"La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla."

(Hermann Hesse)

Miércoles, 22 Agosto 2012 19:10

Lo que llegó de las estrellas

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El meteorito cayó de noche. Era muy tarde y yo estaba dormido, pero el día siguiente, la gente no hablaba de otra cosa. Salió incluso en las noticias. Al parecer, un objeto misterioso cayó en el bosque que hay en las afueras de la ciudad. En las noticias decían que era un meteorito enorme, y que brillaba tan intensamente que en los alrededores del bosque casi parecía de día. No se sabe mucho del suceso porque las autoridades llegaron en seguida y prohibieron el paso a los medios (al parecer vino incluso el ejército). Lo poco que dicen los diarios es que el meteorito cayó en el lago, lo que evitó que se produjera un gran incendio.

En el orfanato las normas son muy estrictas sobre salir de noche, pero Hank, me contó que ayer, en una de sus escapadas nocturnas fue al bosque, y lo vio todo.

Dice que era una gran esfera de luz que cayó en el lago y causó una gigantesca explosión. La explosión fue tal, que cuando volvió a mirar, toda el agua se había evaporado. Pero eso no fue todo. Parece ser que, cuando el humo de la explosión se dispersó, Hank vio como en el centro, justo donde había caído el objeto del espacio, había una especie de esfera. No era una esfera sólida, era más bien como si un montón de fuego y energía estuviesen allí reunidos, girando sobre sí mismos en forma de esfera. La bola de energía brillaba cómo nada que Hank hubiese visto antes, y me juró que, dentro de ella, en el centro de todos aquellos fuegos orbitantes, pudo reconocer la silueta medio deformada de un hombre.

Yo no estaba seguro de creérmelo, pero Hank es mi mejor amigo, nunca me mentiría. Y no es de esos que exageran solo para hacerse los importantes.

Aquella tarde, después de las clases en el orfanato fui con él al bosque. Tratamos de acercarnos, pero había un gran cordón policial rodeando toda la zona, y más allá del cordón, los militares habían levantado lo que parecía un campamento. Por mucho que lo intentamos, no conseguimos colarnos. De modo que a la tercera vez que nos pillaron decidimos abandonar y volver al orfanato (si volvíamos pasada la hora de la cena nos quedábamos sin comer). Pero en uno de nuestros intentos estuvimos a punto de llegar al campamento de los militares y, aunque fuera solo de lejos, pude ver el misterioso meteorito.  Era tal y cómo lo describió Hank, una esfera de pura energía que brillaba como el sol. Aunque ahora había varias máquinas conectadas a ella. Justo cuando ya nos habían pillado vi cómo una de las máquinas emitía unas lecturas muy deprisa antes de comenzar a soltar chispas y estallar.

Aquella noche no pude dormir pensando en lo que había visto. Al mirar aquella esfera sentía que había algo dentro de ella, algo vivo. Y ese algo me causaba un efecto muy extraño, era cómo si… cómo si me llamara. Entonces recordé un cuento que me solía leer mi madre de pequeño, antes del accidente.

Mi madre siempre me decía que no era un cuento, sino una historia real, aunque era sólo un niño, así que no puedo estar seguro de si solamente lo decía para añadir emoción. El cuento hablaba de su tatarabuela, una mujer que había sido muy hermosa, pero que había caído en la desgracia de casarse con un hombre horrible. Entonces, un joven muy apuesto cayó del cielo. Era muy amable y gentil con ella, y terminaron enamorándose. Poco después de que el hombre tuviera que regresar a su hogar, la tatarabuela de mi madre tuvo un hijo, mi tatarabuelo. Según decía el cuento, aquél hombre tenía poderes extraordinarios, incluso podía volar hasta otros mundos. Pensé qué relación podía tener con el meteorito, pero aquello era absurdo… Aunque, por otro lado estaba lo de mis manos. Más de una vez me habían sorprendido, o simplemente me había dado cuenta yo de que, algunas veces, mis manos…. brillan. Sin más, solo resplandecen, aunque de forma muy leve. Siempre me han tratado de bicho raro por ello, pero no puedo evitarlo. Entonces tomé la decisión, tenía que ver esa cosa más de cerca.

Pasé los dos días siguientes preparándome para colarme en el cordón policial. Pero finalmente toda mi preparación no sirvió de nada. Al tercer día de la caída del meteorito, hubo una gran explosión en el campamento militar. Yo estaba escondido cerca del cordón y escuché algo muy raro a través de la radio de uno de los policías.

<< La esfera se está desvaneciendo. Algo sale de ella. Es un… no eso no es humano. Dice algo de un tiempo de regeneración y… (explosión) ¡Mierda! Nos está atacando, esa cosa, sea lo que sea, es hostil y muy poderosa. Oh, no, creo que me ha visto, yo (explosión y corte de comunicación)>> Los policías se alarmaron, pero lo hicieron mucho más cuando la radio se encendió de nuevo… y juro que aquella voz era de todo menos humana. Sonaba joven y anciana al mismo tiempo, y sus palabras eran tan potentes que casi parecía que hablara con eco: <<No tengo intención de perder el tiempo con chusma como vosotros. Manteneos alejados y nadie sufrirá más daños. Me iré en cuanto tenga al híbrido. Cambio y corto. >>

Vi que, en el centro del campamento, se encendía de nuevo una luz y que esta se acercaba cada vez más. Aterrorizado, corrí hacia el orfanato tan rápido cómo pude.

Llegué al patio del orfanato jadeando por el cansancio, nunca había llegado allí tan rápido. Pero el alivio duró muy poco. En el cielo vi como una esfera de luz volaba hacia mí. Tenía una ruta muy singular, se desplazaba sólo usando líneas rectas, nunca hacía curvas y cuando giraba lo hacía en movimientos muy bruscos para emprender una nueva línea recta.

La esfera se estrelló contra el  patio con un gran estruendo y todo el mundo se apartó, formando un enorme círculo alrededor del lugar de impacto.

La luz se desvaneció, y fue entonces cuando vi por primera vez a una de esas criaturas. Tenía un aspecto vagamente humano, pero su pelo dorado, que le caía hasta la mitad de la espalda, desprendía un brillo inusual, y su piel  era blanca como el papel, aunque presentaba lineas negras a lo largo de su cuerpo, en un recorrido similar al de las venas y arterias del cuerpo humano. Cuando levantó la vista miró al grupo con esos ojos relucientes, era como si una galaxia entera existiese dentro de cada uno de esos misteriosos y brillantes ojos. En su frente tenía tatuados tres símbolos de un idioma desconocido. Inspeccionó a todos y cada uno de nosotros mientras hablaba con aquella melodiosa y a la vez siniestra voz.

- Sé que el híbrido está en este recinto. Que se muestre y el resto os podréis ir.

Uno de los profesores se adelantó y se acercó a una distancia prudencial.

- Si me lo permite, le doy la bienvenida a nuestro humilde orfanato. Pero ¿quién es usted? ¿Y qué está buscando exactamente? Si puede saberse.

El ser lo miró con una sonrisa desprecio.

- Yo no tengo nada que decirle a una raza inferior como la tuya, humano. ¡Es la última oportunidad! Si el híbrido no se presenta por voluntad propia lo encontraré yo mismo.

Entonces reparó con la mirada a todos los alumnos hasta que sus cósmicos ojos se posaron en mí. Entonces todo sucedió muy deprisa. Extendió su mano hacia mí y noté como una extraña fuerza me atraía  hacia él. Era cómo… caer… cómo caer en horizontal (una sensación verdaderamente extraña y que no recomiendo). En cuanto estuve lo bastante cerca, cerró su puño alrededor de mi camiseta y me miró a los ojos.

- Con que eras tú. ¿Por qué demonios no  te has presentado antes? Tendrías que estarme agradecido que te hago el favor de sacarte de este nido de ratas.

Entonces el profesor se adelantó un poco más.

- Disculpe, pero este niño es uno de nuestros estudiantes. Le ruego qué…

- ¿Y qué mas da? Has dicho que esto es un orfanato, ¿no?  Considéralo una adopción.

- Ya pero.

El hombre levantó su mano izquierda y se la mostró. En el dorso tenía tatuado un círculo rojo con una cruz dentro.

- ¿Ves esto, humano? Mi nombre es Dranuhi, soy el primer ministro del  santo y honorable planeta Borealis, hogar de los Domadores Estelares, la más noble y pura raza que jamás ha producido la evolución. Éste chico, es descendiente de uno de los nuestros. Si le hacen una prueba de ADN verán claramente que una parte coincide con el mío. En un híbrido, y como tal, será llevado a Borealis para ser educado y criado como todo un Domador Estelar.

Dicho esto, del cuerpo de Dranuhi emanó un mar de luz como la de antes, que nos cubrió a ambos en forma de esfera. Una vez bañados en la luz nos elevamos y alcanzamos una velocidad imposible. A penas veía el paisaje, tan sólo notaba la agitación cada vez que la esfera daba un giro brusco.

Finalmente, aterrizamos (aunque el verbo correcto sería “chocamos”) en una llanura alejada de cualquier rastro de civilización. Era obvio que estábamos ya muy lejos del orfanato. Cuando la luz desapareció, me aparté de él con un empujón.

- ¿Se puede saber que has hecho? ¡Quiero volver a casa!

Aquél hombre me lanzó una mirada fría como un puñal y se limitó a apartarse a una zona soleada y sentarse  con las piernas cruzadas.

- ¿Qué es eso de que soy un híbrido?

- Un antepasado tuyo se apareó con uno de los nuestros. Puede que esté muy mezclada, pero por tus sucias venas corre la noble sangre de los domadores estelares, lo que te hace muy valioso.

Me fijé en el tatuaje de su mano.

- ¿El primer ministro se encarga de tareas como esta?

Dranuhi esbozó una sonrisa sin moverse del lugar, una sonrisa que no me gustó nada.

- ¿Te puedes creer que esos estúpidos humanos se lo hayan creído? Claro que no soy el primer ministro, nuestra sociedad ni siquiera se organiza así.

- ¿Entonces, el tatuaje…?

- ¿Esto? Es un identificador. Está marcado en la piel, por lo que es indeleble. Si quieres uno te basta con cometer algún crimen y ser mandado a cualquiera de las cárceles de Borealis.

Aquella revelación me hizo retroceder.

- ¿Eres un fugitivo?

- Bueno, ya no lo soy después de la hecatombe.

- ¿Hecatombe?

- Hace ya unos años, hubo un terrible cataclismo en Borealis. No fueron solo los domadores estelares, el planeta entero desapareció. Aún ahora nadie sabe cómo pudo producirse tal cataclismo, pero muchos dicen que nuestra tecnología era demasiado avanzada y nuestro poder demasiado grande, y que por ello el más pequeño accidente podía causar un desastre en cadena.

- ¿Y cómo puedes estar vivo?

- ¡Ya te lo he dicho, soy un fugitivo! Yo estaba muy lejos de Borealis cuando aquello ocurrió. Y ahora soy el último de los domadores estelares – Entonces me miró con desprecio-. Bueno, el último que aún conserva la pureza en su sangre.

- ¿Pero si el planeta se destruyó, adónde me llevas?

El hombre sonrió cruelmente.

- En primer lugar, no se destruyó. No hubo ninguna explosión, ningún meteorito, nada. No fue destruido. Simplemente desapareció. Un día estaba allí y al siguiente no. Claro que la ausencia de la fuerza de gravedad del planeta el equilibrio en el sistema solar donde estaba se rompió  y entonces sí hubo muchas explosiones.

- ¡Pero responde de una vez! ¿Adonde me llevas?

Tenía toda la impresión de que trataba de ocultármelo, pero estaba dispuesto a saber qué iba a ser de mí. Dranuhi me miró lleno de malicia y me habló como si me dijera la hora.

- Se podría decir que voy mal de dinero. ¿Sabes cuanto me darían en Hurblon por un esclavo con sangre de domador estelar? Un híbrido ya se pagaba caro cuando mi especie vivía. Pero ahora que se han extinguido, el precio ha subido por los aires.

No podía creerlo. ¿Me iba a vender? Retrocedí unos pasos antes de echar a correr. Pero entonces me lanzó una mirada y de nuevo tuve esa sensación de caer en horizontal. Mis manos comenzaron a resplandecer. Pero era más que eso… quemaban. Mientras caía extendí mis brazos y de ellos emergió una esfera en llamas que voló hacia Dranuhi. El hombre de las estrellas agarró la esfera con una mano.

- Me sorprende. Parece que el peligro ha avivado tus capacidades latentes como domador estelar.

Continué cayendo hasta quedar justo frente a él.

- ¿Capacidades?

- Esto – dijo levantando la esfera – es una estrella. O por lo menos es el intento de una. Esa es nuestra capacidad. Tras milenios de evolucionar estando expuestos a los cuatro soles, los domadores estelares adquirimos el poder de manipular el material del que se componen las estrellas. ¿Acaso tu cerrada mente humana puede comprenderlo? El poder de un sol reside dentro de cada uno de nosotros.

Estiró los dedos y la esfera creció hasta tener un diámetro parecido al tamaño de un coche. Lenguas de fuego saltaban de ella y las piedras y tierra de varios metros a la redonda salieron volando en dirección a aquél sol en miniatura. Las piedras más pequeñas se estrellaban contra las llamas, pero las más grandes se quedaban dando vueltas alrededor de la esfera.

Contemplé la escena con los ojos abiertos. Llegó un punto en que el resplandor de la esfera era tan intenso que incluso me costaba mirarla directamente, pero parecía que Dranuhi lo hacía sin problemas. Estaba aterrado, casi sentía cómo la fuerza de gravedad de aquél sol me atraía hacia él. Era horrible, era como caer hacia un abismo de fuego y muerte sin tener nada a que agarrarte. Dranuhi cerró la mano y a medida que lo hacía, la esfera se fue haciendo más y más pequeña, hasta que llegó a ser un punto minúsculo en el extremo del dedo índice del hombre, pero la fuerza de gravedad que ejercía no había disminuido en lo más mínimo, las piedras seguían dando vueltas alrededor del dedo extendido de Dranuhi y yo seguía sintiendo cómo era atraído hacia él.

- Este punto tan pequeño tiene el poder de una millonésima parte de vuestro sol. Sus posibles usos son casi infinitos.  Podría causar la muerte de miles de personas en un instante. Yo tengo todo este poder contenido en el extremo de un dedo, pero podría tener incluso más, y tengo cinco dedos en cada mano. ¿Entiendes donde quiero ir a parar?

- Creo que no.

El hombre suspiró y el punto luminoso se elevó hacia el cielo a una velocidad asombrosa, seguida de las piedras que había capturado con su gravedad, entonces él cerró los ojos. Pasó un rato en silencio hasta que Dranuhi abrió los ojos.

- La esfera acaba de alejarse de este sistema solar y ha estallado a varios millones de kilómetros del planeta más alejado que hay en él.

Entonces una ventisca enorme cayó del cielo. Traía consigo un calor abrumador que identifiqué como parte de aquella esfera. La ventisca levantó una inmensa nube de polvo que al desvanecerse mostró a Dranuhi mirándome con crueldad.

- A donde quería ir a parar es a que mi poder va infinitamente más allá de lo que tú jamás comprenderás. De no ser por nuestra condición de mortales, mi raza podría recibir el nombre de dioses. De modo que si vuelves a tratar de atacarme, sufrirás horrores como nunca has imaginado, y después te mataré.

Deberían de haber pasado unas tres horas desde que Dranuhi se sentó cruzado de piernas bajo el sol cuando entonces se levantó, me tomó del brazo y me aferró a él con fuerza.

- Estoy listo.

­- ¿Para qué?

- Nuestra gente recibe fuerzas de las radiaciones que emiten las estrellas, con este rato he acumulado suficiente energía como para ser capaz de superar la gravedad y abandonar la atmósfera de este planeta.

De nuevo la luz nos cubrió a ambos formando una esfera protectora y fuimos lanzados hacia el cielo… más allá, hacia el espacio.

Después de un tiempo que, estando el la oscuridad absoluta, me resultó imposible calcular, nos estrellamos duramente contra un planeta desconocido al que Dranuhi llamaba Hurblon. Nuestros cuerpos quedaron hechos trizas por el impacto, pero por razones que desconozco, no morimos. Quedamos flotando dentro de la esfera de luz durante tres días mientras nuestros cuerpos se recomponían de una forma que me cuesta explicar. Sentía que estaba vivo, pero a la ver no estaba consciente de lo que sucedía a mi alrededor.

 

La historia después de eso es algo que me entristece detallar, Dranuhi me vendió a un esclavista, que además de unas extrañas monedas que no había visto nunca le dijo algo en un idioma desconocido e impronunciable para mí. Aquella información pareció acontentar mucho al hombre de las estrellas, que se marchó después de decirme claramente.

- La gente de este planeta se ofende con facilidad, así que pórtate bien con tus amos o te pasarán cosas malas.

 

Pasé el resto de mi vida encargándome de las tareas domésticas de una familia aparentemente rica compuesta por unos seres de apariencia grotesca. Más de una vez fui apaleado y me gritaron en un idioma que aún ahora me cuesta pronunciar e incluso entender. Después de lo que supongo, han sido cinco años he llegado a  la conclusión de que es estúpido pensar que Dranuhi volverá y me llevará a mi casa. Ahora mismo estor en la ruinosa habitación en la que duermo solo  cuatro horas al día. He conseguido robar una cuerda del patio, no parece muy fuerte, paro he adelgazado mucho, así que creo que aguantará. La he atado a una de las vigas que hay en el techo. He atado el otro extremo en un nudo que aprendí de niño. Cuando pase el cuello por el agujero, cuanto más tire, más se contraerá el nudo. Lo he calculado todo, estoy sobre una silla y en cuanto la golpee y se caiga, quedaré suspendido a unos centímetros del suelo. Solo espero que donde quiera que vaya ahora, sea un lugar mejor, y libre de las garras de Dranuhi o de ningún esclavista extraterrestre. Y espero que, por lo menos, la información que le dieron al hombre de las estrellas a cambio de mi libertad fuera algo importante.

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Blacknordok Miércoles, 22 Agosto 2012 19:25 publicado por Blacknordok

    En mi opinión, puede que este relato no esté tan bien como los otros que suelo escribir, pero en mi defensa diré que esta historia era más que nada para dar a conocer a los domadores estelares y su historia y al personaje de Dranuhi, que desde ahora digo que aparecerá en otro/s relato/s

  • Enlace al Comentario Trysha Miércoles, 22 Agosto 2012 19:37 publicado por Trysha

    ammm si asi escribes cuando no es perfecto... -.- sin mas comentarios jajaja...
    Me encanta la historia, supongo que le veremos tambien con los ajenos :P
    Un besote me encanto la historia espero por mas.

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Miércoles, 22 Agosto 2012 20:05 publicado por Alice_abysm

    A mi me ha parecido una muy buena historia y el final del personaje fue, quizás lo mejor para él. Hubiera sido interesante conocer la historia desde el punto de vista de esos domadores estelares, porque Dranuhi no estaba en el planeta cuando este estallo o que le habrá dicho ese esclavista. Pero lo reitero, a mi me gusto bastante la historia, las primeras lineas y el titulo, me hizo recordar otra historia "el color que cayo del espacio"
    Sin duda espero conocer más de estos seres, tal como lo ha escrito trysha, estarán encontrándose con los ajenos, con ese duende que engaño a orgullo (Ojala pudieras incluir a pereza, se convirtió en mi favorito), o aquel que reunió almas para volver a ser un Dios. Estupendo relato :)
    PD: Me hizo reír la parte de la adopción XD hasta los seres de otras dimensiones pueden venir a adoptar niños a los orfanatos humanos.

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