"Vive de manera que puedas mirar fijamente a los ojos de cualquiera y mandarlo al diablo."

(Henry-Louis Mencken)

Miércoles, 15 Agosto 2012 16:21

Los siete (5)

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Aquella pequeña playa se encontraba en una zona absolutamente inaccesible por tierra, lo que causaba que nadie fuese allí nunca. Era el lugar perfecto para relajarse en soledad sin gente molestando ni niños jugando. Era la playa perfecta.

El modesto barco a motor ancló a unos metros de la costa y dos personas bajaron para acercarse a la playa en lancha. Al desembarcar, caminaron directamente hacia la diminuta cabaña de madera que había en un rincón de la playa. Ninguno dijo nada mientras caminaban, ambos sabían que andaban hacia su perdición.

Se detuvieron a unos metros de la cabaña, justo delante de una hamaca atada entre dos árboles en la que dormitaba un hombre delgado de largos cabellos plateados. El hombre llevaba puesto un bañador que tenía aspecto de llevar puesto desde hacía meses. Al percibir su la presencia de los recién llegados, el hombre abrió uno de sus ojos del color del zafiro y los miró fastidiado mientras bostezaba.

- Supongo que no venís de visita. ¿Qué quiere Orgullo ahora?

- Te quiere a ti. – Dijo la mujer, tratando de parecer tranquila.

El hombre soltó una leve risa que se apagó en seguida.

- ¿A mí? ¿Desde cuando quiere algo de mí?

- Dice que tenemos que reunirnos los siete.

- ¡Ja! Que no cuente conmigo. Las reuniones de antiguos compañeros no son lo mío.

- Orgullo dijo que si no venías por las buenas te trajéramos a la fuerza.

El hombre de cabellos plateados se incorporó y miró a Lujuria con aire desafiante. Estuvo unos segundos así. Por un momento, Lujuria pensó que la iba a matar, pero entonces volvió a tumbarse y cerró los ojos.

- ¡Bah! No tengo ganas de pelear con vosotros. ¿Por qué no vais a molestar a otro? Seguro que Ira esta deseando que vayáis a tocarle las narices un rato. ¡Ya veréis que contento se pone de veros!

- Es que ya hay otro que ha ido a buscar a Ira. Nosotros tenemos que traerte a tí.

- Pues buena suerte, yo no me moveré de aquí.

- Recurriremos a la violencia.

- ¿No decía Orgullo que tenemos que estar los siete?

- Podemos matarte y decirle a Gula que se coma tu alma, será como si estuvieras con nosotros.

- ¿Matarme? Ay Lujuria, Lujuria… No puedes matarme.

El hombre de ojos verdes comenzó a gritar.

- ¡Ya estoy harto de este tío! Matémoslo, seguro que Orgullo incluso lo preferirá así.

- Vaya, por fin hablas. Creía que te habías quedado mudo, Envidia. Sería una pena no volver a oír jamás tu tediosa voz.

- ¡Ya me has hartado!

Envidia golpeó con todas sus fuerzas al hombre de la hamaca, pero justo antes de llegar a tocarlo, desapareció en una nube de plumas y reapareció detrás de ellos.

- El que se ha hartado soy yo. Solo quería jubilarme y vivir tranquilo. ¡¿Acaso es mucho pedir?!

Envidia sacó la pistola que le había robado a Ira días atrás y lo apuntó.

- ¿Un arma humana? ¡¿Crees que te servirá de algo?!

Pereza extendió sus brazos y un viento pesado comenzó a fluir hacia su rival. El viento estaba cargado de plumas que cortaban la piel de Envidia. Pero por mucho dolor que sentía, también notaba claramente como aquél viento lo adormecía cada vez más. Envidia trató de robar el poder de ese viento para usarlo en su contra, pero cuando quiso darse cuenta, Pereza ya  no estaba frente a él.

La voz del hombre de cabello plateado resonó en el aire desde todas partes, mientras el viento adormecedor se agrupaba en forma de remolino alrededor de los dos intrusos.

- Duerme, quedito mío. Sueña y deja que mis plumas te desgarren hasta los huesos.

Envidia  se tambaleaba mientras combatía las garras del sueño, que cada vez lo asaltaba con más fuerza. En ocasiones cerraba los ojos y no los abría hasta varios segundos después. Estaba tan cansado que ya no se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor. De vez en cuando le parecía percibir la imagen de Pereza atacándolo con sus manos y abriéndole heridas profundas mientras las plumas le abrían heridas no tan graves por todo el cuerpo. Justo cuando  ya comenzaba a caer al suelo de sueño, sintió que alguien lo cubría con sus brazos y ambos desaparecían. Reaparecieron varios metros más allá del remolino y Lujuria tuvo que golpear varias veces a Envidia para que despertase.

Al despertar, quedo horrorizado al ver su cuerpo empapado de su propia sangre y cubierto de terribles heridas. Miró como el remolino desaparecía dejando ver a Pereza que los miraba con diversión.

- Ese hombre es espantoso. ¿Cuánto tiempo he pasado allí dentro?

­- No lo sé, unos cinco minutos. He tardado mucho en poder entrar en el remolino y sacarte de él.

- Ni siquiera me daba cuenta de donde estaba.

- ¡Lujuria! ¡¿Por qué lo has salvado?! Ya casi estaba muerto y tú me lo has robado.

Lujuria miró a Pereza acercarse.

- No queremos peleas innecesarias, ven pacíficamente y…

- ¡Y una mierda! Ya es tarde para pacifismos.

Envidia salió corriendo directamente hacia él con un puñal en la mano. Entonces el hombre de cabellos plateados estiró un brazo y una gran ventisca atacó el cuerpo de Envidia, pero esta vez no había plumas que lo desgarraran.

A medida que el viento lo cubría, Envidia caminaba cada vez más lento y se le cerraban más los ojos. Finalmente, justo antes de llegar a tocar a Pereza, se desplomó en el suelo.

Lujuria corrió hacia él y le comprobó el pulso.

- ¿Lo has matado?

- Depende. SI por estar vivo entiendes que su corazón lata, entonces está vivo. Pero si por vida entiendes poder caminar, hablar y relacionarse… sí, podría decir que lo he matado.

- ¿Cómo dices?

- Lo he sumido en el más profundo de los sueños. Está coma, podría tardar mese, incluso años en despertar… eso si es que despierta algún día, claro.

Lujuria miró horrorizada a Pereza y se apartó.

- Por favor, yo solo sigo órdenes. Hago esto porque Orgullo me lo mandó, me dijo que me matará si no te traigo de vuelta. Por favor no me hagas daño.

Al ver cómo la mujer rompía en llanto delante de él Pereza dio un suspiro de resignación y cansancio.

- De acueeeerdo, vendré contigo. Pero sólo porque tú siempre me has caído bien y porque me lo has pedido con educación.  Eso sí, como Orgullo se ponga mandón y me haga trabajar más de la cuenta, desde ahora te digo que ni todas las súplicas del mundo me harán volver.

Lujuria fingió alegrarse y lo abrazó amistosamente. <<Mis poderes nunca fallan. Pobrecito, se cree que vendrá por decisión propia. >>

- Gracias, de verdad te lo agradezco de corazón.

- No me lo agradezcas, soy demasiado blando.

Lujuria señaló al cuerpo en coma de Envidia.

- ¿Y con él que hacemos? Llamamos a Gula para que le quite el alma.

­- No será necesario, está en coma, pero no ha muerto. Mientras el propósito de Orgullo no incluya caminar o cualquier acción física, yo creo que nos servirá tan y como está ahora.

Lujuria cargó a Envidia en su hombro y junto con Pereza, fueron a la lancha para regresar al barco. Una vez allí, tendieron al comatoso en una cama improvisada y Lujuria puso rumbo a la mansión mientras Pereza se tumbaba en la cubierta para seguir con la siesta que había interrumpido antes. 

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Miércoles, 15 Agosto 2012 16:40 publicado por Trysha

    Pobre Pereza que no le dejan ni terminar su siesta, ahora no te niego que me muero de curiosidad por saber que trama orgullo.
    Espero el proximo, besitos.

  • Enlace al Comentario Blacknordok Miércoles, 15 Agosto 2012 16:48 publicado por Blacknordok

    Para ser sincero aún no lo se del todo XD

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Domingo, 19 Agosto 2012 17:59 publicado por Alice_abysm

    Wow... me gustaron los poderes de pereza, pero más aun su actitud XD cualquiera se enoja si le interrumpen la siesta de un par de años, quizás décadas o siglos XD

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