"La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde."

(Giovanni Papini)

 
Viernes, 31 Agosto 2012 12:14

La Dama en apuros

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Solía esperar sentada en el porche a que llegara, empapado de alcohol hasta las botas. Cuando le veía entrar por la pequeña puerta del jardín no se inmutaba, tan solo le observaba caminando a tumbos y dibujando siluetas grotescas con la trayectoria de sus pasos. A veces se caía, pero ella no se levantaba, seguía quieta, mirándole, procurando que el hedor de la ginebra no le distrajera y condujera a un pasillo de pensamientos de evasión. Le estudiaba en cierta manera, intentaba comprender sus torpes pasos mientras intentaba levantarse y los balbuceos que decía que se confundían con maldiciones a todo lo posible maldecible. Y así pasaron años, en los que ella desperdiciaba su juventud  a costa de una lealtad de la que ya ni era capaz de recordar su origen. Un día, pensó. Pensó como nunca antes lo había hecho. En el castillo de cristal que se había creado en sus sueños para hacer todo lo que le rodeaba soportable no cabían pensamientos aciagos, o reflexiones muy profundas. Al fin y al cabo, con el tiempo casi se había llegado convencer que si algo iba mal sería culpa suya y de nadie más. Una tortura silenciosa, pero una tortura. Quizás otra persona, se hubiera adaptado, hubiera abandonado su espíritu, forma y dignidad de persona y se hubiera vestido con una de serpiente, traidora y penitente. Como si todo el mal que le ocurriera fuera merecido. Pero ella, ese día, pensó. Y recordó. Donde venía, que había sobrevivido, hasta donde había llegado y que es lo que quería. Su pasado parecía escupirle que incluso en sus horas más malditas había tenido la cabeza más alta y hasta entonces jamás se había arrodillado. Incluso en su pasado turbio no había entendido fidelidad por familia o amistad, sino por trato, respeto. La sangre o un gran favor puntual eran hechos circunstanciales, no una atadura de por vida. Su cabeza llego un punto sin retorno en la otrora eficaz justificación de que nadie más la iba a querer dejaba de funcionar. Un dardo ardiente surgió de su alma, atravesó su oscura mente y rompió el frío muro de altura infinita que la impedía pensar más allá, pensar en ella. Comprendió no que fuera libre, sino que siempre lo había sido.

 

Un día desapareció, marchó. Atrás quedo el borracho, tendido en un suelo de madera viejo y crujiente, incapaz de asimilar lo acontecido, como ella le apunto con su arma vieja y con los ojos bañados en lágrimas pero las manos firmes parecía dispuesta a deslizar su dedo por el gatillo. Algunas personas creen ver todo su pasado cuando están a punto de morir pero el solo vio blanco, no sintió pánico, aunque tampoco le pareciera justo, era una sensación fría pero no incómoda. Quizás si hubiera estado más cuerdo él se hubiera sentido atemorizado y ella hubiera sido capaz de apretar el gatillo, pero viéndole así, como cada noche, vomitando hasta el miedo, sintió lástima, no por él, sino por ella. Por apuntarse un crimen que no era, matar a una persona es sesgar todo lo que dentro lleva, pero él estaba vacío. La diferencia entre disparar a una lata y a él era ninguna. Y la sensación sería la misma. No le dio vueltas y decidió pronto, se marcho y arrojo el arma cerca de él. Afuera llovía y los golpes de la lluvia en los cristales de las ventanas eran una invitación para no volver jamás. El borracho miro al arma plateada, y mudo contemplo su reflejo a la luz de los relámpagos.

Ese día, dos almas abandonaron esa casa, una con un billete de autobús, y otra, a su manera.

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Viernes, 31 Agosto 2012 14:30 publicado por Trysha

    simplemente espectacular... nada le hace justicia a tu escrito... ella una dama... un besote gracias por publicar

  • Enlace al Comentario Blacknordok Viernes, 31 Agosto 2012 19:10 publicado por Blacknordok

    Sólo diré que es un poco arriesgado dejar un arma cerca de un borracho al que acabas de amenazar, podría haber reaccionado de otra forma (aunque mejor que no lo haya hecho)
    Y respecto a que sólo vio blanco, tampoco me extraña, tanto alcohol de seguro le dejó el seso hechos trizas, normal que no recordara ni su nombre XD

  • Enlace al Comentario Alice_abysm Sábado, 01 Septiembre 2012 12:49 publicado por Alice_abysm

    Me gusto el relato, una decisión valiente la de no jalar el gatillo aun cuanto todo tu ser desea hacerlo. Me encanto :)

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