"Los libros nos dan consejos que no se atreverían a darnos nuestros amigos."

(Numa Pompilio)

Lunes, 01 Abril 2013 05:53

VIAJE A PANDORA (4)

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La belleza del paisaje y de las historias con las  que Angy me ayudaba a descubrir Pandora me subyugaban. En mi mente estaba la fuerza de las imágenes de “Avatar”.  Pero podía más lo que percibía tan de cerca y Angy me trasladaba. Ella hablaba despacio, con esa lentitud que requieren las cosas que descubres y te maravillan. Me las desvelaba como si me abriera su corazón para introducirme a mí en  el lugar en el que ella  encontraba la paz en un entorno de belleza fluyente, que flotaba entre energía positiva.

En la paz del poblado, después de haberlo recorrido una y otra vez y tan íntimamente  unidas como nos sentíamos, como si entre las dos se hubiera establecido una permanente tsahaylu, su voz tan cálida como amorosa me contó:

   -Siendo una niña de 5 o 6 años vivía aquí y me sentía feliz, junto con mis hermanitas y hermanos. Jugábamos con todo lo que encontrábamos: piedras, plantas, animales. Nos encantaba bañarnos en el río poco profundo.

Respiró profundo, como para coger fuerzas, y añadió: 

   -Un día, durante una invasión humana, mis padres desaparecieron y mi vida cambió por completo. Pasé a vivir a una casa especial para niños abandonados. Tiempo más tarde una humana de piel blanca mostró si deseo de tener una niña azul en su casa de la Tierra. Deseaba algo diferente para mostrar a sus amigos y me encontró a mi: una niña con piel azul, ojos amarillos, negro pelo salvaje, delgada de cuerpo y alta como una bailarina.

En su pausa pensé que buscaba las palabras para proseguir:

   -Pidió a mi clan  poder llevarme con ella. Se encargaría de proporcionarme todo lo que necesitara: comida, vestidos y de procurarme mi educación.

Angy reflexionó. Cuando continuó entendí que me contaba  era algo que tenia muy repensado:

   -Nunca comprenderé porque la ometikaya se lo concedió. Yo era feliz en Pandora, pero me vi arrancada  y traladadada a la Tierra.

Cambiando el tono de su voz para reconocer la felicidad, que aun amarga por sus recuerdos pueden sentir quienes son apartados de lo suyo, continuó:

    -Vivíamos en una casa grande y éramos felices, pero yo me sentía como en una prisión. En lugar de estar fuera de la casa, sintiendo las caricias de la naturaleza, siempre estábamos en el ambiente artificial del interior de la casa. Tirados en las sillas y sofás y viendo la televisión que me hacía creerme que estaba en otros lugares, sin que nadie me advirtiera lo malo que eso era para mi.

Su rostro se iluminó ahora al recordar:

   -En la escuela mis compañeros se divertían conmigo. Les gustaba tocar mi piel, mi pelo… Todos querían ser mis amigos. Les incitaba, como a los mayores, la curiosidad. Les fascinaba mi cola larga, azul, que se mantenía siempre en movimiento como los pensamientos en la mente.

Y añadió esta observación:

    -No me resultaba fácil usar la ropa humana por esto. Tuve que refugiarme en usar vestidos largos… pero el vestirme suponía uno de los momentos difíciles de mi vida en la Tierra. Para quienes no me conocían cuando estaba quieta sentada, no dejaba de llamarles la atención el movimiento bajo mi falda de mi cola,  entre mis piernas,  como si llevara un gatito escondido.

Retomó el hilo de su narración:

    -Habían pasado los años y no sabia nada de mi querida Pandora. Los chicos no me resultaban muy interesantes y con frecuencia me sentía sola y echaba de menos algo que no me podía explicar. Era una chica navi, sola en el gran mundo de los blancos. Me sentí algo mejor cuando encontré humanos de colores: amarillos, marrones, negros... oscuros de piel y con diferencias en sus cuerpos. Pero eso me hizo añorar más a mi gente de mi lejano planeta.

Cambió su discurso al proseguir:

   - Eran estos momentos cuando el mundo humano estaba buscando un nuevo material para la fabricación de armas y se encontraron con que este material estaba en Pandora. Por esta razón nuestro planeta fue redescubierto por los humanos y se plantearon que para ellos era un objetivo estratégico.

Volvió a sus recuerdos personales:

   -Una vez en el colegio organizaron una fiesta con el tema de Pandora. Todos acudieron vestidos con trajes de mi mundo y todo estaba decorado en azul. Los detalles de la decoración me sorprendieron y me maravillaron: grandes árboles con hojas de color rosa y plantas con hojas enormes y de formas curiosas que sugerían cosas; corazones, ojos, manos… Todo aquello me hizo recordar mis primeros años en mi planeta  y  la nostalgia se apoderó de mí.

La inflexión de su voz denotó sus sentimientos:

    -La fiesta resultó agridulce. Hubo bailes, bebidas y de todo. Pero yo me sentí dominada por los recueros de mi infancia en Pandora y me surgió una poderosa necesidad: debía volver. Se me convirtió en una idea fija que mis amigos humanos no comprendían. Ellos consideraban que vivían en un planeta maravilloso y no necesitaban conocer otros. Yo,  sin embargo,  estaba obsesionada por mi necesidad y comencé a sentir terribles dolores de cabeza. Mi interés por los estudios despareció y por las cosas del mundo de la gente blanca.

Al advertir mi ansiedad escuchándola sonrió adelantándome que me iba a dar  buenas noticias y añadió:

    -Mi madre humana se percató de mi estado. Ella conocía la belleza y la serenidad de Pandora y por eso entendió mi necesidad de regresar. Se esforzó para conseguir un trabajo que le permitiera volver a Pandora y llevarme con ella. Lo consiguió y así fue cono regresé y pude volver a surcar desde el aire el agua azul, los hermosos bosques y rencontrarme con mis amigos los animales de Pandora como los ikran que anidan en las alturas de las montañas. Reencontrarme con todo esto me hizo recuperarme y sentirme llena de alegría.

Su sonrisa, por lo que contaba y a la vez por lo que recordaba,  era ahora rotunda:   

-Me encontré con el mundo de mi clan ometikaya y pude abrazarme con ellos bajo el gran Árbol Madre. Me sentí la más grande del Universo y de tal manera me trasformé como sólo mi madre humana lo comprendió.

¿Qué tenia ese lugar que tanto amaba Angy? Lo que vengo contando. Lo que se veía allí y lo que se encontraba. Lo que tienen  todas las tierras que se sienten como propias y parte de una. Lo que se ama de ellas,  que no es fácil de expresar. Si el amor a la madre ya es difícil explicarlo, -faltan las palabras adecuadas y estas no expresan lo que se siente- más el amor a esa otra madre que es la tierra de una. Lo que se ama de ella es el comienzo de amarse a sí misma. El paisaje, la Naturaleza, las plantas, los animales, los navis sus habitantes tal como son…

                    Por Angyangela Ronas Y Namarya Xue

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Nama

Yo soy yo... y mis circunstancias,  ser que habito buceando como Namarya Xue y conocida como Nama en Seconf Life. A veces emerjo, como ahora, en la primera vida. ¿Cual es la realidad?¿Esta o aquella? A responderme todavia no llego. Desde aquella esta con ser la verdadera me lo  parece menos, quizá porque aprecio como todo es tan relativo sometido a las circunstancias. Mi mundo imaginario y creativo brota, pues, y crece y se dasarrolla desde la ficción y la ficción entonces puede ser realidad, pero como Alicia la vería desde el otro lado del espejo. 

1 comentario

  • Enlace al Comentario Trysha Lunes, 01 Abril 2013 14:39 publicado por Trysha

    Es interesante ver como se va forjando ese lazo entre aprendiz y maestro... Ese respeto esa admiracion...
    Me encanta..
    M

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