"¡Qué pobre memoria es aquélla que sólo funciona hacia atrás!"

(Lewis Carroll)

Martes, 18 Noviembre 2014 20:06

Reflexión

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Ayer mismo reflexionaba sobre el rol del profesor en la sociedad actual, al hacerme la pregunta de ¿qué soy? ¿y cuál es mi función en esta sociedad? Me encuentro de golpe con la triste realidad, hace tiempo que el profesor dejó de ser, al menos en mi país, una figura respetada o si quiera considerada, para pasar a ser un mero empleado de clientes que desean por sobre todas las cosas tener la razón, y por supuesto que se les brinde un buen servicio, ya que es lo que están pagando. Sin embargo, es el término “buen” lo que  genera conflicto.

Un buen servicio, visto desde el punto de vista del profesor está orientado hacia el aprendizaje del alumno, el desarrollo de sus habilidades, de sus potencialidades, idealmente se busca que el estudiante aprenda en la sala de clases la mayor cantidad de contenidos posibles, ojala  superando los contenidos mínimos y obligatorios, este aprendizaje, por supuesto que no implica el uso de memoria, sino que busca  el desarrollo del pensamiento, la reflexión crítica y la capacidad de aplicar en diferentes situaciones lo que se ha aprendido.

Si las intenciones de los profesores son tan buenas ¿Por qué existe un conflicto en la educación de hoy en día?

La respuesta nuevamente nos lleva al término “buen” servicio, para comprender el conflicto, lo primero que debemos reconocer es  quién contrata dicho servicio, aparece entonces la figura del apoderado, padre o tutor, encargado de que el estudiante asista al colegio, antiguamente, el rol de los padres iba mucho más allá del sólo darle a sus hijos  una educación formal, si viajamos un poco en el tiempo a nuestra infancia, probablemente nos encontraremos con padres con menos estudios, trabajos más rudos y menos remunerados, y aun así en esa tosca rutina, la mayoría de los padres encontraba el tiempo de asistir a las reuniones con la maestra, las entrevistas personales, se acercaban voluntariamente en cualquier momento a consultar por notas o conducta, y como si todo eso fuera poco, también tenían el tiempo de llevar a los hijos a charlas de catequesis, scout, escuelas de deporte, clases de música o danza,  servicios que hoy en día son parte del paquete educacional de un colegio, bajo en nombre de talleres, facilitándoles aún más a los clientes la adquisición de “bienes”, de esta manera, la escuela, pasa a ser una especie de centro comercial donde se pueden adquirir todos los servicios necesarios, sin la molestia de estarnos trasladando de un lado a otro.

¿Y el conflicto dónde está?

El profesor, no trata directamente con el cliente, sino que lo hace con el alumno, que finalmente es quién debe aprender,  el enseñar a pensar es un proceso complejo, que sale de la sala de clases, sobrepasa el tiempo de 90 minutos de una sesión, en muchos casos implica el desarrollo de alguna actividad adicional, una investigación, una lectura, una visita a algún lugar, es decir, actividades fuera de la sala de clases, este proceso es leído por el cliente como “molestia”, pasa a ser el profesor un ser incompetente, incapaz de enseñar lo que pretende en su tiempo (hora de clase), además de ser desconsiderado con la realidad de la familia, que no cuenta con el tiempo, ni las ganas, sobre todo lo último, de  invertir tiempo y recursos en profundizar aprendizajes, que incluso hoy en día, con más cultura y más educación por parte de los padres siguen siendo considerados como inútiles.

Este es el caso principalmente de las matemáticas, que por ser abstractas, y mitificadas son vistas como una pérdida de tiempo difícil, finalmente, como muchos dicen hoy en día, existen las calculadoras y no se necesitan más que las cuatro funciones básicas.

En el caso del lenguaje, aunque indudablemente su utilidad es más concreta, pues es imposible no leer hoy en día, ya que,  hasta los cajeros automáticos lo exigen,  los profesores se encuentran con el gran problema del desarrollo de habilidades de comprensión lectora, es un sentir popular que las lecturas no deberían ser obligatorias, que muchos escritores, otrora llamados clásicos, son aburridos y añejos, sin vínculos con la modernidad. Y no puedo dejar de mencionar el hecho de que muchos no han vuelto a leer un libro desde que salieron del colegio, o han descubierto la lectura con las 50 sombras de Grey. Peor es si se le ocurre la absurda idea de querer llevar al teatro a los estudiantes a perder dinero y tiempo del cliente.

¿Cuál es la visión del cliente al enfrentar estas actividades?

El alumno, receptor primario del servicio se ve bombardeado por un padre que lo asalta a importantes preguntas tales como ¿Cuántas paginas tiene el libro?, ¿Existe la película?, ¿Buscaste si está en internet? Y no menos importante ¿Cuánto valdrá esta porquería?

Similar situación encontramos al recibir las tareas, donde surge la pregunta ¿este hombre piensa que no tenemos vida o que nos sobra el tiempo? Y en caso de que el estudiante no tenga claridad sobre lo que debía hacer, el tono de los comentarios cambia y no vale la pena mencionarse aquí.

El profesor es culpable sin lugar a dudas de alterar el clima familiar, obligando al cliente a incurrir en molestias, explicaciones o peor a reconocerse ignorante frete a los hijos.

El estudiante por otro lado, se debate entre un loco que desea que aprenda cosas inútiles y poco prácticas, que lo insta a abandonar la inercia y el relajo de pensamientos mundanos y la visión de un padre que no desea saber que aprende su hijo, pero sí desea que este tenga buenas notas, porque se está pagando por ese servicio, el cómo las obtenga, puede que sea menos importante que el hecho de que debe tenerlas. Y como dice el viejo refrán “a río revuelto, ganancia de pescadores”, tenemos en la sala de clases estudiantes que han aprendido a jugar en este conflicto, sacando de ellos el mejor provecho, no para su estudio, pues parece que los alumnos son un daño colateral en este asunto, pero sí en manipular profesores a los que les lloran que sus padres no los escuchan, no les dan tiempo y no tienen los conocimientos necesarios para apoyarlos.

Y padres a los que les dicen que los profesores les tienen rabia, manía, mala, bronca, teatralizando discriminaciones y cansancios  extremos. En padres de ayer, se les hubiera recordado       que su única obligación es aprender y deben hacerlo. Pero con los padres modernos, es más importante que el berrinche del educando pase pronto, porque no hay tiempo para escucharlo,  y colocar al profesor en su lugar, recordándole que se está pagando por un servicio, y el es un miembro reemplazable dentro del proceso.

Tras este análisis me surgen algunas preguntas: ¿A dónde llegaremos si este cliente continúa teniendo la razón?

¿Alguien comprende acaso que el profesor es una persona completa, que no se desmaterializa al salir de la sala de clases, que eligió enseñar como un medio de trabajo y no busca generar molestias?

¿Qué será de nosotros en 50 años más, cuándo estos alumnos, expertos en manipulación sean los que controlen el mundo?

¿Quién nos salvará de los tiranos que se están formando?

 

 

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Trysha

  • Soy Simplemente Trysh, la de siempre, pero con mas ganas y nuevos sueños.

"Me he hecho fuerte, pero a veces quiero volverme débil y que me protejas"...(Alma Rota)

 

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