"Todo necio confunde valor y precio."

(Antonio Machado)

Miércoles, 09 Enero 2013 07:17

Respirar

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Entiendo todo eso que hacen. Ese baile de miradas y hombros que se esquivan en el último momento y maletines que se rozan en las abarrotadas aceras grises. Todos moviéndose como creen que deben moverse para parecer aquello que quieren creer que son. Algunos incluso fuman y sus guantes de piel apestan a nicotina. Somos canicas en una secadora vieja. Hay muchos seductores secretos por la calle que miran fijamente a las mujeres, sabiéndose a salvo disfrazados de misterio. Violadores en potencia, sólo maniatados por la ley y la moral establecida, aguardando el hundimiento de la civilización para poder desatar sus instintos detrás de un humeante edificio en ruinas, quizá ayudados por otros siete caballeros famélicos y cachondos que sujeten a la víctima. Mientras tanto miran y esperan, quizá vendiendo libros de segunda mano o inventando aplicaciones absurdas para teléfonos móviles. Un muestrario interactivo de sombreros vintage, quizá. Cruza la calle una mujer con la bufanda lo suficientemente apretada y recogida como para que se siga viendo su escote, asomando entre  la blusa y el abrigo. Un trozo de sexualidad flotando en un mar de abultadas ropas de invierno, me turba y me pone cachondo. La mujer está probablemente divorciada y es toda dignidad, ella, parece estar esperando poder increpar a alguien por mirarle el escote. Vuelvo a encontrármela poco después, esperando el metro a mi lado. Me pilla dos veces mirándole las carnes. No se ofende, se pasa la lengua por los labios y me guiña el ojo. Puta. Está jamona, con sus cuarenta y pico y su voluptuosidad curtida en mil camas. Me equivoqué con ella, su dignidad es sólo una advertencia. "Yo decidiré si me mereces". Es hora punta en el mundo y pasan cosas raras. Por aquí todo el mundo intenta mirar a los negros el tiempo justo como para no parecer racistas. 2 segundos, aproximado. Más o menos tiempo ya es terreno minado. Los negros no se coscan de nada.

 

Gusto de ir a desayunar al centro. Llevo la vieja gabardina gris que me compré en un antojo incomprensible, y debajo llevo un traje negro de Versace que alquilé hace seis años para la segunda boda de mi padre. Cuando fui a devolverlo me encontré con la tienda calcinada, quizá por un fallo eléctrico o un pitillo imprudente. Nunca me llamaron. Probablemente lo estoy amortizando más de lo que lo habría hecho cualquier otra persona. No todo es siempre injusto. 

 

El metro está abarrotado y la mujer del escote ingrávido está a mi lado, exprimiendo sus pechugas contra mi brazo izquierdo sin decoro alguno. No tiene tiempo que perder, casi nadie lo tiene. Debería estar nervioso pero un erotismo tan obvio y cinematográfico es refrescante, esta clase de fenómenos escasean en la parte del mundo que me ha tocado habitar. En mi mundo no hay encuentros fortuitos detrás de contenedores o en lavabos públicos, no hay follamigos ni viciosas invitaciones telefónicas a medianoche de un día laboral. Sin embargo, siempre he estado convencido de que hay círculos en que tales cosas ocurren con cierta regularidad, seguramente entre gente adinerada. Sólo los ricos tienen tiempo para esos dramas. Debería voltearme y follármela aquí mismo, o como mínimo meterle los dedos discretamente mientras hablamos sobre la prima de riesgo con los demás pasajeros. Ella se baja del metro y me susurra "cuando quieras, guapo". En mi bolsillo ha dejado un papel con su número. No la he visto escribirlo y me pregunto cuántos llevará encima. Un árabe joven ocupa ahora su lugar y en las manos lleva un largo perchero de aluminio y huele a marihuana, me sonríe como si compartiéramos un secreto. No, nunca. Voy a llamar a esa mujer. Voy a hacerlo. Mi erección está a salvo detrás de mi gruesa gabardina y no hago ningún esfuerzo por contenerla. ¿Cuanto llevo ya sin meterla? ¿Dos años? Seguramente más. Y la gente sigue con su vida como si nada.

 

En el Café Praga hacen unos desayunos frescos y exquisitos y un café algo inferior a la media. El precio es asequible y a partir de las nueve suele estar casi vacío. Hoy no. Hay un grupo de nueve cincuentonas desayunando con estrépito. Han juntado dos mesas y cada cinco minutos una de ellas comenta la buena idea que ha sido ir a desayunar juntas. Supongo que están intentando instaurar una nueva y forzada tradición, una suerte de club de amas de casa ociosas, algo que se aleje lo suficiente de sus rutinas como para no acelerar aún más su menopausia. A saber. Una chilla y las otras se unen a su risa estridente y punzante, un horrible crescendo de ultrasonidos que poco tienen de humanos. Sus caras cuelgan flácidas, algunas pieles con moreno de lata y otras con sacos de polvo ocre y ojos con un sombreado más gótico de lo que creen. Es una reunión terrible, nada bueno puede salir de ahí. Palmadas en el hombro y uñas rojas de cazador jurásico. Creo que no se llevan tan bien como aparentan, hay mucha mirada jugosa y palabras envenenadas. Se acerca Navidad y todos cogen carrerilla, tonifican su músculo del amor hipócrita. No entiendo nada de lo que leo en el periódico, me descubro cautivo del palique de esas putas.

 

-¿Martín? ¿El Martín de Clara?

-El mismo.

-Vaya por Dios. ¿Y eso cuando ha sido?

-El miércoles. Cayó redondo en la cocina. Aneurisma. Plaf. Muerto. Así, de repente.

-Madre mía.

-La verdad, a Clara yo no la aguanto, pero esto no se lo merece nadie.

-Que barbaridad...

-No somos nada.

-Espero que tuvieran un buen seguro de vida, porque ella nunca ha trabajado…

-Siempre ha sido una vividora… Como no encuentre a otro pronto yo no se de que va a vivir.

-¿A su edad? Lo tiene complicado. Además, ¿la habéis visto últimamente?

-Uy, si. Yo la vi hace un par de semanas, en el Mercadona de la Calle Norte. ¡Está horrible! Hay que ver lo que se ha dejado, con lo mona que era…

-Bueno, más que mona era una buscona, siempre con el tetamen asomando…

-¿Eran suyas, las tetas? Porque he oído cosas…

 

Acabé el café y salí corriendo de allí. Pienso en la viuda Clara como una especie de Elisabeth Taylor caída en desgracia, embutida en un viejo vestido de lentejuelas verdes y comprando paquetes gigantes de magdalenas en el Mercadona. Lleva gafas de Sol con forma de estrella y unos lujosos guantes blancos que le llegan hasta el codo. Está pensando en comprarse un perrito al que llamará 'Martín' para tener a quién dar el coñazo en esa casa vacía y con olor a muerte. Este día empieza a ser una putada. La ociosidad mal enfocada es un trayecto sin paradas hacia un salto suicida desde la azotea. Suelo pensar en mí mismo como el hombre más disperso de Europa. Pronto se me acabará el dinero y no atisbo ninguna intención por mi parte de hacer algo al respecto. El dinero es de mi hermano, el que murió atropellado por un adolescente y su moto. Dijo el crío que le había cegado el sol matutino y que no vio a mi hermano cruzar. El dinero, la casa, todo lo que me mantiene con vida pertenecía a mi hermano, ese joven futbolista del que decían que lo tenía todo para triunfar. La vida se retuerce sobre sí misma y nos aplasta entre los pliegues de su inherente injusticia. Las cosas dan asco bastante a menudo.

 

Sigo tonteando con la posibilidad de llamar a esa mujer. El corazón me palpita y se me seca la garganta. Una llamada, un polvo mal echado sobre el parqué de mi salón, cero remordimientos. La ociosidad mal enfocada es un trayecto sin paradas hacia la degeneración sexual. Desaprovechar esta oportunidad bien podría ser la forma más rápida de acabar recorriendo las calles de madrugada en busca de transexuales filipinos que quieran chupármela por cinco euros y medio paquete de Winston. La privación y la perversión van de la mano, hay que descargar de vez en cuando y hacerlo dentro de una genuina mujer. Saco el móvil y la llamo.

 

-¿Dígame? -Dice.

-Soy yo… el del metro.

-Oh -Dice, soltando una risita - ¿Cual?

-Em… El de la gabardina gris, rapado…

-¡Ah! Muy bien, eres una monada… Dime donde vives y vendré a las ocho. ¿Te va bien?

Clic.

 

He tenido que colgar. Si no fuera tan cobarde ni me lo pensaría. Ella me llama y no contesto. No éramos uña y carne, mi hermano y yo. Vuelvo a pensar en él ante la perspectiva de mancillar su casa con una dosis de sexo sucio y fortuito y sin amor, algo que me apetece y me repele. Llevábamos dos años sin hablar cuando murió, y algo me dice que si recibí su herencia fue por la falta de un testamento donde se me repudiase oficialmente. Es difícil entender por qué no nos entendíamos. A veces pienso que los atletas habitan en otra dimensión. Otra forma de ver la vida, otro sentido del humor. Menos cerebrales, más compactos y equilibrados. Gerard vivía para el deporte. Cuando yo llegaba de fiesta los domingos por la mañana él ya había salido a correr. Creo que los deportistas se sienten tan bien que no quieren ni necesitan ver el lado cínico de la vida. Quizá yo me aparté por una mera cuestión de envidia. Mundos distintos, no se puede hacer nada. A veces me gustaría sentirme fresco y mentolado, como los deportistas. Hop, hop. 

 

No me gusta fumar y caminar al mismo tiempo, me siento como si acabara de pillar a mi mujer con su amante. No bastante, lo hago. Los nervios son los nervios, y este es un día más en el revoltijo de ansiedad y aburrimiento que es mi vida, donde nada parece ser permanente y todo es una amenaza. Creo que los deportistas son más estables. Estoy sudando en la estación de metro, esperando el siguiente tren. Gerard ganó un triatlón con diecisiete años, yo no puedo caminar deprisa más de tres manzanas sin perder el aliento. No obstante, él está muerto y mi existencia es un insulto a la vida. Soy de complexión delgada, aún así puedo sentir mi cuerpo agonizando, suplicando vitaminas y cosas verdes, lánguido. Suelo echar la culpa a esta ciudad, gris y angosta, donde los brotes verdes son señal de dejadez y se erradican al vuelo. ¿Como puede alguien ser feliz o sentirse bien en este lugar? Los niños juegan en el parque y construyen fuertes con colillas mojadas y gravilla. La masificación es la excusa perfecta para no comer verdura, la deshumanización. Mamá está demasiado cerca del suicidio como para cuidar tu nutrición.

 

   Dentro del vagón hay un energúmeno gritando. Pide limosna, dice que lleva días sin comer aunque no debe pesar menos de ciento treinta kilos. No lleva ni un mísero bote donde meter las donaciones, sólo grita y reclama su dosis de piedad. No sé ni porqué me molesto en salir. Sufro un ataque de tos y pienso en Gerard, nadando poderoso en las aguas del Mediterráneo, respirando con deleite el aire frío de invierno. Es hora de volver a casa.

Leído 1322 veces Modificado por última vez el Miércoles, 09 Enero 2013 07:27

5 comentarios

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 09 Enero 2013 14:16 publicado por Mandragás

    Ver la vida desde fuera, desde lo alto de la higuera. La comodidad de no inmiscuirse en ella... pero por dentro el vacío por no hacerlo, la frustración. Creo que conozco a ese tipo! Bravo! Una vez más.

  • Enlace al Comentario Trysha Jueves, 10 Enero 2013 11:54 publicado por Trysha

    La vida es injunta... joer dos años sin follar?? en serio... siempre he pensando que los hombres que no follan son mas inteligentes, porque mientras mas follan es como si se fueran volviendo mas bestias... llegando a ser verdaderos genios como stephen hopkins, que se hizo genio causalmente cuando perdio la capacidadad de pajearse...
    Cambiando de tema... Como dice mandragas... una puede identificarse con tu protagonista en algunas partes...
    A veces eres genial... otras dan ganas de ... En fin... Bravo Juda.

  • Enlace al Comentario gandalf Jueves, 10 Enero 2013 15:55 publicado por gandalf

    Grande y lúcido Jud!! El mundo necesita más descaro y contundencia...más Jud!!!

  • Enlace al Comentario Blacknordok Viernes, 11 Enero 2013 22:28 publicado por Blacknordok

    Una dosis de realidad por vía directa. Vidas de personas con las que perfectamente uno podría haberse cruzado por la calle esta misma mañana, eres un genio.

  • Enlace al Comentario Gouda Jazz Sábado, 12 Enero 2013 12:07 publicado por Gouda Jazz

    Dios. Gracias por todo esto, gente :)

    Trysh, a veces a mi también me dan ganas de hacerme cosas malas XD

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