"Yo no se si Dios existe, pero si existe, se que no le va a molestar mi duda."

(Mario Benedetti)

Martes, 05 Febrero 2013 17:26

Quizá seamos bastardos, pero al menos inventamos la sopa de pollo

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

 

He pasado la buena parte de la jornada laboral intentando encestar cosas en recipientes. Cuanta improductividad, casi redundante. No digo que los días sean demasiado cortos, lo que son es demasiado tajantes. «No, demasiado tarde, inténtalo mañana.» Es importante tener subrutinas que den sentido a la rutina principal, como un plan oculto con grandes perspectivas de futuro que alimente mi superego. Soy todo potencial, aún estoy a tiempo de ser futbolista o músico de rock alternativo, probablemente ambas cosas a la vez. Son casi las ocho, esto se acaba. Dedico los últimos minutos en la oficina a imaginar como resolvería la situación si entrasen dos hombres encapuchados y se liaran a matanzas sangrientas con unas buenas metralletas. Si, creo que manejaría el asunto bastante bien. Rodar hasta el cubículo de Javi, lanzar su grapadora al otro extremo de la sala para distraer a los masacrantes, saltar sobre el más cercano y someterlo con mi Jiu Jitsu, lanzar una silla al otro antes de que reaccione, romperle el cuello. Luego rechazaría ser entrevistado por los telediarios para aumentar mi leyenda. Entonces todos sabrían cuánto engañan las apariencias, la fuerza que se oculta en estas pálidas manos. Bien, son las ocho.

 

-¿Tienes algún plan para el finde? -Me dicen por ahí.

-Mayormente enfadarme a medida que se acerque el lunes.

-Eso está bien. JÉ -Dice - Ya sabes, si mañana quieres venir a ver el fútbol a mi casa, ahí estaremos todos.

-¿Todos?

-Todo el mundo estará.

 

Guiñar el ojo es como enseñar la polla en invierno, revela una confianza insultante. Este tío me suelta un guiño y se pira andando ligero, como si acabara de hacer las paces con su culpabilidad burguesa; ha hecho todo cuanto estaba en su mano, ya es libre. Es difícil saber si realmente los guiños me parecen cutres o sólo siento que exponen mi incapacidad de hacer uno como Dios manda. La condescendencia es un reflejo de la jerarquía sexual, que no laboral u económica. Un jardinero macizo y fibrado, de rostro simétrico y ojos deslumbrantes, puede guiñar el ojo al ricachón gordo de andares escaldados. «Claro que si, jefe.» Los hombres feos no podemos hacer esas cosas, alguien acabaría llamando a la policía con su smartphone.

 

Pensando en esto he llegado al metro sin complicaciones, como debe ser. Un crío le jura a su madre, y se lo jura por Dios, que no se va a ensuciar los pantalones nuevos en el parque, seguramente esos horrendos piratas de un blanco inmaculado que lleva puestos. Estúpido niño, está ridículo. Tengo vagos recuerdos de mi sentido de la moda a su edad. Me encantaba combinar el rojo y el azul, así como el negro y el amarillo; me sentía legendario con esos colores, fuerte y ligero. Mi madre nunca apoyó mis preferencias cromáticas. Fui a jugar mi primer partido de tenis vestido casi como un superhéroe daltónico y, lógicamente, ella se negó a venir al verme desa guisa. Fue devastador, y siempre le echaré la culpa de esa derrota que destruyó mi confianza y seguramente toda una carrera como deportista de élite. Ah, mater, eras tan arcaica y obtusa... Cuando fallé el último punto tiré mi raqueta contra la pared y el otro chaval, un gafotas granudo al que le faltaba un hervor, se acercó para darme la mano y me dijo con su voz de alelado:

 

-Me habían dicho que eras muy bueno...

 

Casi lo mato. Estúpido crío. Siempre he tenido mal perder. Me recuerdo volcando tableros de ajedrez, coceando videoconsolas, haciendo trampas al parchís. En su momento no sabía muy bien por qué hacia esas cosas, pero ahora veo que esa es la actitud natural de un niño de diez años desconcertado, enfrentándose súbitamente y por primera vez a sus limitaciones, a la caída del mito forjado por esos padres que le dejaban ganar a las damas. Con la pedagogía hemos topado, ese rompecabezas sin sentido, esa cebolla de mil capas; el paradigma de la relatividad. Que más da, hagas lo que hagas en esta vida siempre acabas cebado de remordimientos y realidades alternativas donde todo se hizo bien. Uno puede volverse loco fácilmente si se deja llevar por esas cosas, nada hay más peligroso que una sobredosis de estupor egomaníaco. Tenía doce años cuando el médico me dijo que era hiperactivo, yo le dí un tortazo en la nariz y le dije «¡Tu la llevas!» y me fui corriendo a esconderme bajo las sillas de la sala de espera. Evocar la niñez es un ejercicio casi cinematográfico: revisar escenas de la vida de otra persona, una persona demasiado estúpida y fascista como para ser real. Es lo que pasa con la edad, al distanciarte mentalmente de los ilógicos motivos que te llevaron a hacer el imbécil resulta muy complicado revivir esos momentos en primera persona. No es que importe o que sea triste, simplemente es algo con suficiente chicha como para analizar durante horas. Hay cosas peores en que invertir tu tiempo; hacerse fotógrafo, por ejemplo. Bah. Estación freudiana con autoservicio, impersonal y metálica. Lo que hace el cerebro para no sudar. Esta es la vida occidental, autofelación existencial. El ser humano no está preparado para vivir sin preocuparse por las necesidades básicas. Si tiene techo y comida asegurados se le va la pinza e inventa cosas como aplicaciones para teléfonos y punteros láser con un alcance de cinco kilómetros. Después toca dormirse viendo los telediarios con las sienes sudorosas por haber cenado demasiado, un rollo muy bizarro y prácticamente satánico. Algo no va bien, pero en realidad da igual. Después de todo, ¿a quién le importa este especie extraña? El universo sigue expandiéndose que da gusto.

 

-¿Que harías si pudieras volar? -Me dicen.

-Yo que sé.

-Yo lo tengo claro: me iría volando hasta la sede de la ONU y les pediría un millón de euros al año por formar parte del Ejército de Salvación. Ya sabes, inundaciones, incendios forestales... podría salvar a mucha gente, es un precio razonable, ¿que no?

-Si, si... Es una buena idea.

-¿A que sí?

-¡Si!

 

Invertimos una cantidad de tiempo descomunal pensando en esas gilipolleces. Vivir con universitarios me condena a participar en ese tipo de conversaciones constantemente. Sacan el tema con la actitud de pioneros de la hipótesis; gesticulan exaltados con el porro en la mano, abrumados por la insospechada grandeza de su propia creatividad. Llego a mi piso, y está abarrotado.

 

Los viernes es cuando este lugar realmente eclosiona, el salón se convierte en el centro neurálgico del movimiento intelectual de estas nuevas generaciones. Un hervidero nuclear de opiniones superpuestas y egos fornicando. Llevan horas aquí, las litronas están medio vacías y el humo es denso, obviamente suena Bob Dylan. Todo suele orbitar alrededor de Santi Macedo, este joven músico de jazz y genial estudiante de física, cuya afición por proclamar cosas le convierte en una suerte de profeta de cafeterías rústicas y mal iluminadas, allí donde a media tarde se cuecen las nuevas ideologías que un día definirán a su generación. Luego vienen aquí a beber, todos esos amigotes y esas amigas florecientes de sexualidad abierta que expresan su modernidad coleccionando amigos varones. Santi vive conmigo, y también Ernest Minguella, su eterno machaca, aquel que le proyecta y le refuerza. Vivo con ellos porque sólo disfruto de la soledad cuando no me es impuesta, cuando ejerce de bálsamo para equilibrar la psique en lugar de engendrar amargura y narcolepsia. Me pagan buenos dineros por hacer lo que hago, pero la verdad es que no quiero vivir sólo, y si no hallo buena mujer pues buenos son universitarios dinámicos. Tampoco le he dado tantas vueltas como para sentir una firme determinación en uno u otro sentido, bien está lo que no perturba. Hablan de burkas, estos:

 

-¿Quienes somos para decir a nadie cómo vestirse? Si quieren llevarlo, que lo lleven.

-Tu eres tonto, las implicaciones van mucho más allá de la voluntad prefabricada de esas mujeres. Es sumisión, es degradación, es...

 

Ah, las implicaciones. Paso de largo, saludando firme con mis cejas; alzan sus copas. Me he esforzado durante meses para no despertar ningún interés en esta gente. De vez en cuando, principalmente cuando han bebido, alguno de ellos llama a mi puerta para insistir en que me una a la fiesta, pero nada fuera de lo tolerable, su principal interés consiste en lustrar sus pelotas con saliva ajena. Incluso me divierte cuando Santi me coge por banda y me dice que tengo que salir de mi caparazón, enarbolando esa mirada llena de determinación y santidad. Es casi como si le doliera ser tan cojonudo en todo. No cuenta detalles cuando folla, él es así; un paladín contemporáneo atormentado por un favor divino que no cree merecer. El cielo es el límite. Los años en la universidad son como vivir en un mundo alternativo, una burbúja mágica y segura, aparentemente atemporal; no puedo culparles por ser cómo son, pero dejé de envidiarles hace mucho tiempo. Cuando halle buena mujer daré la espalda a esta Sodoma post-acné.

 

-Me encanta esta canción, es como si hablase sobre mí.

 

Claro que sí, dulzura, eres la vida en un tarro, un exponente revelador e inimitable. Me preparo una sopa de sobre en la cocina y me retiro a mi santuario onanista donde pondré fin a esta jornada tan inocua y llevadera. No hay nada malo en conformarse con la ausencia de dolor. Nada en absoluto. Dejé preparado mi aparato informático para ver «El Padrino» nada más llegar a casa, sólo tengo que apretar un botón del dispositivo inhalambrico de interacción y todo irá como la seda. Me siento en la cama con mi sopa de pollo, apago el teléfono y gallina de piel, todo está como tiene que estar. En teoría.

Leído 2733 veces

2 comentarios

  • Enlace al Comentario gandalf Miércoles, 06 Febrero 2013 12:41 publicado por gandalf

    Fluidez, desparpajo, madurez técnica...Ya tienes un hueco entre mis libros de Henry Miller y Bukovsky (pero bueno, eso ya lo sabías ¿no?)

  • Enlace al Comentario Blacknordok Miércoles, 06 Febrero 2013 19:39 publicado por Blacknordok

    Siempre consigues hacerme pensar con esa prosa ligera pero cargada de verdades, magnífica crítica.

Inicia sesión para enviar comentarios
HOMEFANFICS - Leer te hace libre © 2018 | Términos de Uso | . . . Diseñado por: Carlos Matamala V.