angustia cuando estaban dispuestos ya a alcanzarme. De pronto todo se recuperó y el silencio de siglos se rehizo en un instante en el que aprecié lo que había sucedido. Los dos monstruos, como dos cuentas de collar, estaban ensartados por una enorme flecha que les travesaba de costado a costado. En cuanto lo vi cayeron al suelo como fardos arrojados. Giré la vista y le vi. Allí estaba Anko, mi amigo y paladín, mi salvador y guardián, mi fiel amado. Todavía tardó en llegar a mi y cuando me alcanzó nuestros brazos se cruzaron seguros de su camino para fundirnos en el más amoroso y vivificador de los abrazos. Agua y fuego, mujer y hombre. El símbolo líquido femenino sumado al masculino de la ignición. unidos en la más excelsa fusión posible de los elementos.

                   En mi vida de harimtum,  y quiero ser de las mejores, esta Anko y otros varios hombres que toman su figura y su nombre y vienen en mi busca para a través de mi cuerpo de sacerdotisa de Ishtar acceder al encuentro de la divinidad. Con esa fe y esa pasión me entrego a ellos, trasladándoles a través de mi cuerpo y de mi entrega de sexo y amor la transcendencia de mi ministerio sacerdotal. Así lo hacia mi diosa que se entregaba en su palacio y también en las tabernas a las que iba en busca de los necesitados. Así lo hacemos nosotras, que apagamos la sed del sediento y alimentamos al hambriento entregándonos bajo esa norma que es la de nuestro sacerdocio: sumisas como hembras y orgullosas y libres como mujeres. Como a Anko me entrego a quienes me los demandan sean príncipes o mendigos, porque para eso estoy al servicio de mi diosa. Los hombres vienen y se van cuando me usan y yo me entrego y me encuentro con su condición de hombre para quienes fuimos hechas las mujeres. Ellos se van y nosotras permanecemos en el vínculo de nuestro sacerdocio con nuestra diosa. La que bajó al Infierno y murió para renacer,  como yo he renacido viviendo mi entrega a los hombres, a los que he renunciado voluntariamente por mi servicio en el templo. A las ahatus nos queda el amor que entre nosotras compartimos, esa otra grandeza del amor nuestro libre y voluntario, generoso.

                   Esta es mi historia, la de Nammah, la sacerdotisa de Ishtar en la mesopotámica ciudad de Uruk. Lo que me sucedió en la noche de aquella memorable celebración del solsticio de primavera. Así como ocurrió te lo cuento para que tengas el testimonio de una feliz ishtarium que ha dedicado su vida al servicio de la diosa.

        

 

 

 

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Nama

Yo soy yo... y mis circunstancias,  ser que habito buceando como Namarya Xue y conocida como Nama en Seconf Life. A veces emerjo, como ahora, en la primera vida. ¿Cual es la realidad?¿Esta o aquella? A responderme todavia no llego. Desde aquella esta con ser la verdadera me lo  parece menos, quizá porque aprecio como todo es tan relativo sometido a las circunstancias. Mi mundo imaginario y creativo brota, pues, y crece y se dasarrolla desde la ficción y la ficción entonces puede ser realidad, pero como Alicia la vería desde el otro lado del espejo. 

3 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Martes, 23 Abril 2013 14:54 publicado por Trysha

    ahhhhh q emocion un heroeeee ....me quede babeando por él jajajja si los serviciis religiosos fueran asi nadie se perderia la misa...
    me encanti Nama.felicitaciones

  • Enlace al Comentario Blacknordok Miércoles, 24 Abril 2013 17:20 publicado por Blacknordok

    Concuerdo con lo de la misa XDD
    La mitología sumeria es bastante interesante, me ha encantado la historia, muy bien plasmados los sentimientos de Namah.

  • Enlace al Comentario Angy Viernes, 26 Abril 2013 15:08 publicado por Angy

    Hola Nama, la vida en el santu no parece siempre facil. Menos mal que venian a salvarte de los dos "animales".
    Vivir como sacerdotisa de Ishtar puede ser un sueño para una mujer abierta pero hay que ir siempre con un ojo critico para ver a los mal intencionados.
    ¿todo de Ishtar es real o solo fantasia?
    ¡Muy bien escrito!

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