"Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes."

(Lao-tsé)

Lunes, 28 Marzo 2016 00:33

Kümelén (1)

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Esa mañana inició como cualquier otro día, se levantó temprano, antes de que los demás miembros de la familia si quiera pensaran en abrir los ojos; se dio un baño, le gustaba disfrutar de la sensación del agua tibia recorriendo su cuerpo, de alguna manera imaginaba que todo en ella se limpiaba y renovaba, por eso sus baños solían durar un poco más de lo normal. Muy temprano se calzó sus zapatillas y recogió su botella de agua helada, apenas despuntaba el sol por la cordillera que ahora no se veía por el exceso de smog, y a pesar de saberlo, no perdía la costumbre de mirar hacia el este buscando ese muro natural que de alguna manera siempre le había dado seguridad.

Revisó sus cordones una vez más asegurándose de que estuvieran firmes y respiro hondo, sonreía ampliamente, más para convencerse a sí misma de que era feliz, de porque lo fuera realmente, pero se había propuesto dar vuelta la página y dejar todo lo que alguna vez fue atrás, resurgir, renacer, como fuera que quisieran decirle, ella superaría sus penas y con eso en mente se lanzó a correr.

Tras unos pocos kilómetros llegó al parque donde iba cada día desde hacía ya un año, el guardia que ya la conocía por su asidua presencia, sólo la miro sin pedir identificación mientras ella saludaba con su sonrisa más que ensayada; entró y siguió corriendo hasta el escenario, al poco tiempo fueron llegando más chicas, incluso la profesora llegó después de ella, la música comenzó a sonar, era una música que normalmente no escuchaba, sin embargo, hacer esta actividad cada mañana la llenaba de energía, de pronto notó que había olvidado tomarse una pastilla, rápidamente la apresuro con un trago de agua fría y la diminuta píldora se perdió en su garganta y aunque odiaba medicarse así, sabía bien que pasaba si no la tomaba.

No notó cuando la clase termino, pero viendo que había durado dos canciones más de lo normal corrió sacándose la ropa mientras apuraba el paso, ahora se arrepentía de haber anudado tan bien las zapatillas, un profesor sonreía al verla:

-tranquila, no necesitas precalentar, ya sé que llegas muy temprano a bailar, ¿lista para esto?

Como respuesta sonrío y se encogió de hombros, era martes y el agua de la piscina brillaba resplandeciente, eso solo podía significar que estaba limpia y por ende helada, así que sin pensarlo se lanzó, por unos segundos sintió un nudo en el pecho y un dolor abrazador que le indicaba que toda su piel se oponía a este ejercicio, aun así, se mantuvo bajo el agua lo suficiente como para recorrer los 13 metros que pedía el profesor y continuo su nado por una hora, salió de la piscina para nuevamente vestirse, se despidió con la mano, todos parecían feliz de verla, como si de alguna manera la reconocieran, y aunque no hablaba con nadie, le sorprendía cada vez menos que la gente la saludara por su nombre.

El resto del día era normal, siempre le asombraba el ver como iniciar su día con una rutina tan agotadora la mantenía feliz el día completo, sus reflexiones se vieron abruptamente cortadas cuando llegó a la casa y comenzó a preparar el desayuno para su familia, muy pronto el olor a huevos fritos inundaba todo, luego la lavanda del limpiador de piso y el sudor que recorría su frente le indicaban que estaba casi terminando sus quehaceres.

Ya rendida y pensando en un nuevo baño se sentó un momento, mientras revisaba las cuentas, ahí en el fondo de los papeles estaba la lista de talleres deportivos que se impartían en 10 kilómetros a la redonda, ahí encerrado en un círculo decía claramente que judo se impartía ese día a la tarde, una vez más miró el papel preguntándose si estaría lista.

Estaba inscrita en el taller desde hacía más de un mes, sin embargo, no había ido a ninguna clase, inconscientemente dirigió su mano a su muslo y sintió un tirón muscular que le recordaba que hacía años su pierna ya no era la misma.

Todo el día la idea de ir al taller rondo su mente, finalmente a las 7.00 de la tarde se decidió, y aunque sabía que iba tarde corrió hacia el dojo, entro nerviosa y miró, ya se encontraban todos ataviados con sus trajes y las diferentes cintas de colores colgaban orgullosas de ellos, se acercó al de mayor y rango preguntando tímidamente quien era el sensei, el joven apenas la miro, y le señalo un hombre que se reía fuertemente mirando un celular. Se paró a su lado en silencio esperando que él la notara, luego de unos instantes eternos, él levanto la mirada y le pregunto si quería algo.

-          Me inscribí en el taller de judo- dijo mirándolo con miedo.

-          Ah eso, si bueno el taller empieza a las 8.00 hoy así que siéntate aquí y espera, te tienes que sacar aros y cadenas.- agarro una silla y la instalo en un rincón cercano al pilar, mientras llamaba a sus estudiantes a participar.

-          Lo sé, respondió lacónica, obviamente eso molesto al profesor, quien le reprocho por sus aros, cosa que no era necesaria porque ella ya se lo reprochaba en su interior.

Llegaron las 8-00 y los estudiantes seguían cayendo, levantando pesas, y corriendo, casa uno haciendo una actividad diferente, abstraídos totalmente de la mujer que los miraba desde el rincón.

-formar- grito la voz, mientras una mirada fría se dirigía a la mujer del rincón que se paró y se sacó las sandalias con las que venía jugando nerviosamente.

Sin dudarlo corrió al último lugar de la fila, sabía que ese era su sitio, corrió, salto, sentía como su cuerpo no podía seguir el ritmo, sentía como todos la observaban, la juzgaban, era estar frente a una jauría oliendo la debilidad y el miedo, los ojos pasaban por ella atravesándola, se sentía culpable de estar ahí generando calor, estorbando, ocupando el oxígeno, y así la veían todos, poco a poco la fueron arrinconando hasta una esquina en la que se encontró con otros chicos nuevos, los que le dijeron que llevaban casi un mes esperando que alguien les enseñara algo, así que ella comenzó a explicar muy bajo como retener a alguien, muy pronto se vio rodeada de chicos que al igual que ella eran ignorados, los que no formaban parte del grupo. Los que si no aprendían serían carne de la jauría, y se verían obligados a servir como muñecos para que otros se desahogaran.

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Trysha

  • Soy Simplemente Trysh, la de siempre, pero con mas ganas y nuevos sueños.

"Me he hecho fuerte, pero a veces quiero volverme débil y que me protejas"...(Alma Rota)

 

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