"Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación."

(Proverbio árabe)

Domingo, 07 Abril 2013 19:08

Las brumas de Casterfogs

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Al oeste de las gigantescas llanuras comúnmente conocidas cómo “el océano esmeralda” se encuentra la cordillera a la que los nativos de la zona llaman “El costillar del gigante”. Una de las montañas está toda ella cubierta por un frondoso bosque, La Arboleda de Casterfogs, a veces conocida cómo “La Bruma del Demonio”.

Nadie entra nunca en la arboleda salvo durante los grotescos rituales celebrados por algunas de las tribus que se asientan a su alrededor. Tampoco es que haya mucha gente interesada en explorar el misterioso bosque, de todos modos, puesto que todo él está inundado por una densa, siniestra y opaca niebla que lo hace impenetrable.

Los pocos valientes que se han atrevido a entrar en aquél mar de brumas afirman haber sido testigos de las más enloquecedoras visiones, que se les aparecían inesperadamente en medio de la espesura; criaturas salvajes y diabólicas que se esconden en la niebla, horrores cómo ninguno había visto jamás, que se acentuaban a medida que se acercaban al centro del bosque, lugar de reposo del olivo milenario.

En el centro de la arboleda hay un claro en el que se alza un imponente olivo del que se dice que tiene miles de años de existencia. Sus poderosas ramas cubren por completo todo el claro y una extraña y perturbadora presencia se hace  notar cuando uno se acerca a él.

Algunas de las tribus salvajes que rodean la arboleda centran todas sus creencias en aquél misterioso árbol y lo adoran cómo a una especie de deidad demoníaca. Una vez al año, esas tribus celebran un ritual dantesco. Un grupo de chamanes se abre camino a través de las brumas, que incluso parecen abrirles un paso, cómo si supieran los propósitos de los ritualistas. Cuando llegan al claro del olivo, realizan una celebración con los cánticos y danzas más escalofriantes que se conocen en la zona. Terminada la exhibición, el ritual concluye con el sacrificio de un recién nacido, un adulto y un anciano al imponente árbol. A las ofrendas se les abren tajos en el abdomen con una daga ritual, formando con ella unas runas muy antiguas, transmitidas de generación en generación, la runa marcada es distinta para cada uno de los tres sacrificios. Después de ello rematan al sacrificio con un tajo certero en el cuello y con su sangre pintan las mismas runas en el tronco del olivo.

Esas tribus creen que si la deidad no es satisfecha una vez al año con la sangre de tres generaciones, la niebla y todos los horrores que alberga se extenderán más allá de la arboleda y acabarán por engullir el mundo, por lo que se consideran una especie de “defensores de la tierra”.

Pero la tribu Kawalaju sabe perfectamente que no hay ningún dios en la arboleda, sólo un embaucador sediento de sangre. Los Kawalaju son la más antigua de las tribus que se asientan en el lugar, y los que conocen la verdad que se oculta tras las brumas.

La más famosa de las leyendas Kawalaju habla de una terrible criatura que una vez hizo arder todo a su paso.

Ese demonio sin rostro devastó las llanuras del océano esmeralda con sólo pasar por allí, dejando de recuerdo lo que aún ahora se conoce cómo “La Brecha de Muerte”, un surco de tierra negra que divide las verdes llanuras de este a oeste. El ser llegó al costillar del gigante, donde fue apresado por un poderoso hechicero nómada. El chamán encerró toda la esencia del demonio en una semilla de olivo imbuida con su enorme poder, luego la plantó y se asentó cerca del lugar para asegurarse de que el monstruo no se liberaba de su encierro, convirtiéndose en el primer Kawalaju (palabra que significa “carcelero” en la lengua de la tribu).

No tardó en crecer en aquél lugar un olivo negro cómo la brea, del que en seguida comenzó a emanar una densa niebla que cubrió todo el bosque, pero sin poder pasar más allá de este.

Los Kawalaju creen que la niebla es un avatar, una manifestación que tomó el demonio al no poder moverse libremente. De este modo tiene control absoluto sobre todo cuanto sucede dentro de la niebla aunque no pueda abandonar el lugar ni expandir sus dominios más allá del bosque. Esas brumas son la propia esencia del demonio, y adoptan miles de formas con tal de enloquecer e incluso matar a quien ose adentrarse en su territorio, incluso fue capaz de manipular las sencillas mentes de las otras tribus, introduciendo en ellas todas esas creencias sobre la niebla que devorará el mundo y a la que sólo la sangre puede aplacar, todo ello con el único fin de saciar su reprimida sed de destrucción. Los Kawalaju, habiendo visto que resulta inútil tratar de convencerlas de la realidad, suelen permitir a esas tribus realizar sus grotescos rituales siempre y cuanto no conlleven prácticas que puedan debilitar el sello del demonio. Cuando eso sucede, los valerosos guerreros Kawalaju repelen a las tribus, cumpliendo con el deber que heredaron de sus ancestros, el deber de mantener a esa cosa impía encerrada, el deber de impedir cualquier tentativa de liberación, el deber de mantener la verdad sobre aquél monstruo enterrada en las entrañas de la niebla en la que él mismo decidió ocultarse.

 

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Domingo, 07 Abril 2013 19:30 publicado por Alice_abysm

    Wow, un gran relato, la parte de la historia donde lo encierran en la semilla de olivo, me hizo recordar al arbol que hay en gremio cuando el Zac pequeño fue embaucado para intentar liberar a la sombra que ahi habitaba, me pregunto si tendra alguna relacion, quizas quien encerro a esa bestia fue un nigromante.
    Un mmuy buen texto, que seguramente estara conectado con otra historia :)

  • Enlace al Comentario Trysha Lunes, 08 Abril 2013 09:28 publicado por Trysha

    peque eres gigante... un besote y mis respetos.

  • Enlace al Comentario Mandragás Martes, 09 Abril 2013 08:22 publicado por Mandragás

    De nuevo tu mágica imaginación me atrapa! Un viaje a la fantasía. Bravo!

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