"Al progreso no hay quien lo pare. Dios creó el mundo en seis días. ¿Y que tenemos hoy? La semana de cinco días."

(Peter Alexander Ustinov)

Miércoles, 28 Agosto 2013 02:28

IN PARADISUM

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In paradisum deducant te angeli,
in tuo adventu
suscipiant te martyres 

 

 

*

 

Y es que la noche es cálida. El ventilador sucio y antiguo esparce la mugre doquiera que se le antoja; sentarse frente a semejante artilugio es, no obstante, la mejor opción. La humedad es sofocante en esta noche de agosto; sofocante como lo era en la comisaría de Chicago un día cualquiera de 1934, durante ese verano infernal; camisas arremangadas y axilas encharcadas, nadando en humo de puro. Antaño era diferente, el calor. Más espeso y varonil, o eso parecía. Y este bar, el bar donde estoy, está vacío. El dueño, detrás de la barra, desabrocha un cuarto botón de su camisa infecta y sigue retozando con el gin tonic; la televisión se refleja en sus gafas brillantes y unos hombrecitos corretean por sus pupilas. Es noche de fútbol y las masas no se salen de casa, nadie quiere hundirse en el asfalto incandescente. El averno parece conquistar las calles grado a grado, palmo a palmo. Éste es el mismo bar de antes, el lugar donde solían suceder las cosas que me importaban, donde floreció este menda; ahora es un bar. ¿Donde estarán, esas personas antiguas, esos actores secundarios de mis mejores momentos? El tiempo nos clasifica y nos archiva, burócrata y frío. Aquí sentado espero a los pocos amigos que quedan, a los ecos remanentes desos días de regocijo y expansión mental. Espero en este sitio, en esta silla intemporal. El eje sobre el cual fluctúan las vidas de los demás, el ojo del huracán donde este menda no se despeina, ni vive ni muere ni hace nada. Es como… es algo complicada, esta situación, esta pena más bien dispersa e indefinida… pero eh, quizá tenga significado para alguien. Un dramaturgo morboso, tal vez. O para mí, incluso. A saber.

De momento está claro que todo esto me supera, yo soy de los que piensan despacio… necesito más indicaciones.  Deberían… es decir, podrían estar más definidas, las cosas, más perfiladas. Dibujar el mundo de nuevo, con formas de dos dimensiones y contornos bien marcados con un rotring negro de 2.0 mm; todo visible y etiquetado, incluso las cosas más abstractas, subjetivas y metafísicas. Emociones surcando un cielo blanco de papel reciclado, evidentes e innegables. Fáciles, directas. Uno, dos, tres pasos primarios: ver, comprender y crecer. Una vida simple en un buen mundo, un mundo bidimensional… Es innegable que estoy disperso, esta noche. Es ridículo, el hecho perderse buscándose, pero puede ocurrir. Especialmente si… especialmente si mi cabeza se parece tanto a una jaula de grillos en fase de centrifugado. Por decir algo. Me cuesta, pensar. Sea como sea no importa demasiado, las cosas rara vez cambian en el centro deste apartado microuniverso. Haga lo que haga.

-¿No jugaba en el Valencia? -Me dice Fredo.

-¿Quién?

-Este tío.

No sé de que me habla. ¿Estábamos conversando, acaso? No creo. Será algo de la televisión, sobre el partido seguramente, pero un servidor non sequitur. Ni por asomo sequitur. El índice, mi dedo índice, está trazando círculos alrededor del cuello de mi cerveza, y el botellín vacío danza como una gitana embarazada, perezoso, dejándose llevar por mis antojos déspotas. El ruido, el del cristal al rozar contra la mesa, es un ruido estimulante y de cadencia sólida. El ventilador hace juv, juv, juv, juv, juv,a escasos centímetros de mi cara; remover el aire caliente es mejor que no hacer nada. Pronto me iré, es algo que intento no olvidar; no debería olvidarlo, me calma. Aguanta un poco más. El tiempo es lo único que se interpone entre un servidor y la huida, la teatral huida que todo lo ha de cambiar. Y aunque me esfuerzo en pensar “¡Lo conseguí!”, no logro sentirme como tal; por mucho que me apetezca dejar todo esto atrás, esta isla enferma y lacónica. No hay matasuegras a la vista. Fredo murmura, no deja de murmurar sobre algo. Creo que está perdiendo la cabeza, serán los años y el alcohol. Demasiado keroseno, Fredo, demasiado keroseno entre pecho y espalda. Y las psicodélicas luces de la máquina tragaperras intentan seducir a nadie, a todas esas sillas malditas y llenas de nadie. Pido otra cerveza.

-¿A qué hora juega, el Madrid? -Me dice Fredo

-Juega mañana.

-Ah… ¿A las…?

-Si, a las nueve.

Años sesenta, en algún pueblo del Sur de España.  Es verano y mediodía, domingo de verbena. Ni una nube en ese cielo amarillento. Las abuelas se abanican, sentadas en el borde de la fuente, la fuente de la polvorienta Plaza Mayor, la fuente donde los nietos chapotean con los pantalones arremangados. Los hombres sudorosos y descamisados tuestan la carne, espantando el humo negruzco con sus sombreros de paja; parece que han quemado la chistorra. Las señoras, dinámicas y cantarinas, ondeando sus caderas, arreglan la mesa para doscientos comensales, todo el pueblo. El alcalde está en su casa, encamado por un soponcio; mucha calor y mucho moscatel. La risión. Las campanadas dan por culo, son las doce… Ése, ése es el tipo de calor que hace hoy aquí, en este bar, y en esas imágenes flota mi conciencia, bregando por escapar de la pastosa verdad de la situación. Escapar de otra velada de perseguir sombras como un sabueso demente y ciego. Es… bah.

Sábado, en verdad… hasta me he perfumado. Me rindo a la perpetua negación recurrente y recursiva y me atrevo a soñar con una noche digna de vivirse. Noche de risión y algarabía, de complicidad silente. Quizá remaremos hoy, todos, en la misma dirección. Me atrevo a imaginar que la amistad no es complicada, y con este pensamiento les veo arribar, a ellos, riéndose de algo que venían hablando por la calle. Se sientan frente a mí, ovacionando al ventilador con entusiasmo y fervor religioso. El trasto responde haciendo juv, juv, juv, juv, juv. Nos ponemos al día rápidamente, y empieza la danza sabática, los engranajes chirrían en su lento arrancar. La vida vuelve a ponerse en marcha, vuelvo a la tierra para hacer mi papel. Puntual a la cita, siempre puntual. Somos tres y estamos bebiendo cerveza, que luego será un cubata y más tarde un chupito. Crescendo, sempre crescendo hasta el clímax final, ese final conocido en el que me parto en dos y me arrastro hasta mi casa, hastiado, asqueado de mi propia actuación, desta máscara horrenda y apocalíptica. Intento recordar que pronto me iré, intento que esa idea me afecte de algún modo, que me calme. Fredo se humedece los labios mientras se sirve un nuevo copazo. Alguien debería hablar con este hombre, digo yo.

Les miro a ellos, a los amigos de siempre. La vida, esta, no tiene nada de simple o asequible siquiera. Es un escollo, en general. Porque hay ciertas partes de este menda que, de algún modo, recibirían gustosas un balazo por estos tíos de aquí, por los colegas. Y al hemisferio racional le da por bombear odio por todas partes. Y no es odio hacia ellos, sinó hacia el rol que se me ha otorgado en esta manada, el rol que me hunde en el océano como lo harían unas buenas botas de cemento italiano. El rol, la identidad que se te otorga desde fuera, esa que te arrastra hacia idiosincracias hostiles y molestas, idióticas y redundantes a la par que inevitables, esa identidad que acaba convirtiéndose en parte de ti, por mucho que te sea una molestia sustancial. Esa identidad que no se puede cambiar, jamás, porque aquellos que te la dan ya la han asimilado. Da igual que sean individuos de calibre pistonudo y humor chispeante, el sólo hecho de mirarles me recuerdan los años que he pasado siendo la peor versión posible de mí mismo. Condicionantes emocionales, podrían llamarse. Y sólo queda una cosa racional por hacer. Escapar, huir desa idea que la isla tiene de ti. La idea que jamás podrás cambiar. En principio, porque vete a tú a saber. Cosas más extrañas se han visto, y no tan lejos de aquí.

 

Y si, ahí está, el miedo. Siento más miedo que expectación. Porque la verdad, es muy probable que, después de tantos años, me haya convertido en lo que pretendía ser. Hasta las cachas. Maldición. Será que… a ver, es que quizá no le corresponde a uno mismo definir su identidad. Lo que sí se puede hacer es ejercer el derecho a comprobarlo. Y eso haré, sin más demora. Importará algo este asunto, digo yo, una vez despejada la duda… pero probablemente no. Al final lo que importa es no bajar los brazos e intentar rebañar algo de felicidad… yo que sé. Todo se reduce a lo que digo siempre… Es complicada, la vida, para las personas que pensamos despacio. Especialmente cuando hace tanto calor, y tanta humedad. Ya te digo. Fetén. Gluc, gluc. Gol de alguien.

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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Mandragás Miércoles, 28 Agosto 2013 07:13 publicado por Mandragás

    Gracias por aparecer tío! Una perla muy tuya esta. tan dendro de un cerebro que te puede hacer sudar, temblar, o provocarte una taquicardia. Brillante sin duda. Pero eso siempre, no?

  • Enlace al Comentario Trysha Viernes, 30 Agosto 2013 10:24 publicado por Trysha

    Eres grande... Gracias por aparecer, hacia mucho que no te leía, realmente un gusto...
    besitos.

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