"Cuanto más posee el hombre, menos se posee a sí mismo."

(Arturo Graf)

Viernes, 19 Abril 2013 03:17

LOS SIETE VELOS (3/5)

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                   LA HISTORIA DE NAMMAH. La apacible noche de la nueva primavera respondía con su oscuridad a los reclamos de luz de antorchas y perfumadores. Por eso sabía que mi cuerpo destellaba prodigios de belleza y encanto ante el muro del atrio y ante la Gran Puerta de azul lapislázuli que da acceso al Gran templo.

                   En ese ensueño estaba sumida dejándome arrastrar por la música que sonaba como la marina en la amanecida,  cuando me sobresaltaron unas estruendosas risotadas. Abrí los ojos. Dos hombres en sus formas, con clara imagen de facinerosos,  me acechaban. Me quedé paralizada.

  • Baila, puta.-me gritó uno de ellos.
  • Muévete, ramera –me conminó el otro.

                   A mi cuerpo le costó tanto obedecer a sus órdenes como me costaba con  las de la misma música que me seguía guiando. La fiereza de sus expresiones me siguieron urgiendo,   pero mis miembros paralizados no podían vencer la fuerza que les impedía moverse y sólo poco a poco retomaron el movimiento.

  • Baila con gana, raposa miserable –me gritó uno de los siniestros.

Me empeñé en que mi cuerpo, siempre tan dócil para la danza, se recuperara a sí mismo y  experimenté la negación de la facilidad para conseguirlo.

  • O te mueves con gracia o te descuartizo ahora mismo –gritó, al tiempo que con su enorme espadón golpeaba el suelo haciendo resonar el acero.

                    Como si hubiera sido un campanazo la nueva orden del energúmeno hizo que mi cuerpo inesperadamente recuperara el movimiento. No del todo debió ser, porque una nueva orden grosera me amenazó.

  • Vamos,  puta. Quiero  verte menear con ganas.

                   Estimulada  la puta, obedeció por encima de mi propia voluntad. Ella era,  una vez más,  la fiel servidora de Ishtar que se imponía sobre mis propias decisiones. Mi cuerpo se reencontró con  la música y se dejó llevar por ella. Recuperó la armonía. Mis extremidades el movimiento, sus mecanismos internos el ritmo, mis articulaciones la gracia. También  mis facciones debieron recuperar su lugar en la belleza, porque los dos monstruos reían al unísono mientras gritaban:

  • Sí zorra, eso es lo tuyo.

                   Lo mío era yo, pero aquello era lo que a los endemoniados  les complacía.

  • Auténtica delicia de dioses es verla.

                   Nuevas risotadas coronaron estas palabras, que más que elogios parecían dagas.

  • Es la mismísima  Ishtar bailando para nosotros.

-     Kurlo no se lo creerá.

                   Los facinerosos habían hablado y lo que yo me temía se confirmaba. Eran de las gentes de Kurlo, el despiadado y criminal bandido que se refugiaba en las montañas y con su banda de malhechores asolaba las aldeas del entorno.

                   Mi cuerpo volvía a ser mío, aunque sentía necesidad del llanto y mis lagrimales, manantiales sin vida,  no manaban. Era el poder del miedo lo que me dominaba. Obediente seguía bailando mientras le suplicaba a la música, en vez de obedecerla ciega y pasivamente como siempre hacía, que fuera ella la que me arrastrara. Por eso yo no oía las voces y risas de la orgía. No distinguía que allí, tan cerca, separada por el muro que siempre separa el no ser del ser,  había seres amigos en una fiesta de amor. Yo estaba  sola en el mundo ante aquellas dos bestias que me seguían urgiendo rabiosas y amenazantes.

  • Vamos, taimada, muéstranos que más  sabes  hacer antes de que te violemos.

                   Violarme. La negación del amor, para quien no da o recibe sino que arrebata. Sus intenciones quedaban claras. Me reprimí un hipido y un gemido de terror. Con eso no conseguiría  nada más que estimularles más en sus deseos brutales. Por un momento abrí las ojos y paradójicamente aprecié el vaivén armonioso de mi mano en el ritmo de la danza. La belleza  no se desvanece por la tragedia.

  • Vamos ramera, no decaigas antes de que acabemos contigo.

                   Hasta espuma echaba la boca del bribón.

  • O querrás que te gocemos y luego te cortemos la cabeza ya inservible de perra solitaria.

                   La amenaza cruenta del otro infame me intimidó e hizo que el llanto de la desesperación, como la ponzoña,  me corriera por dentro.

  • Descúbrenos tu cuerpo de puta  –me gritó uno de los taimados.
  • Eso, haz que te disfrutemos antes de gozarte  –coreó el otro infame.

                   Entendí su mensaje, porque una no pierde su oficio de puta hasta en los momentos más extraordinarios. No eran  mis pechos, eficaces talismanes,  lo que pudiera mostrarles,  pues los lucía  al aire, como era nuestra costumbre y exhibían  las sedas de la ceremonia. Por eso me desprendí del aderezo que en forma  de sucinto peto soportaba las copas de mi busto. Lo arrojé al suelo y tintineó irregular, como falsas monedas,  resbalando sobre la piedra antes de quedarse definitivamente callado.

    -Así, puta asquerosa, muéstranoslo todo.

 

 

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Nama

Yo soy yo... y mis circunstancias,  ser que habito buceando como Namarya Xue y conocida como Nama en Seconf Life. A veces emerjo, como ahora, en la primera vida. ¿Cual es la realidad?¿Esta o aquella? A responderme todavia no llego. Desde aquella esta con ser la verdadera me lo  parece menos, quizá porque aprecio como todo es tan relativo sometido a las circunstancias. Mi mundo imaginario y creativo brota, pues, y crece y se dasarrolla desde la ficción y la ficción entonces puede ser realidad, pero como Alicia la vería desde el otro lado del espejo. 

2 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Viernes, 19 Abril 2013 08:31 publicado por Trysha

    este capitulo es especialmente interesante... ella se disocia de la puta...la separa de si misma... casi lamentando tener ese ser en su interior...
    me encanta esta historia... un besote enorme

  • Enlace al Comentario Blacknordok Viernes, 19 Abril 2013 21:01 publicado por Blacknordok

    Interesante conflicto cuando sus obligaciones como sacerdotisa se interponen con sus deseos personales.

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