"El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar."

(Winston Churchill)

Sábado, 16 Febrero 2013 14:56

DYANCO

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No son las ocho y Dyanco ya se ha levantado. Se rasca con impudicia la enmarañada mata negra sobre su frente tiznada y se ha ido descalzo para la cocina. Allí tan sólo logra rescatar del desconchado frigorífico unos pocos dedos de leche casi agria y como le da pereza encender el fuego, se la bebe fría, tal y como está. Luego la tripa le ha dado un serio aviso y se ha tenido que sentar un rato en el water. Un trozo de papel de esos de propaganda y sin accionar la cisterna (tienen cortada el agua por impago), se abrocha los pantalones con los que ha dormido. Evitando las cucarachas, Dyanco busca bajo la cama sus zapatillas deportivas por cuyos extremos bosteza la miseria y sin atarse los cordones inmundos, sale a la calle. El viento matinal, fresco aún, le azota el rostro sin lavar. El niño se saca las resecas legañas con la punta de los dedos, negras bajo las uñas.

En lo que menos piensa es en la escuela y no tiene ni idea del día que es. A pesar del hambre, sonríe para sí al recordar de repente que ninguno allí adentro se va a mover de la cama hasta bien entrado el mediodía. Se siente salvajemente libre, un día más.

Tras saborear las mieles de su breve epifanía, se ha puesto a caminar, arrastrando los cordones por el barro que rodea la vivienda del extremo de una calle de arrabal, en principio sin rumbo, tonteando entre la maleza en flor, recogiendo espigas y machacando babosas con los pies. Luego, levantando la vista, resuelve dotar de sentido a su errático vaivén para encarar la herrumbrosa e imponente estructura del depósito de agua, el mismo que, vigilante, huero y mustio desde su privilegiado otero, antaño proporcionara suministro a gran parte del barrio alto.

A Dyanco siempre le atrajo aquel gigante detenido por siempre sobre su oxidado esqueleto de pesadilla y hoy siente que ya es hora de conquistarlo. Poniendo un pie sobre el otro y ayudándose de las manos, ha comenzado a subir la interminable escalerilla, haciendo breves pausas para comprobar la cada vez mayor distancia con el suelo. Una vez arriba, se agarra, entre jadeos, a la quebrada barandilla.

El espectáculo es soberbio. Dyanco, con la felicidad pintada en el rostro, contempla un instante el vuelo descarado de las golondrinas que casi lo rozan al pasar entre el deambular algodonoso de las nubes bajas. Luego de un salto se sube a la barra de la balaustrada, abre bien los brazos y, cerrando muy fuerte los ojos, salta al vacío, tal como lo viera hacer un día en no se sabe qué película.

Aún faltan un par de horas para el mediodía.

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gandalf

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6 comentarios

  • Enlace al Comentario Trysha Sábado, 16 Febrero 2013 15:30 publicado por Trysha

    Uff sobervio, pero mas que eso, muy fuerte... las imagenes mentales que construyes son espectaculares... en cuanto al chico... a veces lanzarse a volar es lo mejor :-(
    mis felicitaciones.
    Un besote Maestro

  • Enlace al Comentario Mandragás Domingo, 17 Febrero 2013 09:46 publicado por Mandragás

    Era cruel la libertad de Dyanco, y el hambre, llegado a cierto punto, puede ser narcotizante. Seguro que hasta era feliz. ¿Quién sabe?

  • Enlace al Comentario Trysha Domingo, 17 Febrero 2013 10:11 publicado por Trysha

    Estoy segura de eso... no se necesita lo que nunca se ha tenido.

  • Enlace al Comentario Blacknordok Domingo, 17 Febrero 2013 11:32 publicado por Blacknordok

    Por supuesto que debía ser feliz, al no conocer otra cosa su concepto de felicidad se limitaba a esos paseos por la mañana.
    Magnífico texto, aunque de la imagen que has creado podría salir una historia bastante larga ¿no crees? XD

  • Enlace al Comentario gandalf Domingo, 17 Febrero 2013 14:50 publicado por gandalf

    Creedme si os digo que tengo en mi cole a niños a los que les falta nada para acabar igual...una pena. Abrazos.

  • Enlace al Comentario gandalf Domingo, 17 Febrero 2013 14:54 publicado por gandalf

    Estimado Black: este era el final de la historia. Si nos remontamos al principio desencadenante podremos encontrar "cosillas" tan variopintas como la ignorancia, la falta de ilusión, las patrañas políticas, la ambición, la ignorancia, la falta de metas, la falta de valores, la ignorancia (me refiero a los progenitores, claro está, me refiero a la sociedad en general, por desgracia...)

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