"La civilización es, entre otras cosas, el proceso por el que las primitivas manadas se transforman en una analogía,

tosca y mecánica, de las comunidades orgánicas de los insectos sociales."( Aldous Huxley)

  
Miércoles, 17 Abril 2013 03:19

LOS SIETE VELOS (2/5)

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                   LA HISTORIA DE NAMMAH.  En otro orden de cosas reconozco mi particular afición -¿se puede  calificar de desmesurada?-,  a la danza. Si dispongo de un rato de asueto y llega a mis oídos cualquier melodía rítmica, del instrumento que fuere, muevo mi cuerpo, como una barrukia * (instrumento de forma, respuesta musical y prestaciones parecido a una guitarra con un muy largo mástil)  para que  se comporte como esta. Aunque la barrukia lo hace con sus propios sonidos, sus cuerdas se cimbrean con los acordes resonando sus notas  en el interior de su cuerpo. Así responde el mío haciendo que mis formas femeninas bailen al compás rítmico de los acordes.

                   Por eso no resulta infrecuente encontrarme, en compañía o sola,  entregada a la danza en cualquier lugar del Santuario. En este abundan los ukinos* (Músicos, habitualmente ciegos, que provistos de una barrukia u otro instrumento apropiado tocan melodías adecuadas a las danzas) y me basta escuchar a uno para que mi cuerpo se entregue a la danza, como la amante al amado,  con toda sumisión. En cuanto escucho la melodía me siento atraída por su aroma que se me cuela por los sentidos y una vez que se adentra en mi cuerpo, como cuando se ingiere el alcohol,  atrapado por su densidad, se entrega al baile que deja de ser una experiencia sensorial para convertirse en vital. Mis vísceras, se estremecen sibilinas en una forma similar a las de las cuerdas vibrantes de los instrumentos, mis músculos se sumen en el frenesí del ritmo, que repercute en ellos como aleteos, y mis huesos entregados al vaivén sincopado del movimiento, participan en un mismo festejo. Mis sedas ondean al viento como banderas del ejército de mi cuerpo y mis joyas y abalorios relucen con el  sol, emitiendo guiños de luz.

                   Yo me aíslo del tiempo y del espacio con mi cuerpo y mi espíritu momentáneamente disociados. Mi espíritu flota y navega por las regiones del ensueño y la fantasía en donde la realidad pierde sus  contornos, los que expresan los límites de las experiencias, haciéndose las dimensiones infinitas e ilimitadas, mientras mi cuerpo dotado de vida propia y autónoma se mece y estremece obediente a la imposición de la música.

                   Si, esa soy también yo. La danzante y  bailarina que respondo al nombre de Complaciente, Nammah,  que ejerzo cotidianamente como hieródula, prestándole mi cuerpo a la diosa, para el placer de peregrinos y usuarios, en el pleno sentido del término, que utilizan mi cuerpo como instrumento de placer con el que ellos se estimulan para hacer que sus cuerpos alcancen los deleites de los dioses.

                   Por eso tiene más sentido todo lo que me sucedió  a mi, Nammah. Todo discurría con normalidad en mi vida  de sacerdotisa de Ishtar hasta que ocurrió lo que marcaría el resto de mi vida.  En el Gran Templo de Uruk,  el mayor y más representativo de  los siete de sumeria, el  que tiene más magnificencia y en el que se celebran los más prestigiados ritos y ceremonias,  habíamos celebrado la fiesta principal del equinoccio de primavera, la de la hierogamia en la que Ishtar se encarna en la Entu Ugbatu  y esta  se entrega al rey, en el altar y este la posee ante todos los fieles. Es una fiesta de la fertilidad, que tras la gran ceremonia continúa en una gran orgía en la que sacerdotisas y mujeres libres se entregan  a los machos poseídos de un mismo deseo.

                   La orgía estaba teniendo lugar al otro lado del muro del atrio del Gran Templo, al que tuve que acudir por razón de los pebeteros que seguían ardiendo con los aromas y humos de los aceites e inciensos del rito recién acabado. Al regresar,  cruzando el patio, escuché las músicas y las risas que me llegaban del otro lado del muro y no pude resistirme. Me paré y mi cuerpo se entregó a la danza inmediata que la música que oía me reclamaba. Todavía lucía mis galas de cemonia con las  finas sedas blancas y púrpuras de mi atuendo sobre mi piel clara y tersa, mis joyas brillantes y mis aderezos relucientes.

 

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Nama

Yo soy yo... y mis circunstancias,  ser que habito buceando como Namarya Xue y conocida como Nama en Seconf Life. A veces emerjo, como ahora, en la primera vida. ¿Cual es la realidad?¿Esta o aquella? A responderme todavia no llego. Desde aquella esta con ser la verdadera me lo  parece menos, quizá porque aprecio como todo es tan relativo sometido a las circunstancias. Mi mundo imaginario y creativo brota, pues, y crece y se dasarrolla desde la ficción y la ficción entonces puede ser realidad, pero como Alicia la vería desde el otro lado del espejo. 

2 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 18 Abril 2013 09:05 publicado por Trysha

    No se porque mi comentario no salio ayer, pero te decia que quede muy intrigada por saber que era lo que pasaba tras las murallas, hipnotisada por ese baile que se apodera del cuerpo...
    Espero leer lo que viene pronto, me encanta.

  • Enlace al Comentario Nama Jueves, 18 Abril 2013 09:22 publicado por Nama

    Que el baile se apodere de cuerpo esta muy bien. Como otros apoderamientos deseables y deseados...

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